diciembre 1, 2020

La última jugada de Estados Unidos

por: Rudy López González

A los Estados Unidos se le agotaron las alternativas políticas (encubiertas) y ha emprendido el ataque directo y más agresivo contra Venezuela, declarándola como una amenaza para la primera potencia militar del mundo. La expresión sorprendió a todos, pues el pequeño país de 30 millones de habitantes no podría jamás ser visto como una amenaza de ningún tipo para la gran potencia mundial. De esta manera, el país caribeño pasa a engrosar la lista de estados asediado por EE.UU., que acusa a Venezuela de violador de los derechos humanos pretendiendo aplicar su modelo de democracia que el país del norte pregona a punta de balas y sangre. Y es que esta vez no ha identificado como enemigo solamente a Nicolás Maduro y al chavismo, ahora el enemigo para Estados Unidos es toda Venezuela.

Saben que intentar derrocar al gobierno bolivariano por medio de la guerra económica y de la manipulación mediática no les ha funcionado. Tampoco les ha servido financiar a la oposición venezolana a través de más de 40 organizaciones injerencistas, que en lugar de cumplir metas se destruye a sí misma y hoy por hoy cuenta con una baja aprobación e identificación por parte de la sociedad que no responde a sus convocatorias a marchar y que sólo cuenta con un gran aparato mediático mundial y una particular plataforma opositora en el exterior que controla un porcentaje de dichos medios. Esa derecha dividida y sin un proyecto común de país que interpele a las grandes mayorías no ha podido ocupar un espacio importante dentro de la sociedad. Por lo tanto, la arremetida esta vez es llevada a cabo sin intermediarios, sin secretos, sin pactos a escondidas. Esta vez la ofensiva es clara y en primera persona. Obama contra Venezuela.

Pero esta declaración no es solamente en contra de Venezuela. Esta declaración es en contra de toda Latinoamérica. Desde que Hugo Chávez asumió la presidencia Venezuela se transformó en un dolor de cabeza para el país del norte. No sólo por el control estratégico de los recursos energéticos, sino también por el despertar de nuevos procesos en el sur. Existe un antes y un después de Chávez en Latinoamérica y Estados Unidos lo conoce muy bien, sabe que destruyendo un paradigma, todos los demás podrían caer.

Pero, ¿por qué hacer una declaración tan directa y agresiva? A la Casa Blanca y a la clase económica dominante (transnacionales, banqueros, etc.), se les acabó la paciencia. Ven cómo su “patio trasero” se levanta con dignidad y valentía, se une ante la adversidad y se compromete a defender la declaración de paz de América Latina. Por su parte, la semana anterior, el gobierno de Estados Unidos reclamó la autorización de su congreso para declararle la guerra a cualquier país que considere amenaza para la estabilidad de su territorio, sin alguna lógica coherente, sin respeto a la vida y la razón.

Con Venezuela perdieron el control, la conspiración en su contra tiene que ver con frenar el desarrollo integral de Venezuela con respeto a la madre tierra y en defensa de los humildes, utilizando para esto la propia riqueza que yace en su territorio. La hegemonía de EE.UU. está en entredicho en estos momentos. Con la declaración de amenaza que pesa sobre Venezuela más allá de Latinoamérica, ven como el mundo se configura como lo visualizó el Comandante Chávez hace unos años desde una perspectiva multicéntrica y pluripolar, mientras que la visión unipolar de los Estados Unidos pierde espacios y entra en crisis.

En este mismo despertar latinoamericano han hecho frente a la agresión varios presidentes como Correa, Ortega, Castro y Morales, además de varios partidos políticos y movimientos sociales de la región que se han pronunciado en irrestricto apoyo a Venezuela. La propia UNASUR, que se reunía en Caracas para mediar entre el gobierno y la oposición, deja claros tres puntos: 1) “UNASUR no avalará cualquier intento de interrumpir la democracia en Venezuela”; 2) “todos los estados de UNASUR, sin excepción, rechazarán cualquier intento de desestabilización democrática de orden interno o externo que se presente en Venezuela”; 3) “las elecciones parlamentarias son el mejor medio para dirimir las diferencias”.

Tal y como dijo el primer mandatario venezolano, Obama ha decidido entrar en el mismo callejón de desprestigio que Nixon y Bush hijo. Quien ayer era visto como un pequeño cambio para EE.UU., hoy es despreciado como el presidente que promovió las guerras en medio oriente, que apoyó una matanza contra Palestina, que ha generado las mayores tensiones en el mundo. El Obama de Chicago, aquel que defendía los derechos civiles, ya no existe. Ahora sólo queda el Obama que defiende los intereses de los banqueros y transnacionales. Quienes pensaron que su color de piel era un elemento de convicción, erraron dramáticamente.

Sus estrategias contra Venezuela tienen el mismo tono que las apañadas durante el siglo XX, con cierto tinte a Pinochet, Videla y Banzer. Al igual que Nixon hizo chillar la economía chilena durante los 70, Obama intenta ahogar el grito revolucionario de Venezuela. Comienza ahora una avanzada más aguda que el presidente Correa calificó como “restauración conservadora”. La guerra mediática se ha intensificado y ya vemos como algunos medios tratan de restar importancia a la declaración de la Casa Blanca, argumentando que no es una amenaza de guerra sino un mero formalismo para aplicar las sanciones. En el mismo ámbito se tildan de paranoicas las declaraciones del gobierno venezolano que acusa al vecino del norte de orquestar un golpe de Estado e incluso preparar una invasión militar (declaraciones de Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional, el 9 de marzo). USA está involucrada en operaciones militares en al menos 74 países del mundo.

La decisión tomada por EE.UU. denota la poca esperanza que existe tanto en la oposición venezolana como en la Casa Blanca de una pronta victoria electoral, ya que todo esto se produce a meses de las elecciones parlamentarias y a un año de poder aplicar un referendo revocatorio constitucional que pueda ser sugerido por la ciudadanía. Detrás de estas declaraciones donde Venezuela es calificada como amenaza y las posteriores estrategias a tomar, hay tanto intereses políticos como intereses económicos.

La unidad latinoamericana se hace necesaria en estas horas. La UNASUR se reunirá de emergencia para tratar el tema y en toda la región surgen voces de hermandad que al grito de “Venezuela no está sola” fijan el apoyo irrestricto no sólo a un proceso revolucionario, sino que a un país hermano que sufre una agresión que pone en riesgo su democracia y su soberanía. Gracias a los esfuerzos integradores de los últimos años, vemos una región que se muestra cohesionada y actúa en bloque para defender la paz y la estabilidad de cada uno de sus miembros.

Dentro de Venezuela el pueblo y el gobierno trabajan unidos demostrando, una vez más, que ante cada arremetida es la unidad y la lucha lo que permite que sigan creciendo y siendo dueños de su propio destino. Un pueblo consciente de que hoy tienen una patria más digna y entiende que dar un paso atrás significa perderlo todo. Se pensó que toda la revolución dependía de Chávez y que sin él todo acabaría, pero se equivocaron. Se especulaba que ahogando la economía el pueblo demostraría su descontento, se equivocaron. La revolución depende de cada venezolano y el descontento no tiene cabida en la alegría de vivir que tiene cada ciudadano.

Es en estos momentos en que vuelven a resonar en la mente de muchos las palabras de Chávez desafiando al imperio. Podría terminar este artículo con mil frases dichas por el Comandante, pero sólo me quedo con aquella memorable sentencia: “que vea el mundo cómo brilla la luz del pueblo de Simón Bolívar”. El cambio en América Latina ya comenzó y no se detendrá ni con amenazas ni conspiraciones. Hace más de treinta años no tenía nuestro continente motivos para convocar bajo una sola bandera a la unidad y hoy se ha unido por Venezuela, por la dignidad inviolable de la Patria Grande.

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