noviembre 30, 2020

La noticia es un periódico de ayer

por: Carla María Ariñez Sanjinés

8 de marzo de 2014, vuelo MH370. No hace falta decir nada más. Al leer esa oración tenemos claro a qué nos referimos. El vuelo de Malaysia Airlines, que llevaba 239 personas que desapareció al puro estilo Lost. Los fanáticos de la serie empezaron a especular al respecto, parecía que la isla se volvió realidad. En todas las primeras planas del mundo se leía “Vuelo perdido”, “Buenas noches MH370” (la última frase que se supone que escuchó la tripulación del avión de Malaysia Airlines). El mundo entero estaba conmocionado y esta noticia duró semanas en primera plana. A seis meses del incidente sigue siendo noticia o al menos todos lo siguen recordando Y preguntándose qué será de esas 239 almas que volaban de Kuala Lumpur a Beijing.

Más o menos por las mismas fechas salió la noticia de que alrededor de 50.000 niños podrían morir de desnutrición en Sudán del Sur. Esta noticia también recorrió el mundo, pero no ocupó primeras planas por varios días, mucho menos semanas y a seis meses de la denuncia de UNICEF son muy escasos los medios de comunicación que le han hecho un seguimiento a la noticia.

Pareciera que ya nos hemos acostumbrado a que en África mueren niños de desnutrición y este hecho ha dejado de ser noticia. Los niños de África han dejado de ser trending topic hace mucho tiempo. Está claro que la boda de George Clooney es mucho más interesante que pensar en la muerte de 50.000 niños por desnutrición.

Hoy en día los medios de comunicación están lejos de la objetividad y la imparcialidad y es que están controlados por grandes millonarios y magnates que además de interesarse por el impacto o el interés que cierta noticia pueda generar, están pendientes de la política del medio. Los hilos que mueven todo el esqueleto.

Que se ponga una noticia y no otra en primera plana ya no es exclusivamente una cuestión de actualidad, sino también de los intereses de quienes difunden la noticia. Al perder todo tipo de objetividad los medios de comunicación se han convertido en una forma de propaganda de sus intereses más que una manera de informarse.

La misma noticia puede ser retratada de formas tan diferentes según el medio de información que se lee, que puede tratarse de una diferencia como el día y la noche. Entonces ya no sólo es preciso determinar qué leemos sino dónde lo leemos. La ideología de un periódico nos puede guiar a pensar que una manifestación fue todo un fracaso, donde sólo asistieron perroflautas [1] desempleados o llevarnos a pensar que fue un éxito rotundo donde se mostró el descontento general. Creo que no hace falta especificar la ideología en ninguno de los dos casos. Ya lo decía Mattelard que inclusive para leer el Pato Donald no debemos dejar de pensar en la ideología que está detrás y más aún la intención de mantenerla y reproducirla.

Además de la falta de objetividad de los medios de comunicación, debemos preocuparnos de la banalidad a la que está acostumbrada y normalmente requiere la sociedad. ¿Por qué leer las miserias de África cuando uno puede soñar e identificarse con la vida de la celebridades que también están muy lejos? Si África está lejos y no importa porqué debiera importar una pelea entre Justin Bieber y Selena Gómez que tampoco tiene nada que ver con nosotros.

La humanidad está acostumbrada a leer lo que le gusta y lo que menos le afecta. Mientras los que mueren de ébola estén ‘allá lejos en África o por ahí’ somos capaces de acercar los hechos de Hollywood como si se tratara de nuestra propia casa.

Ya no basta con ser lo más in para estar en primera plana. Ahora la lucha por ese puesto está regida por muchos factores económicos, políticos y sociales. Ser o dejar de ser trending topic ha pasado a ser algo instantáneo. Lo que me recuerda a la canción de Héctor Lavoe donde nos decía:

Tu amor es un periódico de ayer

Que nadie más procura ya leer

Sensacional cuando salió en la madrugada

A mediodía ya noticia confirmada

Y en la tarde materia olvidada


1 Tribu urbana compuesta principalmente por punkies, hippies, anarquistas y okupas, poco preocupados por la higiene personal, que normalmente están acompañados de un perro y una flauta, de ahí el nombre

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