diciembre 2, 2020

La oposición y su extravío existencial

por: Max Murillo Mendoza

Qué duda cabe, el país ha cambiado y está cambiando sus directrices y visiones de una manera que por supuestos está enterrando a las mentalidades del apartheid, del racismo y la discriminación histórica. Elementos que eran lo normal, lo establecido, la forma de comportamiento de los costumbrismos oligárquicos, clase medieros y blancoides. Cuando el presidente dice que Bolivia era de muchas historias paralelas, unas en resistencia continua y otras en repetición continua de sus costumbres coloniales, que unos pueblos estaban al margen de lo establecido; y otros gozaban de las ganancias sin considerar a las Bolivias profundas, pues se refiere a eso. Que unos pueblos ni siquiera podían entrar a las plazas principales de las ciudades, porque eran ciudadanos de segunda o tercera categoría. Que la economía consistía en asaltar al Estado, y repartirse las instituciones del Estado por pequeños grupos oligárquicos, que en muchos casos eran colonias extranjeras. Esos escenarios se modifican y cambian, a pesar de las resistencias mentales y costumbristas de los grupos de poder tradicionales. No son cambios sencillos, porque unos y otros miran el espejo de la historia para preguntarse sobre el papel que deben cumplir en adelante. No son cambios sencillos porque la política es la más atrasada, sobre todo de parte de los sectores más conservadores, realmente cavernaria y con los ojos puestos en el siglo XIX. Sin consciencia de la complejidad y riqueza de nuestro país. No son cambios sencillos porque la terquedad mental costumbrista de los sectores privilegiados, se resisten a ser democráticos y modernos, liberales y progresistas. Pero felizmente Bolivia cambia y se transforma.

Paradojas y paradojas. Los supuestos representantes de la modernidad y el progreso (clases altas y medias), nunca pudieron hacer de Bolivia un país moderno, es decir con oportunidades para todos, con acceso a educación, salud y vivienda para todos. Hicieron un país atrasado, nada moderno, nada desarrollado. Sin posibilidades para acceder a ningún beneficio posible. Hicieron del país el más atrasado y dependiente del continente. Un país mendigo y sumido estructuralmente en la pobreza extrema más humillante, sin infraestructura carretera, sin las mínimas condiciones precisamente de desarrollo y progreso. Un país de película y fotos for export de nuestras plazas principales y sonrisas coloniales, encubriendo la miseria y el atrasado más espeluznante del 80% de la población. Los abanderados de los discursos de “modernidad y progreso”, eran los más atrasados en las prácticas y hechos. Los que se lavaban desde siempre la boca con términos de modernidad, desarrollo y progreso, al final demostraron que eran los más atrasados y sin costumbres de liberalismo y democracia en la política. Hoy sabemos exactamente que estas oligarquías y colonias extranjeras, no eran progresistas o liberales, sino sólo patronales y poco apegadas a la modernidad y al progreso. Son los indígenas, son los sectores más pobres de este país los que están empujando y exigiendo desarrollo y progreso. Las históricas tareas de desarrollo y progreso, que no lo hicieron las clases altas y oligarquías, están hoy en manos de los sectores condenados y vilipendiados por aquellos supuestos “portadores del progreso”. Paradojas y paradojas.

La llamada oposición política en estas elecciones, provienen de esos sectores oligárquicos fracasados y atrasados, con tareas históricas incumplidas. Siguen con sus mismos discursos desde hace 200 años, y sus promesas de desarrollo y progreso. No han variado en ápice alguno de sus sueños trasnochados de “sacar adelante al país”. Hoy su fracaso es más contundente, porque la población siente y sabe que estos 8 últimos años por fin Bolivia toca las puertas de lo que antes era una simple quimera: desarrollo y progreso. Lo rural y lo citadino coinciden en las coordenadas de ver y sentir cambios estructurales: caminos, proyectos productivos, inmensas infraestructuras educativas, de salud y deportivas a lo largo y profundo de todo el país. La pregunta evidente es: ¿qué hicieron antes? La respuesta es también obvia: robo, saqueo y exportación de nuestras riquezas. Y nada para lo nuestro, absolutamente nada sino discursos y cantaletas de desarrollo y progreso. Estos grupos oligárquicos están encaramados en las agrupaciones de Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina y Juan del Granado. La ocurrencia verde de Fernando Vargas, está plagada de despistados ecologistas que viven bien de las ONGs, resentidos ex militantes del MAS y viejos trotskistas que siguen mirando al país como si fuera principios del siglo XX ruso. Los tres primeros son actores de las mentalidades que quedan de las oligarquías republicanas. Lo impresionante es que nada proponen al país. Sino los mismos ritmos republicanos de desarrollo y progreso, con las ocurrencias de chismerío de país “totalitario”, de “perseguidos políticos”, y asuntitos tontos en iniciativas privadas para negocios triunfalistas. Mezclando ficción con realidad, pues para estos personajes del siglo XIX y XX en mentalidad y espectro, nada ha cambiado. Todo sigue igual o peor, todo sigue como ellos prefieren que siga: un país en el siglo XIX. Un país de sumisos y esclavos, un país donde estos señoritos republicanos eran el centro de la película y la verdad. Un país donde todos nos agachábamos cuando estos patroncitos pasaban por las plazas, o hablaban en nombre de sus grandes hazañas y sus históricos “gobiernos por el pueblo y para el pueblo”. Su poca versatilidad y entendimiento de este país, definitivamente les lleva a su propio fracaso.

No pueden proponer nada a Bolivia, porque en general siempre han vivido a espaldas de Bolivia. Con visiones externas y enfermizamente configuradas hacia realidades que no son las nuestras, no pueden por supuesto entender lo que sucede en Bolivia. Nuestras nacionalidades sólo es folklor para estos patroncitos, sólo es disfraz. Tuto Quiroga se agarra de una chola para encubrirse a sí mismo en sus discursos. Doria Medina utiliza a un indio para su marketing personal. En esencia sólo son disfraces republicanos, para decir que también están a “la moda” de lo pluri y multi en Bolivia, nada más engañoso y de comportamientos patronales republicanos. Ni siquiera ahí son respetuosos con la Bolivia profunda, ni siquiera ahí tienen algo de olfato con lo que sucede en nuestro país. No pueden proponer nada en lo económico porque la constante es nomás lo clásico y normal: desarrollos postizos y sin conocimientos profundos de las lógicas económicas de nuestros pueblos. Es impresionante la falta de creatividad y al menos astucia. Ni siquiera en sus líneas desarrollistas y cementeras proponen algo al país. Quizás se saben ya perdedores. Quizás empiezan a entender por fin que no pertenecen a este país. En el fondo estas actitudes tienen profundas connotaciones no sólo existenciales, sino también terrenales y sociológicas.

No sólo es un extravío existencial, sino histórico, social, económico e ideológico. No han roto con su pasado colonial y republicano. Ninguno de estos grupos pidieron perdón por su pasado racista, dictatorial, por su pasado enajenador. Sólo eso habría sido ya una ruptura seria con sus imaginarios patronales y oligárquicos. Pero se empecinan torpemente en su pasado y no cambian en nada en sus perspectivas, sino con adornitos y disfraces folklóricos para disimular hacia nuestras nacionalidades. En esos imaginarios creen y se convencen a sí mismos que el país no ha cambiado. Profunda equivocación y despiste espacial e histórico, que el país en general empieza a ver con toda la crudeza el verdadero rostro de la oposición. Esa falta de ruptura con su pasado señorial y oligárquico, anacrónico y falocrático, les impide pensar en otra Bolivia, les impide pensar en otro tipo de país y escenario. Pues en ese enclaustramiento mental y pasional hacia su pasado, por supuesto que nada tienen que ofrecer al país, que ha cambiado más de lo que estas mentalidades creen. Su chatura mental ya es esquizofrenia totalitaria. Las apuestas de Bolivia son infinitamente más grandes y desafiantes que estos grupúsculos mentalmente enanos, y sin proyección posible para lo que queremos. Y si tercamente insisten en esas posiciones decimonónicas, realmente quedarán al margen de las velocidades del país. Quedarán en el basurero de la historia, en el pasado colonial y republicano más improductivo y anti democrático de lo que se llama historia.

Ojalá el 12 de octubre sea el entierro total de esos engendros de espíritu mezquino y colonial, y pasen por fin al pasado de la república. Y se queden ahí por los siglos de los siglos.

La Paz, 23 de septiembre de 2014.

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