noviembre 29, 2020

Literatura de la cinematografía boliviana

por: Sergio Zapata

La pregunta que gobierna algunos debates tangenciales sobre cinematografía y creación de imágenes en movimiento usualmente se ancla a la interrogante sobre la conciencia del realizador en tanto sujeto creativo, por lo que se deriva la pregunta hacia la verificación, ciertamente dudosa, sobre si ¿el cineasta en Bolivia piensa?

Tendenciosa pregunta, sin embargo, es menester articular la pregunta con la actividad, consciente, del autor en tanto cineasta, por tanto un autor es aquel individuo, provisto de elementos teórico técnicos que construye imágenes, formas, narrativas, elementos conexos articulados a favor de una idea. En otras palabras, cineastas que tengan ideas, que estén pensando tanto en el contenido como su tratamiento formal, su representación.

Pero no nos detendremos en algo tan bizantino como saber si los cineastas y creadores de imágenes piensan o no, si los objetos creados por estos son pensados.

Los últimos diez años de la cinematografía boliviana se caracterizan por tres elementos relevantes: la democratización de la producción de imágenes, cuyo circuito de distribución es el mercado paralelo; la irrupción y consolidación del cortometraje como soporte arriesgado; y, la proliferación de espacios de discusión y crítica cinematográfica. (Existen otros fenómenos colaterales a la cinematografía respecto a la década anterior, como la apertura de salas y la presencia de festivales o muestras de cine).

Nos aproximaremos a la última década pues, desde 2005, se sucedieron publicaciones impresas exclusivas del quehacer cinematográfico: “Fotogenia”, “Nación cine”, “En la esquina de la cinemateca”, entre otras, cuyos objetivos fueron lo de formar públicos y generar espacios de crítica cinematográfica.

Asimismo, la irrupción de portales web y blogs fomentaron la práctica de la discusión, intercambio y controversia en torno al cine; es así que “Aullidos de la calle”, “Utopos”, “Palabras más”, “La mala palabra” y “Cinemas cine” orientan su atención sobre el cine y, de manera intuitiva, a las nuevas imágenes que se producen y circulan en salas comerciales, piratería e internet. Lo cual tuvo el efecto inmediato sobre la prensa escrita: el retorno de la crítica de cine a los medios masivos impresos y no al revés, como es usual en los países vecinos.

Los libros (publicados en Bolivia)

Si bien se puede relativizar la proliferación, rigurosidad y calidad de las películas bolivianas de esta década, la producción intelectual respecto a este objeto sorprende por su continuidad y diversidad. Varios de los libros con los que contamos hoy son deudores de tesis, investigaciones independientes, artículos y compendios.

Este recuento de la década inicia con un documento fundamental: “El lenguaje de las historietas y le cine”, del extinto padre Luis Espinal, libro recuperado que recién vio la luz a 25 años de su asesinato.

En 2007, Leonardo García Pabón en: “Alegorías nacionales en la literatura y el cine en Bolivia” intenta deconstruir el indigenismo en la obra de Jorge Sanjinés. Ese mismo año se publica la memoria del: “Encuentro de cineastas sub 40”, el cual aglutina ponencias de los cineastas de mediana edad de la década.

El año de mayor proliferación de libros fue el 2009. “Manual de continuidad cinematográfica” de Oscar Durán es un compendio didáctico sobre el cuidado y la atención del tiempo y el espacio en la puesta en escena, es decir, la continuidad. Ese mismo año la extinta revista “Alejandría” convocaba al primer concurso de ensayo y el premio fue otorgado a José Murillo con la impresión: “El espectador”, un collage de recuerdos juveniles entre películas, actores y mujeres en la vida del autor. También en 2009 Santiago Espinoza y Andrés Laguna publican: ”El cine de la nación clandestina”, una interpretación de la cinematografía boliviana de los últimos 25 años, donde reúnen piezas fílmicas por temas, formas, contenidos y la relación del cine con la constante que gobierna la cinematografía boliviana, la idea de nación. Estos mismos autores, en 2012, publican: “El cine es una cuestión de fe”, colección de críticas y aproximaciones teóricas a una treintena de filmes de las últimas tres décadas.

En el periodo atendido, Fernando Martínez publicó entrevistas en forma de libro bajo el rotulo: “El cine según”, donde entrevistó a Paolo Agazzi y Antonio Eguino. Lamentablemente el proyecto quedó trunco por la temprana desaparición del autor. Este proyecto pretendía entrevistar a varios cineastas bolivianos.

En 2012, la revista “Cinemas cine” publicó: “Insurgencias, acercamiento critico a Insurgentes de Jorge Sanjinés”, compendio de textos de quince autores; y, en 2014: “Extravío, acercamientos críticos a Olvidados”, el cual recoge textos sobre la controversial y comentada película.

En 2014, Alfonso Gumucio Dagron, uno de los pensadores del cine más prolíficos presentó: “El cine comunitario en América Latina y el Caribe”, exponiendo experiencias, metodologías y condiciones de producción de estos cines en la región.

Lo propio hizo Claudio Sánchez presentando: “Los aviones en el cine silente boliviano”, un documento que recorre las relaciones entre los dos inventos que redescubrieron al país en inicios del XX, el cinematógrafo y el avión.

Pero, uno de los proyectos más ambiciosos supuso: “12 películas fundamentales”, donde en un sólo libro se compendia la historia del cine boliviano, “El cine silente boliviano” de Susz, “El cine boliviano 1949–1964” de Gumucio, “El cine boliviano” de Carlos Mesa y capítulos de Espinoza y Laguna. También contiene monografías de las 12 películas fundamentales de nuestro cine.

El 2015 se inaugura con la presentación de las obras completas de Pedro Susz, intituladas: “40/24 Papeles de cine”, cuatro libros donde pasa revista a entrevistas, criticas, reseñas y añade una libro donde despliega sus facultades creativas como teórico.

Existen varios títulos no publicados en Bolivia sobre el cine nacional, los cuales no están en este recuento, como también existen centenares de textos en forma de artículos, tesis, monografías, memorias que intentan pensar este objeto escurridizo como es el cine boliviano.


* Sergio Zapata, es crítico de cine.

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