noviembre 27, 2020

Katari

por: Raúl Reyes y Javier Larraín 

Se cuenta que el día en que nació Julián Apaza, los comunarios aymaras vieron admirados que dos hermosos y enormes mallkus bajaron a Sullkawi en Sica Sica, y se posaron en las montañas cercanas; uno de los cóndores representaba a la Nación Aymara y otro a la Nación Quichwa.

Su madre Marcela Nina salió con la wawa para enseñársela a la Pachamama, mientras su padre, Nicolás Apaza, señaló a una enorme serpiente que levantaba la cabeza. Admirados, pero sin miedo, vieron que la serpiente saludaba al niño, comprendiendo que Julián sería importante para los pueblos aymara y quichwa. Huérfano desde los siete años, vivió al amparo de un sacerdote español.

***

Al cumplir los 30 años, contra los abusos de las autoridades hispanas en el cobro de tributos y el sistema de repartimiento o distribución obligatoria de mercaderías de parte de los corregidores, se puso a la cabeza del más importante levantamiento indígena de la región aymara. Durante la Gran Rebelión, Túpac Katari, lideró un ejército de más de 5.000 indígenas, que llegó a controlar Carangas, Chucuito, Sicasica, Pacajes y Yungas, llegando a sitiar la ciudad de La Paz durante tres meses.

A principios de marzo de 1781 estalló la Rebelión, por la que rápidamente se levantaron las provincias altoperuanas de Sica-Sica, Carangas, Pacajes, Yungas, Omasuyos y Chucuito.

Manda el Soberano Ingá Rey, que pasen a cuchillo a todos los corregidores, sus ministros y caciques, cobradores y demás dependientes. Como asimismo a todos los chapetones, criollos mugeres, niños de ambos sexos y toda persona que parezca ser española o lo sea, o que a lo menos esté vestida a imitación de tales españoles. Y que si esta especie de gentes se favoreciesen en algún sagrado o sagrados y algún cura u otra cualesquier personas impidiese o defendiesen el fin primario de degollarlas, también se atropelle por todo, ya pasando a cuchillo a los sacerdotes y ya quemando las Iglesias. En cuyos términos que tampoco oyesen misas, ni se confesasen, ni menos diesen adoración al Santísimo Sacramento (…) así mismo no tuviesen los indios sus consultas en otros lugares que no fuesen los cerros, procurando no comer pan, ni beber agua de las pilas o estanques, sino enteramente separarse de todas las costumbres de los españoles.

Katari avanzó hasta el centro de gobierno en La Paz, a la que puso sitio en dos oportunidades, al mando de 40.000 hombres.

El primer sitio duró 109 días y en él cayeron 10.000 españoles. Durante este tiempo, la población criolla paceña moría de hambre dentro de los muros de la ciudad. A falta de alimento, comenzaron a consumir las carnes de las mulas, los perros y los gatos que prontamente desaparecieron. Los indios apresaron a varios mestizos como Mariano Murillo, quien luego fue descubierto como espía de los españoles. Al percatarse de ello, Túpac Katari, le cortó ambos brazos, enviándolos con una carta a Don Sebastián de Segurola, defensor de la ciudad. Los dos campamentos que se establecieron en la ciudad fueron el de los amarus kechuas en El Tejar, a la cabeza de Andrés Tupac Amaru y Miguel Bastidas. El otro estaba en Pampajasi, donde se asentó el ejército indio de los kataris.

Katari, al bajar a la ciudad, lo hacía con mucha pompa, como si fuera un rey, vestido con un pantalón de terciopelo y con una comitiva de 400 indios armados, agitando las banderas y lanzando hondazos… Se vestía como un Inca y con un sol en el pecho. Sisa se vestía, también, de manera elegante, con un jubón y adornada con elementos de oro y plata.

— ¿Sabe la causa de su prisión?

— Si, ha sido por levantar la rebelión en estas provincias…

***

Tras el reforzamiento de las fuerzas realistas y a causa de la traición de uno de sus colaboradores, Tomás Inca Lipe, Katari fue capturado y juzgado por las autoridades españolas por los “enormísimos delitos” de sedición contra la majestad, de intitularse la autoridad de Virrey. Fue condenado a muerte y ejecutado en la población paceña de Peñas, el 15 de noviembre de 1781.

Tras cortarle la lengua, para que nadie escuchara sus últimas palabras, cruciales en un pueblo de tradición oral, se le condenó a morir descuartizado por caballos que tiraban en direcciones opuestas. Idéntica suerte corrieron sus inmediatos seguidores. La orden fue dada y los caballos partieron a los cuatro puntos cardinales. Su cuerpo descuartizado fue expuesto por todo el territorio de Kollasuyu, como escarmiento a los indios rebeldes: su cabeza en el cerro de K’ili K’ili; la mano derecha en Ayo Ayo, la izquierda en Achacachi; su pierna derecha en Chulumani y la izquierda en Caquiaviri. Tiempo después, su esposa Bartolina Sisa moriría estrangulada por los mismos verdugos.

Serán cuatro los que llegan de la noche oscura…

Con el viento en la garganta

El Julián Apaza

Grita por la pampa

Canta Pachamama

El cuarto no es solo una voz

es todo un pueblo que levanta su voz

serpiente extensa puma garrudo

cóndor de plumas metálicas

blanca llama del firmamento aymara

(Jallalla, Jenny Cardenas)

***

La memoria de su guía queda hoy más que antes en la identidad altiplánica. Hace 44 años la memoria física de Tupac Katari fue develada en la población de Ayo Ayo, donde Julián había crecido. Ante el populista Juan José Torres, el artista Emiliano Luján daba a conocer su obra.

Alzando los brazos, invitando a la lucha, caminando a la victoria…!!!

“Nayjaj sapjarukiw jiwyapxittaxa nayxarusti, waranqa, waranqanakaw kutt’anipxani…”

“A mí solo me están matando, pero volveré y seré millones…”


* catalejo.laepoca@gmail.com

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