noviembre 24, 2020

La cuestión del Fondo Indígena, más allá del posicionamiento mediático

por: Vidal Amadeo Laime Humerez

Una distinción necesaria

La labor periodística es encomiable, pues, gracias a ella, temas que están ocultos o que son invisibilizados por la agenda pública, salen a luz. Hechos irregulares son ventilados y pueden ser expuestos ante la opinión pública. Sin embargo, en ocasiones la cobertura mediática refleja una serie de interpretaciones, las cuales no necesariamente están en lo cierto. Me explico…

El escándalo desatado a raíz de la detección por parte de la Contraloría del Estado sobre presuntos manejos irregulares al interior del Fondo Indígena [1], de acuerdo al informe publicado por esta entidad, estima que el daño económico al Estado alcanzaría la cifra de Bs. 71 millones [2].

A todas luces, este hecho de corrupción es condenable. Por ende, los directos responsables deben asumir su responsabilidad. Semejante desfalco no puede quedar impune. Son las instancias llamadas por ley las que deben esclarecer este hecho y castigar a los culpables.

Claramente, aquellos funcionarios que despilfarraron recursos públicos provenientes del Fondo Indígena antepusieron sus intereses personales por encima de las necesidades de las naciones y pueblos indígenas originarios. Además, expusieron groseramente a las organizaciones sociales a una situación en la que, equivocadamente, se compromete su imagen institucional como tal.

En otras palabras, se comete el error de estigmatizar a las Organizaciones Sociales [3], “colectivamente”, con la bandera de la corrupción, asociándolas tendenciosamente con este mal, sin fijarse, que los que cometieron tal felonía son sujetos individuales.

En este sentido, durante las últimas semanas este tema ha sido objeto de reflexiones de diverso orden. Simultáneamente la palestra mediática atiborró por todos los canales posibles esta noticia. No estoy en contra de eso. Pero, tengo mis reparos, pues discrepo de los argumentos en los que se afirma que las organizaciones sociales rigen su accionar bajo el manto de la corrupción.

El actual contexto se mueve en función de criterios que generalizan, tergiversan y desdeñan al movimiento indígena–campesino. Pero por lo más irrisorio es que durante las últimas semanas se escuchó declaraciones que apuntan a enunciar nocivamente premisas que decantan fatalidades insalvables, tales como:

“Ha llegado el fin de los movimientos sociales”; “Ha fracasado el experimentalismo estatal y la llamada descolonización”; “El Gobierno abandonó a su suerte a las ocho organizaciones campesinas–originarias–indígenas”; “En el Fondo Indígena la corrupción es moneda corriente”; “El Fondo Indígena sólo ha servido para cooptar a representantes de pueblos indígenas originarios campesinos”, etcétera.

Al margen de que las declaraciones enunciadas claramente tienen una intencionalidad política, dichos argumentos platean reducir la valía de estas organizaciones e intentan posicionar en la opinión pública una imagen perniciosa en la que explícitamente se apunta al movimiento indígena–campesino como responsable colectivo.

Tales afirmaciones, no sólo son excesivas sino que caen en lo absurdo. Por tal razón, debo protestar, pues se ha mancillado el honor y la dignidad del Movimiento indígena–campesino, reduciendo su importancia y el peso específico de este sujeto histórico, comparándola fácilmente con el accionar de viles delincuentes.

Se olvida infaustamente la larga resistencia que estos pueblos entablaron en contra del dominio colonial. Se olvida que la segregación racial y estamentaria fueron combatidas por ellos durante la vigencia de la República, cuando ésta pretendía implantar desde el Estado medidas que intentaban suprimir la existencia misma de estos pueblos [4]. Se olvidan las masacres de las que fue objeto el movimiento indígena–campesino. Con esta embestida mediática se alimenta el odio, racismo y la más vergonzosa discriminación [5].

Pero, lo que no se puede olvidar es que estos hechos provenían desde la clase política que gobernó el país durante mucho tiempo (casi dos siglos). Intentar borrar de un plumazo este cúmulo de sucesos, seria negar la historia.

Por eso es preciso hacer una clara distinción entre el sujeto histórico que ha asumido la vanguardia de este proceso y el accionar de personajes nefastos que antepusieron sus interés personales, por encima del interés colectivo. Subsanar las sindicaciones expresadas comprometen años de esfuerzo y vigilancia. El daño está hecho.

Más allá del posicionamiento mediático: “Sísifo como elemento de análisis”

La identificación de irregularidades en el manejo del Fondo Indígena no debe solamente enfocarse en develar a los posibles responsables, sino debe ir aparejada fundamentalmente en determinar si estos recursos fueron utilizados estratégicamente.

Pensar más allá del posicionamiento mediático implica detener un momento el análisis y evaluar lo realizado hasta ahora. Cabe preguntarse si: ¿los esfuerzos depositados en el diseño y elaboración de los proyectos del Fondo Indígena fueron ejecutados sujetos a una orientación que priorice estratégicamente las necesidades de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos?

Sobre ese punto, el año 2011, la Fundación Jubileo [6] presentó un reporte en el cual recomendaba atender aspectos que hacían referencia al manejo y destino que se le estaba dando a este Fondo.

Quizá sea útil retomar el debate sobre elementos ya identificados y empezar a perfeccionar los mecanismos actuales. Indudablemente, es preciso actualizar la información sobre la cuestión del Fondo Indigna. Sin embargo, no menos importante es rescatar algunas conclusiones arribadas en el susodicho reporte, en el cual señalaba lo siguiente (sólo me permito señalar algunos aspectos):

a. El Fondo Indígena es resultado de un largo proceso de lucha y reivindicaciones sociales de los pueblos indígenas, naciones originarias, comunidades campesinas, comunidades interculturales, así como la alianza con otros sectores sociales, para mejorar su situación de pobreza y desarrollo. Lamentablemente, son pocos los casos de proyectos aprobados que tienen una visión de desarrollo a largo plazo que fomente un proceso de generación de valor agregado de desarrollo de actividades productivas y creación de empleos permanentes.

b. Destinar recursos para demasiados proyectos divide el monto de proyectos “atomizando” la inversión. Esto generaría, además, dificultades y más recurso técnico para el seguimiento, evaluación y fiscalización de esos proyectos.

c. La demanda de proyectos, en su mayoría, no tienen interrelación con planes de desarrollo regional o local, lo que podría implicar otra forma de dispersión de los recursos públicos.

d. Los gobiernos municipales, desde la Ley de Participación Popular, arrastran dificultades en la ejecución de proyectos y manejo de recursos. Se espera que esta situación no se repita para el caso de este Fondo, considerando la poca experiencia de las organizaciones ejecutoras y beneficiarias en el manejo de recursos y gestión de proyectos.

En suma, el reporte indica que no se prioriza estratégicamente las necesidades apremiantes; existe una elevada cantidad de iniciativas a ser ejecutadas, lo cual disminuye su impacto. El hecho de no engarzar los proyectos con los objetivos de los distintos niveles de gobierno difumina su efectividad. Finalmente, la poca experiencia en el manejo de recursos públicos dificulta su ejecución. Así también, se señala que si los gobiernos municipales atraviesan con dificultades en lo que respecta a su ejecución presupuestaria, es de esperar que este Fondo corra con la misma suerte.

De ser evidente estas apreciaciones y de seguir este rumbo sin modificación alguna, me temo que los esfuerzos destinados se asemejan infelizmente al calvario que padeció Sísifo. A. Camus [7], en “El mito de Sísifo” relata que los dioses habían condenado a Sísifo a hacer rodar sin cesar una roca hasta la cima de una montaña, donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con alguna razón que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza. Sísifo se desvive en un esfuerzo vano, intrascendente, infructuoso y sin resultado alguno.

Temo que al igual que Sísifo, el cual se funde en un esfuerzo que no lo lleva a nada, el Fondo Indígena corra la misma suerte. En ese sentido, es importante partir de un diagnóstico que evalué no sólo el destino y la identificación de los proyectos en marcha, bajo parámetros de eficiencia y eficacia (análisis financiero), sino encontrar los mecanismos adecuados para institucionalizar este Fondo. Es decir, priorizar necesidades estratégicas de mayor envergadura antes que dispersar y aminorar el impacto que pueda se pueda alcanzar (pensamiento estratégico).

Lo importante acá es evitar que los recursos públicos de los cuales dispone este Fondo no sean objeto de malversación, desfalco y despilfarro, pues esta situación es semejante o igual a la de Sísifo: esfuerzo vano, intrascendente, infructuoso y sin resultado alguno.

Un principio en economía dicta que las necesidades son infinitas y los recursos son escasos. Ante esto, en lo que concierne a la cantidad de los recursos que dispone el Fondo Indígena, surgen interrogantes que se no pueden pasar por alto: ¿será prudente seguir dispersando los recursos que dispone el Fondo Indígena en micro proyectos? O por el contrario, ¿hay que concentrar los recursos de este fondo en proyectos de mayor envergadura?

La disyuntiva se encuentra entre mayor cobertura “menor impacto”: proyectos que están en consonancia con las múltiples necesidades de las organizaciones sociales; o, menor cobertura “mayor impacto”: proyectos que bien podrían concentrarse en alcanzar la “Revolución Productiva” comunitaria y agropecuaria [8] y de este modo conseguir la tan ansiada soberanía alimentaria, acelerando de esta manera la concreción de los objetivos planteados en la agenda 2025.

Acertadamente uno de los planteamientos del gobierno (además de haber tomado la decisión de intervenir el Fondo Indígena) está en asumir el desafío de reestructurar dicho Fondo. La restructuración es un paso sumamente importante en el sentido de ir encontrando equilibrios que corrijan las falencias encontradas. Todo en aras de erradicar la fragilidad institucional que envuelve al Fondo Indígena.

Empezar a reflexionar si estos recursos contribuyeron efectivamente en el fortalecimiento y atención de las necesidades de los pueblos y naciones indígena originario campesino es un proceso aparejado con la reestructuración, la intervención, la investigación y la consolidación de una institucionalidad capaz de esquivar y suprimir la tentación que representa la corrupción.

Considero que indistintamente de lo que podría pensarse sobre la corrupción, ésta posee garras que atraen, seducen y atrapan. El punto acá es encontrar el método para evitar que este flagelo vuelva a generar controversia, no sólo en este tema sino en otros en los que precisamente esté involucrado el manejo de recursos públicos. Virar en la posibilidad de encontrar ese método requiere apoyarse en experiencias de otros países, investigaciones sobre el tema y diagnósticos internos. La tarea es ardua.

Por último, así como era necesario realizar una clara distinción entre el sujeto histórico y los sujetos individuales era preciso ir más allá de la atención mediática, en tanto estos recursos representan una conquista ganada por la lucha tenaz contra una condición de subyugación y discriminación. En ese sentido, si bien es importante concentrar la atención en el uso trasparente, responsable y adecuado de estos recursos, más importante aún será dotarle de un sentido estratégico.


* Estudiante de Ciencia Política en la UMSA

1 Para mayor precisión la denominación de correcta es: El Fondo de Desarrollo para los Pueblos Indígenas Originarios y Comunidades Campesinas (FDPPIOYCC).

2 De acuerdo al informe de la Contraloría, se estima que el daño económico al Estado es de Bs 71 millones en 153 proyectos fantasma. Otros 100 proyectos que recibieron Bs 74,6 millones no cerraron de manera formal su labor, por lo que no se tiene constancia de su ejecución, y 169 no tienen el “cierre” correspondiente, pese a que recibieron el 100% de los recursos: Bs 132 millones.

3 Entre las organizaciones que de acuerdo al Decreto Supremo Nº 28571 forman parte del directorio del Fondo Indígena están: la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG), la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB), la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia Bartolina Sisa (CNMCIOB-BS), la Confederación de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB), la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales de Bolivia (CSCIB), el Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ), la Coordinadora de Pueblos Étnicos de Santa Cruz (CPESC) y la Coordinadora de Pueblos Étnicos y Mojeños del Beni (CPEM-B).

4 Se hace referencia a Ley de Ex – vinculación.

5 Algunos ejemplos son: Jesús de Machaca, Epizana, Tolata y Mizque.

6 Fundación Jubileo. Reporte de Coyuntura Nº 15, agosto 2011.

7 CAMUS Albert. El mito de Sísifo, Editorial Losada, Buenos Aires, Alianza Editorial, S.A., Madrid, Tercera Edición, 1985.

8 Ley Nº 144 Revolución productiva comunitaria agropecuaria

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