noviembre 23, 2020

Pueblo, una lectura desde Derrida, Butler y la CPE boliviana

La dimensión política del pueblo, en el caso boliviano, es muy sugerente, en tanto el mismo preámbulo DE LA CPE hace referencia a movilizaciones populares (luchas populares de liberación)

Bajo el denominativo de pueblo se puede encontrar una unidad con la capacidad de delegar el ejercicio a sus representantes y de esta manera reprisar a la soberanía en tanto unidad.

Lo contrario al pueblo es la multitud (por lo menos para la teoría clásica de Thomas Hobbes a Toni Negri), la diversidad, la pluralidad que impide la posibilidad de la representación. La idea de pueblo, en tanto unidad, respondía también a una idea de civilidad, a un amansamiento de las pasiones, a una modernización humanizante que posibilitaba a la vez la existencia de seres humanos gobernables, domesticables, como lo señala Sloterdijk, el tema latente del humanismo es, pues, la domesticación del hombre; su tesis latente: una lectura adecuada amansa.

En el desarrollo del constitucionalismo continental, se reconocía que la soberanía residía en el pueblo o emanaba del pueblo, o residía en la nación. La soberanía siempre se delegaba en su ejercicio a los representantes. Paradoja que encerraba en sí el siguiente razonamiento: sólo es posible la unidad a partir de la representación del pueblo, en consecuencia son los representantes del pueblo los que construyen esta unidad del pueblo, y es en virtud de esta unidad que es posible la existencia de representantes.

Como señala Derrida: Ahora bien, ese pueblo no existe. No existe antes de esa declaración, no existe como tal. Si se da origen, en cuanto sujeto libre e independiente, en cuanto signatario posible, esto deberá únicamente al acto de esa firma. (Derrida, 2009: 17).

En el desarrollo del proceso constituyente boliviano se puede visibilizar un desplazamiento en la concepción clásica de soberanía, una apertura a pensar la soberanía de otra manera y que pone en juego una condición de estatalidad distinta.

Si hay una concepción distinta de soberanía, por lo menos en el texto constitucional y en la historia reciente boliviana, también es posible encontrar una dimensión distinta de pueblo.

El pueblo en el cual reside, descansa, se encuentra la soberanía no es otro más que un pueblo en dimensión política.

Si el pueblo posibilita la representación del mismo (el pueblo representado en sus gobernantes) y es la fuente del poder parlamentario (representativo, delegado) es también el pueblo el que puede, en movilización, deslegitimar a ese poder representativo. El pueblo es condición pero también excepción del poder delegado.

La dimensión política del pueblo, en el caso boliviano, es muy sugerente, en tanto el mismo preámbulo hace referencia a movilizaciones populares (luchas populares de liberación) y en consecuencia reconoce una dimensión política que excede su papel de ser simplemente la unidad que otorga la representación.

El pueblo bobo es el que simplemente otorga su representación y se deja gobernar, es un pueblo que solo vota pero se niega a gobernarse a si mismo.

En su lugar el pueblo dinámico, en su dimensión política no es sólo un pueblo gobernable, sino es un pueblo con capacidad de gobierno, es por supuesto un pueblo conflictivo y es a la vez el dolor de cabeza de los gobernantes, pues es un pueblo que le disputa el mando, que le disputa el protagonismo al gobernante.

En este sentido la dimensión política de pueblo hace referencia a lo que Butler denomina realización performativa del pueblo (Butler en Badiou, Bourdieu y otros, 2014). Es decir el pueblo sólo existe si el mismo es la reunión movilizada de seres humanos, en una construcción de un ‘nosotros’ con capacidad de la acción.

En palabras de Butler:

El ‘nosotros’ realiza cierta reunión. Al mismo tiempo, el ‘nosotros’ solo se produce, aun cuando no ha sido pronunciado, cuando los cuerpos se reúnen en una configuración de espacio y tiempo particular. ¿Cómo entendemos entonces este movimiento de reunión, de condición duradera, que implica formas de dispersiones ocasionales, periódicas o definitivas? No se trata de un acto, sino de una convergencia de acciones que difieren unas de otras, una forma de sociabilidad política irreductible a la conformidad. Incluso cuando una multitud de personas hablan todas juntas, deben estar lo suficientemente cerca para escuchar la voz de los demás, para adecuar la propia vocalización, alcanzar un grado suficiente de ritmo y armonía y lograr así una relación auditiva y corporal con aquellos con quienes se está realizando una acción significante o un acto de habla (Butler en Badiou, Bourdieu y otros, 2014:56).

En este acercamiento de Judith Butler a repensar la categoría pueblo, desde una versión dinámica, es decir en movimiento, lo que se pone en juego es el derecho de libertad de reunión.

No hay condición de posibilidad de la noción de pueblo, en su sentido de realización performativa, sin el derecho de reunión, de movilización del pueblo contra lo que lo oprima, lo que lo incomode.

El derecho a la libertad de reunión se encuentra en el numeral 4 del Artículo 21 de la Constitución boliviana, asimismo el Artículo 26 (también de la CPE) hace referencia a esta condición dinámica del pueblo, en tanto es un derecho de todas las ciudadanas y de todos los ciudadanos la participación libre en la formación, ejercicio y control del poder político.

Como señala Badiou: “pueblo es una palabra que cobra todo su valor bajo la forma, transitoria, de la guerra de liberación nacional” (Badiou en Badiou, Bourdieu, 2014: 19). Es decir que la dimensión política de pueblo, tal como se la puede encontrar en el preámbulo de la Constitución boliviana, es una dimensión dinámica de pueblo, que conserva sus posibilidades en el referido derecho de reunión, de participación del espacio y campo político.

Después del 12 de octubre, cuando el pueblo bobo vote, el otro pueblo, el que posee una dimensión política seguirá siendo el verdadero protagonista de la historia, con sus enfrentamientos, sus movilizaciones, sus triunfos y fracasos.

Bibliografía

• Badiou, Alain; Bordieu, Pierre y otros. 2014. ¿Qué es un pueblo? Buenos Aires – Argentina: Eterna Cadencia editora.

• Derrida, Jacques. 2009. Otobiografías. Las enseñanzas de Nietzsche y la política del nombre propio. Buenos Aires – Argentina: Amorrortu.

• Sloterdijk, Peter. 2006. Normas para el parque humano. Madrid – España: Siruela.

Be the first to comment

Deja un comentario