agosto 17, 2026

¿De qué lado cayó el muro?

El 9 de noviembre se recuerdan 25 años de la caída del muro del Berlín. Este acontecimiento fue tratado con mucha importancia, tanta que historiadores como Eric Hobsbawm consideran que este evento selló el fin del siglo XX, razón por la cual se lo denomina un siglo corto.

Para otros, como la historiadora Assa Briggs, 1989 y específicamente la caída del muro de Berlín, fue el cierre de la revolución burguesa de 1789, la denominada revolución francesa. En consecuencia el ciclo iniciado con la Declaración de derechos del hombre y del ciudadano, en la que se proponía universalizar derechos como la libertad y la propiedad privada, tiene su cierre con la caída del último régimen acusado de proscribir estos derechos.

Para otros 1989 fue el comienzo de la posmodernidad, tanto porque se produce una desacralización de la política y se empieza a hablar del fin de las ideologías y de los grandes relatos, tanto también porque la tradicional interpretación dogmática de los pensadores de la izquierda llega a su fin.

Jean Baudrillard respecto a la famosa caída del muro de Berlín, se preguntaba ¿de qué lado cayó el muro?, ¿cayó para afuera o para adentro? Si hubiera caído para afuera se trataría de una liberación, si hubiera caído para adentro se trataría de un derrumbe.

Para Baudrillard por supuesto que se trata de un derrumbe.

La experiencia soviética se erosionó en el mismo momento en el que se fortalecía un Estado eminentemente policial y burocrático, que permitió el mantenimiento de una oligarquía que desde 1953 llevó a la Unión Soviética a direccionar su economía hacia los riesgos de las crisis típicas del capitalismo. Desde 1980 la URSS empieza a sentir los efectos característicos de una crisis típica del capitalismo: caída de su producción, debilitamiento de sus industrias, retraso tecnológico, corrupción persistente, etc.

Entonces, la caída del muro fue en realidad, dentro de los márgenes propuestos por Baudrillard, un desmoronamiento, un derrumbe de la experiencia soviética.

Interpretar la caída del muro de Berlín como un acto de liberación, es tomar los efectos descuidando las causas.

Es lógico que el mundo occidental democrático y de libre mercado se vea mejor detrás de un muro. Esta praxis de imaginar que algo es muy bueno, funciona mejor si a condición hay un muro que permite la distancia necesaria del observador para no estar sumergido de pies a cabeza en el mundo que mira. La sola presencia del muro es la muestra policial de cualquier régimen. Si en 1961 se construye un muro para que no se cruce al otro frente, es porque hay algo que no quieren que tú veas en el otro frente, en este sentido dejas inmediatamente de tener libertad en el mismo momento que se construye el muro.

La caída del muro de Berlín si bien anticipó la caída de la Unión Soviética, su caída para los ojos de occidente, no ofreció ninguna alternativa al capitalismo.

Para sorpresa de muchos, mientras se pretendía dar por ganador al capitalismo neoliberal de finales de los años 80 y principios de los 90, el 1 de enero de 1994 el ejercito zapatista tomaba control de la región de Chiapas en México. Los zapatistas proclamaban un mundo en el que quepan muchos otros mundos, y presentaban una clara lectura tojolabal (es decir indígena) de la comunidad y la organización social.

En los siguientes años América latina empezó a mostrar que la caída del muro fue algo que pasó en la vieja Europa, y se lanzó en busca de afirmar sus luchas.

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