noviembre 26, 2020

“¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”

por: Inti Tonatiuh Rioja Guzmán

43 estudiantes mexicanos provenientes de la escuela Normal Rural de Ayotzinapa han desaparecido en la ciudad de Iguala, en el Estado de Guerrero (suroeste) en complicidad de la policía, el gobierno y narcotraficantes, solamente el escribir este primer párrafo, es devastador.

La Normal Rural de Ayotzinapa tiene como orígenes la popularización de la educación, pasada la revolución mexicana su expansión se concentraba en el capital humano, de ahí que las escuelas rurales aparecieron como centros de formación solventados por el Estado.

Los estudiantes que concurren a la escuela provienen de familias campesinas pobres con dificultades para conseguir trabajo y con el constante reclamo al gobierno por mejores oportunidades e ingresos más justos.

El pasado 26 de septiembre del presente año un grupo de estudiantes se dirigía a la ciudad de México para participar de una protesta, cuando fueron interceptados por policías que amedrentaron a los mismos, ocasionando la muerte de seis personas, hirieron a 17 y secuestraron a 58 de los cuales aparecieron 15, uno de ellos fallecido, 43 normalistas continúan desaparecidos.

¿Qué amenaza representaban los estudiantes para el poder?, absolutamente ninguna, su reclamo – al igual que otros- estaba orientado hacia mejores condiciones de vida y oportunidades reales.

Ante la tragedia han existido numerosas manifestaciones por parte de las familias, personas y organizaciones solidarizadas con la tragedia pidiendo a las autoridades puedan devolver con vida a los estudiantes o indicar su paradero.

Las respuestas que se han obtenido son bastantes confusas y poco certeras, recientemente se han encontrado fosas clandestinas pero todo parece indicar que los cuerpos que se encontraron no pertenecen a los estudiantes, imagínense podría ser otra tragedia descubierta a partir de Ayotzinapa.

Es tal la decadencia de la política mexicana, las fuerzas del orden y la misma concepción del Estado que estos crímenes forman parte de una inmensa lista de injusticias y atentados contra la vida de las personas más humildes y desprotegidas que no encuentran justicia.

Lamentablemente las pocas noticias que nos llegan del hermano país México se han venido “normalizando” acerca de la extrema violencia, desapariciones, asesinatos, ajustes de cuentas, carteles de narcotraficantes, etc.

¿Qué ocurre?, este año pude visitar las tierras mexicanas, precisamente Tijuana y el Distrito Federal, escuche una respuesta, “no supieron como luchar contra el narcotráfico, pensaron que entrando con armas iban a cambiar la situación y fue totalmente lo contrario, lo que hicieron fue agitar el panal de abejas”.

En las posteriores tres semanas en el D.F un grupo de personas habían asaltado el auto distribuidor de comida de mi Tío y otro grupo se había subido con pistola a la movilidad pública donde se encontraba mi prima despojándole de sus pertenencias y por si fuera poco, una amiga mexicana denunciaba mediante las redes sociales a una banda que estaba haciendo bastante dinero a través de sus canciones que hacían culto a la violencia, es una música en tono bailable que expone en sus letras como “ajustar cuentas”.

Posiblemente el documental que mejor describe la situación es “Hecho en México”2 tan sólo una de las frases en el rodaje plasma muchas cosas “México es un gigante dormido”.

Desde Bolivia nos solidarizamos con los hermanos mexicanos y pedimos justicia para las familias afectadas por la violencia, nos unimos al grito que exclama.

“¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”


* “Jovenzuelo” politólogo boliviano, @intirioja

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