noviembre 25, 2020

Caída de Villarroel

por: G.R. Keynes

Leyendo el libro de Glenn J. Dorn sobre la administración del presidente Truman y su relación con Bolivia, se encuentra las clases para explicar la ofensiva del imperio del norte para deshacerse del militar nacionalista del teniente coronel Gualberto Villarroel, a quien se empeñaban en calificar de filo nazi.. La Unión Soviética, por ejemplo, tuvo también que ver en su derrocamiento, al coincidir con los EE.UU en un a(des)calificación similar. Cuando el 24 de mayo de 1944 fue conformada la Unión Democrática Boliviana (UDB), integrada por los partidos de derecha, también contó en primera fila con el Partido de la Izquierda Revolucionaria (PIR), que sintonizaba la política soviética en Bolivia. Pero reducir la oposición, a Villarroel a la mera presión foránea es simplemente unilateral y reduce la complejidad de la historia a efecto de dictámenes externos. Hubo también actores locales, como terratenientes y burgueses mineros, y clases medias de rancia alcurnia que se movieron por su cuenta en defensa de sus intereses que consideraban amenazados por la política social del presidente militar.

En julio de 1946, arreciaron en La Paz las protestas. La Universidad de San Andrés fue el centro de movilizaciones. Mujeres de clase altas se manifestaban en las calles, junto a preceptores, artesanos y estudiantes en contra el Gobierno que vivía sus últimos estertores.

Claramente un golpe de Estado estaba en marcha. La noche del 17 de julio militantes del MNR atacaron la UMSA, al día siguiente se generalizó el tiroteo en la universidad y sus alrededores. Con la presión encima, la jornada del sábado 20, Villarroel se deshizo de los militantes del MNR, que ocupaban carteras en su gabinete.

No contuvo la protesta. El domingo 21, precedida de una copiosa e inusual nevada, –un mal augurio, se diría– una multitud variopinta se dirigió hacia el Palacio Quemado que también fue atacado por fuego graneado de efectivos militares. Villarroel, que decidió no renunciar ni abandonar el Palacio Quemado, fue depuesto y luego, cuando la multitud pudo abatir la puerta con la ayuda de un tanque, fue atrapado y golpeado. Muerto o moribundo lo arrastraron por las escaleras del Palacio Quemado, dejando una estela de sangre. Fue ahorcado en un farol de la Plaza.

Sólo los proletarios mineros ensayaron en sus alejados campamentos una resistencia para defenderlo e intentaron vanamente trasladarse a La Paz; meses más tarde campesinos e indígenas se rebelarían frente a intentos del poder oligárquico de retrotraer sus conquistas.


* El autor estudia historia en Escocia

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