diciembre 4, 2020

Elecciones subnacionales e imaginario colectivo

En marzo del siguiente año, Bolivia será escenario de elecciones subnacionales. La oposición apostará, como es lógico, a presentar la contienda como la oportunidad de alcanzar un equilibrio regional respecto de la relación de fuerzas que el 12 de octubre pasado se ha mostrado altamente favorable para el presidente Evo Morales y el proceso de cambio.

El punto de partida es decir que se trata de dos tipos de elección distintas. En la una se pone en juego el carácter nacional del liderazgo de los candidatos y proyectos políticos. Ahí ha quedado demostrado el hecho de que en el país no hay otro político con alcance nacional que no sea Evo Morales y otro proyecto que no sea el actualmente desarrollado. La oposición no solo carece de un líder de dimensión nacional sino también carece de un proyecto alternativo.

Sin embargo, en la segunda –es decir elecciones subnacionales- se coloca en juego la existencia de liderazgos departamentales y municipales. Aquí ya no entra directamente a la competencia el líder nacional, pues la gente incorpora al momento de decidir su voto los antecedentes de cada uno de los candidatos y su relación con la expectativa de los electores y/o vecinos de cada departamento. Es decir, son elecciones que responden a múltiples variables y comportamientos electorales contradictorios.

En MAS apostará a ganar la totalidad de las gobernaciones y aumentar la cantidad de municipios que conquistó en 2010, que ya representó casi los dos tercios de todo el país. El objetivo es, sin duda, razonable pues eso establece un trabajo armónico entre el Órgano Ejecutivo y los gobiernos subnacionales, lo cual no necesariamente sucede con un resultado distinto, en parte por la existencia de una oposición que quiere colocar al gobierno contra la pared en la perspectiva de las elecciones de 2019.

Por esta razón, es un gran desafío para el MAS, que parte con un promedio del 40 por ciento de apoyo en cada departamento y municipio, cohesionar sus filas, concertar bien los candidatos y poner las luces largas y no cortas. Errores o desviaciones electoralistas, apetitos personales y una falta de visión estratégica aportarán a dar la idea de un equilibrio de fuerzas que la oposición sueña por construir en el imaginario colectivo.

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