noviembre 29, 2020

Elecciones en Bolivia: radiografía de un proceso democrático

El 12 de octubre se vivió una nueva fiesta electoral en Bolivia. Las misiones de observadores dijeron que fue un proceso modelo, no sólo por la enorme cantidad de electores, sino porque pudieron notar la clara muestra de ejercicio de ciudadanía consciente, de un pueblo que se enfrentó a su octava elección en democracia en los últimos 32 años.

Pero como siempre, los resultados electorales son un examen que pasan los partidos políticos y el gobierno y además, son un termómetro dónde se mide la temperatura política de los siguientes años. Estas elecciones no fueron la excepción y hay mucha tela que cortar.

La victoria del MAS, que en el momento en el que escribimos ésta nota, está ya en 60 %, no sorprende casi a nadie, pero es también la traducción de una gestión gubernamental exitosa, no solamente porque es un buen momento macro económico a nivel internacional, como quisiera hacer creer la Oposición, reduciendo a la casualidad 9 años de gobierno bien llevado a todo nivel. Tener ese porcentaje a pesar del desgaste natural que supone ser gobierno, es la muestra más clara que la gente quiere este gobierno y que se da cuenta del cambio, porque Bolivia es otra ahora y negar eso, es adolecer de egoísmo y tozudez política. Eso la gente lo vive y lo siente en la cotidianeidad y por supuesto, se tradujo en el voto.

Lo que llama la atención es la derrota estrepitosa del MSM. Juan del Granado es un referente histórico de la izquierda, pero por lo visto, no ha aprendido las lecciones del pasado y se ha confiado mucho en una praxis electoral que, definitivamente, al igual que el país, ha cambiado diametralmente. Teniendo un capital político propio, no confiar en sí mismo, fue uno de los errores. No todos los días, un Presidente le dice a un Alcalde que debiera ser clonado por ser el mejor. Pero tampoco es una buena idea pensar que, por haber tenido el mejor gobierno municipal de la sede del Gobierno, no era necesario crear y armar una estructura partidaria sólida en el resto del país. Eso lo debilitó grandemente, porque él podía estructurar una campaña en torno a ésta experiencia política y al enorme aval que le da el haber encarcelado al dictador. Pero no. La campaña giro alrededor de querer demostrar a toda costa que era mejor opción que el MAS, en una actitud revanchista que le hizo más mal que bien, cuando a nuestro juicio, sabiendo que a lo único que se podía aspirar era a un segundo lugar, había que explorar las fortalezas que le daba claramente la historia, para convertirse en una oposición inteligente, cosa que no se hizo. Por otra parte, llevar a Adriana Gil de compañera de fórmula, fue quizás el peor error, porque la cruceña ha hecho gala en los últimos siete años de un transfugio político asombroso, traición de por medio, que el pueblo no ha olvidado, ni siquiera su propia Santa Cruz. Cuando un político o política demuestra que su ambición personal está por encima de los intereses del pueblo que se supone servirá, eso se nota y obviamente, es despreciado.

Pero lo verdaderamente preocupante y que se debe analizar con cuidado y tino político, es el silencioso ascenso de la derecha oligarca “renovada”, de la mano de Doria Medina. Un grave error en política, es menospreciar al enemigo y pensamos que eso fue lo que se hizo con este personaje que ahora da una sorpresa, acercándose al 30%.

El ascenso del Partido Verde, que inclusive le quita votación a Del Granado en La Paz, reproduce las viejas taras de una izquierda benemérita, que sigue con las viejas prácticas de dividir para reinar y da pie, en el caos que significó el grave error gubernamental de Chaparina, a la atomización de las alternativas progresistas, pero munidos también de un discurso revanchista sin muchas posibilidades de propuesta real. Ojalá que en su devenir político y si no llega a perder la sigla, analicen posturas que sumen. Evidentemente, una parte del voto nostálgico de la izquierda que debió ser antaño del MSM, fue cooptado por estos nuevos actores. No se explica de otra manera que hayan ganado en la plaza más firme que tenía Juan.

Lo de Tuto Quiroga, más que preocuparse, da pena. Porque asombra la ceguera política y la inadecuada lectura de la realidad. De todas maneras, una vez más y convenencieramente, se utilizan imágenes indígenas. Ah!! La instrumentalizacion de la política…

El balance sin embargo, es absolutamente positivo. Sin lugar a dudas, Bolivia es un nuevo país y eso se tradujo de manera clara y contundente éste domingo 12 de octubre pasado. Quién no quiera o no pueda entender, corre el riesgo de desaparecer.

Los bolivianos y bolivianas, somos ejemplo en el continente y eso, más allá de todo porcentaje, es una inequívoca muestra de que estamos avanzando.


* María Bolivia Rothe es militante del proceso de cambio.

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