diciembre 4, 2020

El mercado y las presiones transculturales

por: Olmer Torrejón Alcoba

El Culto al Muerto en la Tradición Precolombina

El culto a dioses y a los muertos es inherente a toda cultura, como sistema intersubjetivo y distintivo, espiritual, material, intelectual, afectivo, que caracterizan a una sociedad o grupo social determinado. La cultura, por naturaleza propia es dinámica, transforma y transforma a partir de instituciones que se legitiman por fuerza propia, presión externa o ambas, desarrollemos estas afirmaciones a partir del abreviado -caso- análisis de la Fiesta de Todos los Santos.

Diversas edificaciones se alzan en los Andes, como expresión del culto o religiosidad prehispánica, la veneración a la Pachamama, al rayo, al sol, a la lluvia, que persisten en el tiempo, así también, culto a los muertos, sobre todo en el territorio Collasuyo, dónde los aymaras dejaron construcciones de torres-chullpas.

“Debemos considerar que el culto a los muertos tiene mayores implicancias que el recuerdo a los antepasado… los Chullpares, entre los aymaras, cumplían la función de santuarios y que eran lugares de culto. Los cerros Apus [montañas sagradas] y las chullpas, muchas veces construidas a sus pies, eran el “templo” a cielo abierto de collas y aymaras” (Gisbert, Teresa: 1999)

Los diferentes elementos como vajilla, vestimenta, alimentos, utensilios domésticos, encontrados estas construcciones, demuestran la tendencia a creer que el muerto va a algún sitio, o pervive más allá del cuerpo físico.

Aya Marqay Quilla, Mes del Difunto

Guaman Poma de Ayala (1534-1615), cronista indio autor del manuscrito “El Primer y Nueva Crónica y Buen Gobierno”, vivió y escribió su obra al finalizar el siglo XVI. Permanecido desconocido, aún para con sus contemporáneos, hasta 1908. Este manuscrito consta de 1179 páginas, sin duda alguna, considerado uno de los mayores aportes para la historia latinoamericana.

De allí retomamos algunas expresiones que relatan la fiesta de los difuntos, durante el incario, el Aya marq’ay quilla, que significa: mes de llevar difuntos.

“Este mes fue el mes de los de defuntos, aya quiere dezir defunto, es la fiesta de los defuntos. En este mes sacan los defuntos de sus bóbedas que llaman pucullo y le dan de comer y de ueuer y la bisten de sus bestidos rricos y le ponen plumas en la cauesa y canta y dansan con ellos. Y le pone en unas andas y andan con ellas en casa en casa y por las calles y por la plasa y después tornan a metella en sus pucullos dándole sus comidas y bagilla al prencipal, de plata y de oro y al pobre, de barro. Y le dan sus carneros y rropa y lo entierra con ellas y gasta en esta fiesta muy mucho.” [1]

Relata Guaman Poma, que en el mes de noviembre sacan a los difuntos de sus bóbedas que llaman pucullo y les daban de comer y de beber, los vestían con ropas atractivas, adornaban con plumas sus cabezas, cantaban y danzaban con ellos. Los difuntos eran puestos en andas, que eran cargadas por ellos mismos, llevando casa por casa, por las calles y plazas, para luego volverlas a meter en sus bóvedas, con comida, vajilla de plata u oro.

Tradición, sentido y comprensión de cómo la fiesta organiza encuentros colectivos con los difuntos, a sufrido las modificaciones propias del pasar de los años, más la nomenclatura esencial, la cosmovisión pura se mantiene: festejar a los difuntos, revivirlos en el imaginario colectivo y compartir con ellos a partir de la memoria que aún se guarda.

Sincretismo Católico

Impetramos al calendario católico por constituirse en el pilar del sincretismo religioso de nuestras culturas, a partir de procesos transculturizadores producido durante la Colonia, debemos comprender a ésta como un desarrollo de expansión mercantil, allanado por instituciones propias de la monarquía universal española o imperio español, entre ellas la Iglesia Católica.

Dicho calendario expone lo siguiente: Noviembre 1°, fiesta de Todos los Santos, 2 de Noviembre Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos. Dos fiestas distintas.

Diversas iglesias, empezaron a celebrar la fiesta de Todos los Santos. Alcuino de York la propagó en esta fecha y en el siglo IX, se extendió por todo el país franco. Mucho antes que en Occidente, ya en el siglo IV Oriente honraba a todos los Santos; la iglesia bizantina, en particular el primer domingo después de Pentecostés, clausurado con esta fiesta el ciclo pascual. Esta fiesta, la de Todos los Santos, es celebrada en honor a todos los méritos de todos los Santos, en recuerdo de aquellos que se entregaron al proyecto de Dios. La idea es concentrar en un solo día el recuerdo, de precisamente “todos” los Santos inscritos en el Calendario general de la Iglesia Católica.

En tanto que el 2 de noviembre, un día después, se designa a la conmemoración de otra fiesta, Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, según el Nuevo Misal del Vaticano II:

“El abad de Odilón de Cluny en el año 998, prescribe a todos los monasterios a su jurisdicción, que el día siguiente al de la festividad de Todos los Santos se hiciera memoria de todos los difuntos. En el siglo XIV Roma, admitió esta celebración.”

Las antifonias y oraciones, insertan en su sentir, un clamor a Dios para que guarde en sí a todos los difuntos. Lo recita la antifonia de entrada para el 2 de noviembre: “del mismo modo que Jesús ha muerto y resucitado, a los que han muerto en Jesús, Dios los llevará con él…”

Esta es la cualidad de lo real actual, durante el feriado de Todos los Santos, colectividades de creyentes y no creyentes ritualizaran en memoria de sus muertos, diferentes tipos de expresiones dependiente la geografía y territorialidad, panes, masitas, velas, cantos, chicha, comida, dispuestos para el difunto etc. Densidad anímica cultural en plena expresión, como resultado del desplazamiento de un modo cultural (prehispánico) por otro moderno.

Las fuerzas de la oferta y la demanda como institución transculturizadora

Con la Conquista como acto de fuerza militar o de coerción física como fueron los suplicios bien descrito por Foucault en “Vigilar y Castigar”, y la Colonia, como hecho, también de fuerza pero a nivel intersubjetiva, de interpretación y comprensión transculturizadora, apoyadas por las fuerzas anteriores, se desplazaron los sentidos interpretativos y de expresión hacia los difuntos. Los modos culturales amerindios fueron desalojadas de los imaginarios propios para dar lugar a nuevas y otras categorías de cualidad occidental dando lugar al sincretismo de rituales, muy presentes hoy y plenamente practicadas durante la fiesta de Todos los Difuntos.

Irrumpe en los últimos treinta años, nuevas interpretaciones que se distancian cada vez más de la ritualidad originaria, el reencuentro con nuestros difuntos, revivir en nuestros imaginarios a nuestros seres queridos y queridas que fallecieron, nos referimos a Halloween, contracción lingüística de All Hallows’ Eve, ‘Víspera de Todos los Santos’, fiesta de origen culturalmente Celta que por procesos, también transculturizadores se instala de modo intenso en Estados Unidos de Norte América y es expandida por Latinoamérica a través de los circuitos de mercado por el alto rendimiento y utilidades que generan a través de códigos, símbolos y ritualidades, como el famoso truco o broma, los disfraces, las visitas a casas encantas, la concentración de motivaciones e intereses en torno a las historias y películas de terror, la policía francesa a desplegado dispositivos para prevenir agresiones civiles entre jóvenes disfrazados de payasos que caminan por las calles con cuchillos realizando en broma, ademanes de ataques.

Es el mercado, los procesos de intercambio, la oferta y la demanda, que a partir de un todo organizado y a través de facilitadores culturales como el cine, la música reconfigura la vivencia de una práctica cultural por otra, la venta de disfraces genera más renta que la venta de tantawawas, los paseos por las calles con calabazas de origen irlandés, pugnaran con las visitas a los campos santos, el comercio cinematográfico absorbe más interés que desempolvar la foto del abuelo difunto y posarla en la mesa junto a la comida que más le gustaba y entre risas y llanto recordarlo.

Pervivimos un punto de conexión subsistencia de dos modos de expresión cultural, la emergencia de nuevas realidades complejas, no son dos sino varias culturas que se tamizan y se impregnan mutuamente, cada una con fuerza y resistencia propia, la que mayor presión logre una sobre otra será mañana, el modo cultural propio.


1 Guaman Poma de Ayala, Felipe; El primer nueva crónica y buen gobierno, Edición Crítica de Jhon V, Murra y Rolena Adorno, Editorial Siglo XXI, México, 1980, p. 231.

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