noviembre 25, 2020

¿El fin de los movimientos sociales?

¿Es posible que un acto de corrupción, pueda detener la historia? En los comentarios de una emisora caracterizada por ser agorera del fracaso, su Director Ejecutivo afirmó con la solemnidad de un Cardenal: “Este es el fin de los movimientos sociales”; esta frase me recuerda al título de un libro apocalíptico del destino de la humanidad, como fue el libro: “El Fin de la Historia”.

No es casualidad, es simplemente la claridad ideológica que tiene tanto el autor del libro como el Director Ejecutivo, que ofició de comentarista, de nada sirvió la cautela sugerida por otro invitado al programa radial en esa oportunidad.

Las palabras siempre son ese espejo que refleja nuestros pensamientos al desnudo, en algún momento, pese a dominar la técnica del camuflaje, nuestro subconsciente nos traiciona, y decimos lo que pensamos, a veces como un lapsus, a veces como una categórica declaración.

Disculpamos el poco conocimiento que tiene el citado comentador, acerca de los movimientos sociales, después de todo, un Director Ejecutivo no está obligado a tener el mínimo conocimiento del tema a tratar, como lo debe tener un aspirante a periodista.

Los movimientos sociales son la historia, desde las antiguas rebeliones de esclavos, hasta la resistencia de las mujeres kurdas de hoy. Decir que los movimientos sociales han muerto es decir que la historia ha muerto.

Este pensamiento está de moda, en América Latina, es el discurso del neoliberalismo imperial, que no quiere otra experiencia boliviana, basada justamente en la recuperación de la historia por los movimientos sociales. Estos largos procesos que constituyen la consolidación de movimientos sociales son el motor de la historia y son inmortales por ser inherentes a la vida misma.

Este desprecio por la “plebe en acción” desde hace 8 años, ha tenido en algunos medios de comunicación un vocero implacable, estos medios se han convertido en Policías, Fiscales y Jueces, escudados en la “libertad de prensa”.

Estos medios exhuman el pensamiento colonial y reflejan, como señalamos antes la ideología racista, que es como señala Van Dijk “un sistema de poder”, se constituyen así en defensores de viejo sistema de poder.

Por las particularidades del proceso boliviano, convivimos con los viejos mecanismos burocráticos liberales, caracterizados por las jerarquías y la ausencia de mecanismos de control y consulta, por otra parte, existen experiencias de gestión que ponen en práctica el control social y la consulta, uno de esos ejemplos son los municipios del Chapare, donde la rendición de cuentas es una costumbre.

Esta compulsa entre estas dos formas de gestión burocrática, es un reflejo de las contradicciones que tiene todo proceso de cambio, es en ésta dinámica que se conjugan las ideologías, los hechos facticos, las apariencias y las limitaciones humanas.

Los pueblos originarios, con su milenaria resistencia, no han sido ajenas a la ideología individualista y de rápido enriquecimiento, esta es una batalla personal entre la honestidad y el beneficio indigno. No debemos olvidar que es el sistema capitalista que nos ha convertido en esclavos del dinero, del supuesto prestigio que concede.

Queda demostrado que las viejas prácticas de una burocracia política neoliberal ha penetrado y corroído el sistema comunitario de poder, algunos dirigentes se han coteado puestos en la administración pública, se han servido de ella y lo que resta es que el peso de la Ley tanto de la comunidad como del Estado jurídico caiga sobre ellos.

El flagelo mundial de la corrupción, debe ser derrotada, desde adentro, desde esos pequeños dispositivos de poder proclives a la corrupción.

El sindicar a dirigentes o a líderes de los movimientos sociales por cualquier hecho ilícito no necesariamente nos debe llevar a definir que es el propio movimiento o agrupación social, que ha cerrado su ciclo y, consecuentemente, que haya acabado su misión, su tarea política y orgánica tras haber apostado con plena convicción en las otras causas históricas.

El deseo del fin de la historia, del fin de los movimientos sociales proclamado por un confeso enemigo de este proceso, no solamente es un lapsus de su ideología, sino una afirmación de su compromiso con el pensamiento único, deslegitimando alguna pose neutral, al momento de oficiar de periodista.


* Camilo Katari, es escritor e historiador potosino

Be the first to comment

Deja un comentario