noviembre 25, 2020

“El Poder de 1.800 millones”

por: Inti Tonatiuh Rioja Guzmán 

“El poder de 1.800 millones: los adolescentes, los jóvenes y la transformación” es el nombre del último estado de la población mundial presentado el 18 de noviembre por el Fondo de población de las Naciones Unidas en Bolivia.

Dos reflexiones en base al texto;

1. Nunca antes habíamos sido 1.800 millones de jóvenes en el mundo, nunca antes el mundo tiene la oportunidad de avanzar en derechos humanos como hasta ahora. Avanzar parece ser el horizonte de esta época marcada por diferentes rumbos que construyen un gran objetivo común.

Primeramente debemos reconocer que la palabra “jóvenes” hoy refleja un universo de diferentes realidades, con grandes similitudes, pero también enormes brechas. Por lo que, tenemos que tener cuidado de no abusar de la palabra “jóvenes” debido a que podemos estar obviando estas realidades que necesitan de nuestra reflexión y principalmente acciones.

Ese universo de diferentes realidades es Ayotzinapa, Palestina, las niñas raptadas por el grupo terrorista Boko Horama, los indignados y todos aquellos que padecen las injusticias de un mundo que necesita cambiar.

A esto debemos recordar que la encuesta de my world impulsado por naciones unidas, propone que la educación debe ser el centro de nuestra atención. Que sabia es la lectura de la juventud al proponerse avanzar educándose.

En un mundo donde se violentan los derechos humanos, el camino es pacifico, el camino es la educación.

2. Los jóvenes juegan un rol fundamental en el Estado, no en el libre mercado; El Estado no puede construir una sociedad, si lo hace, sería artificial, pero la sociedad puede construir un Estado.

Para lograr ese objetivo, tenemos que avanzar en desmitificar el prejuicio que impera sobre los jóvenes, tenemos que luchar por el sentido común que ayuda a definirlo, es una guerra sin heridos.

Ese prejuicio que se alimenta de pequeñas partes de la realidad y no totalidades, ese prejuicio dice los jóvenes son indiferentes y no interesados, esa visión se convierte en una causa para excluir a los jóvenes en la formulación de políticas públicas que afectan sus vidas.

Esas miradas nos crean aparatos estatales desconectados de su población, y llegamos a la imposición de medidas que no puedan ser necesarias y poco efectivas.

Debemos desacostumbrar al Estado a elaborar políticas públicas sectoriales que sirven simplemente de prevención y aparecen bajo el calor de los daños ya materializados, me refiero por ejemplo a tratar de solucionar en poco tiempo temas como; el embarazo adolecente, el empleo, el contagio del VIH-Sida.

Más bien, nuestra experiencia nos construye una expectativa, la misma es, la construcción de políticas integrales que vendrían a ser como políticas de Estado en nuestro país. Para lograr está enorme tarea debemos construir en el acercamiento entre las organizaciones juveniles y los jóvenes en general con el Estado.

Las políticas integrales deben venir de un diálogo intenso y profundo entre los actores y los diseñadores burocráticos. Construir los puentes de comunicación para que esta relación avance.

Hemos avanzado, el ahora poder tener autoridades desde sus 18 años configura el campo político y así también el campo estatal- burocrático.

El documento es una excelente herramienta para mirar la realidad y desnudarla, concientizarnos, proponer, actuar y avanzar.


* “Jovenzuelo” politólogo boliviano, @intirioja

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