noviembre 26, 2020

Tzvetan Todorov y la reflexión a partir de la conquista de América

por: Katerin Brieger Valencia

Todorov, en su libro “La Conquista de América”, se preocupa por explicar conceptos que surgen alrededor de este episodio histórico, entre ellos el choque cultural, el etnocentrismo y la forma de relacionamiento con el “otro” al que se denomina otredad.

El otro es parte de uno, aunque de una manera diversa, como el mismo autor menciona uno puede descubrir a los otros en uno mismo al darse cuenta que no somos una sustancia homogénea, y radicalmente extraña a todo lo que no es uno mismo, pues no se puedo decir “yo” sin contemplar a su vez un “tú”. Existe en todo momento una relación en la cual dialécticamente “yo” se vuele el “otro” y eso inicia el proceso de descubrimiento.

Cuando Cristóbal Colón llega a lo que ahora conocemos como América y tiene los primeros contactos con las personas del lugar, se identifica asimismo como “conquistador” e inicia una relación de superioridad frente a los “otros”, los habitantes del lugar. Esta acción, desde un principio lo impulsa a ver a estos otros como algo distinto, lo lleva a engañarlos para que cumplan diversas tareas y labores que le generen a él y los suyos beneficio.

Otra de las acciones de Colón y su tripulación, que exhiben esta necesidad de diferenciación, es la negación que presenta ante la cultura y el idioma de los lugareños. Colón sabía que los territorios a los cuales había llegado ya tenían nombres; sin embargo, las palabras de los demás le interesan poco y quiere volver a nombrar los lugares en función del sitio que ocupan en su descubrimiento, lo que equivale a una toma de posesión.

A los “conquistadores” no les interesa conocer la nueva lengua o las costumbres de los llamados indios, por lo que la niegan y constantemente afirman que no tienen cultura o lengua. Por esta razón, en lugar de querer aprender las palabras o estructuras lingüísticas utilizadas por los habitantes de estas tierras, buscan los equivalentes en español y se las enseñan a conveniencia a los lugareños e incluso les reprochan la mala pronunciación de algunas palabras.

Jamás procura un diálogo con los indígenas, no pretende entender su idioma, su cultura ni sus valores, al contrario se les impone uno. El choque cultural a penas se había iniciado con la diferencia de idioma, luego, las costumbres y la cultura de ambos se constituirían como el nuevo problema. Una de las primeras impresiones de Colón lleva a escribir como parte de sus anotaciones que “aunque vayan desnudos, los indios parecen estar más cerca de los hombres que de los animales.” Una vez que Colón se preocupa un poco más por acercarse a los indígenas y entabla relaciones interpersonales, descubre que son “gente buena” que dan sus pertenencias sin esperar retribución, además no atribuyen el mismo valor a las cosas, como están acostumbrados en Europa.

A partir de esta concepción se buscan nuevas formas de integrar a las personas del lugar, pues, aunque carecían de religión parecían buenos y por lo tanto podían ser potenciales cristianos y en el caso de no encajar como cristianos, podían ser útiles también como esclavos o sirvientes.

A medida que los españoles empiezan a llegar al nuevo mundo, la negación hacia el otro se acrecienta, niegan todo aquello que no identifica a su propia cultura. Todo aquello que asemeje a una cultura que no sea la propia está errada, este hecho los lleva a una serie de atrocidades.

Los atropellos que se cometen ante las otras culturas existentes en América se ven por lo general justificados por la religión. Instrumento que por lo general es utilizado como pretexto para la acciones etnocentristas, no sólo para justificarlas, también para conseguir seguidores, ganar aceptación y poder llevar a cabo acciones crueles y que representan violaciones contra cualquier ser humano.

Cuando Cortés llega a América utiliza elementos de la cultura del lugar a su favor, no busca comprenderlos sino manipular con ellos. Le interesan los signos de cada cultura, pero no sus referentes. Bajo esta interpretación es importante saber a que le temen los indígenas, qué es concebido como malo para ellos, pero más importante hay que saber utilizarlo par sacarle provecho.

Los objetos como las cerámicas, o todos aquellos que se describen como “objetos exóticos” quedaron en colecciones de “arte indio”, puesto que no ejercen ninguna influencia en las corrientes del arte europeo del siglo XVI. El hecho de que la corriente del arte indígenas no haya influido en los españoles y en su arte es nuevamente una muestra de la concepción de superioridad que presenta, jamás se busca la hibridación en ningún sentido, jamás se ve a los otros como iguales o como portadores de una cultura propia.

La peor parte de la falta de reconocimiento a la otredad sucede cuando los españoles, no sólo no reconocen a los indígenas, sino que encuentran un placer intrínseco en la crueldad, en el hecho de poder ejercer su poder sobre otro, en la demostración de su capacidad de dar muerte. Según cifras que presenta Todorov, el desprecio que demuestran los españoles colonizadores por los lugareños hace que a mediados del siglo XVI, de los 80 millones de habitantes que habían en América sólo queden 10 millones, y en el caso de lo que actualmente es México, de los 25 millones en el año 1600, quede únicamente un millón. La principal razón para tal genocidio descansa en un enriquecimiento precoz para los españoles a causa de la muerte, explotación y sufrimiento de los nativos.

Los españoles disfrazaban todas las atrocidades que el etnocentrismo y la ambición llevaron a cometer contra los indígenas a partir de afirmaciones como que estos últimos “comen carne humana en la tierra firme; son sodométicos más que en generación alguna; ninguna justicia hay entre ellos; andan desnudos, no tienen ni vergüenza; son estólidos, alocados, no guardan verdad si no es a su provecho; son inconstantes; no saben qué cosa sea consejo; son ignorantísimos y amigos de novedades, son bestiales, y préciense de ser abominables en vicios; ninguna obediencia ni cortesía tienen mozos a viejos, ni niños a padres. No son capaces de doctrina ni castigo, comen piojos y arañas y gusanos crudos, donde quiera que hayan; no tienen arte ni maña de hombres”

Utilizando varias explicaciones que tienen que ver principalmente con las diferencias culturales o religiosas, serán ciertas o inventadas, se torturó, maltrató, asesinó y violó a los indígenas. Pero además se hizo cómplice a varias generaciones a partir de argumentaciones ideológicas de diversos autores como Sepúlveda o Tolomeo de Luca.

A partir de este sangriento y cruel episodio surgieron varias reflexiones, entre ellas la de la cuestión del otro. La demostración de que negar la condición humana del otro es negar al mismo tiempo la condición de humanidad de uno mismo. No querer ver a otro como un igual representa justificar lo injustificable, disfrazar la verdad y los propios temores bajo conductas “civilizatorias” que en último caso sólo buscan imponer una verdad y una concepción propia de ver el mundo.

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