noviembre 25, 2020

La vida jugando

por: Carla María Ariñez Sanjines

Hablemos del cuento de W.W. Jacobs: Pata de Mono. Personalmente es un cuento que me gustó mucho ya que disfruto de los cuentos de terror.

El cuento arranca con un padre e hijo jugando ajedrez. El padre comete un error fatal y trata de distraer al hijo intentando que no lo note. Lastimosamente no tiene éxito y ese error, ese descuido, como consecuencia, le cuesta la partida.

Me parece interesante analizar el cuento desde la idea del ajedrez porque no sería la primera vez que se entiende la vida como un juego. Una secuencia de movimientos, una estrategia inconsciente que nos ayuda a determinar nuestras acciones previendo las posibles reacciones o consecuencias.

Jacobs comienza el cuento con esta idea del ajedrez y el descuido del padre y así entra directamente a ponernos en alerta sobre el error del padre o su falta de atención a la hora de medir las consecuencias de sus acciones.

Con esta introducción, el autor trata de advertirnos, hasta cierto punto, de lo que vendrá. El juego entre el deseo y las consecuencias. Una pata de mono –como la lámpara de Aladino– capaz de complacer los deseos y las consecuencias que vienen con el cumplimiento del deseo. El momento en que el padre pide su primer deseo efectivamente no ha medido las consecuencias y pide el dinero que tiene como efecto secundario la muerte de su hijo.

Ahora veamos la idea de los deseos y las consecuencias. Creo que inconscientemente día a día nos enfrentamos a patas de mono que nos dan la opción de desear algo más allá de lo que eso pueda implicar o tener como consecuencia. Pensemos por ejemplo en la idea de seguridad. Está claro que todo el mundo desea vivir en una sociedad tranquila y segura. Sin violencia ni delitos. Ahora bien muchas veces esta seguridad ciudadana viene acompañada de extremo control, de abuso policial y de restricción de la libertad.

Un ejemplo que me viene a la cabeza es la Ley Mordaza que se ha aprobado en España recientemente. Se trata de una ley que retorna en muchos aspectos a la época de la dictadura y otorga grandes ventajas al simple criterio de los policías. Un policía puede disolver un grupo de 5 personas si él considera que éstos suponen una amenaza. Los policías pueden tomar fotos o grabar manifestaciones, pero los manifestantes no pueden hacer lo mismo ni siquiera para registrar un caso de violencia o abuso policial. Eso sí, las calles están más seguras y tranquilas pues los policías pueden pedir la documentación a quien les dé la gana por un “quítame allá estas pajas” o por tener la mirada de que va a hacer algo malo. Me pregunto: ¿Cuál será la mirada de hacer algo bueno que ellos no toman en cuenta?

Con esta idea de la seguridad también podemos ir al campo internacional. La seguridad y la guerra contra el terrorismo. El mundo desea que no hayan más atentados y frenar a ‘esos extremistas islámicos’ o ‘terroristas’. Ahora bien: ¿Qué es lo que eso supone? Vivir en una sociedad del miedo donde el vecino te puede acusar de terrorista y donde ya no se tiene ningún tipo de privacidad. Nos tienen monitoreados con la excusa de que es por seguridad y nadie dice nada. Miren cómo le fue a Snowden que trató de abrir los ojos de la gente.

Se pueden pensar en muchos ejemplos de deseos con consecuencias o con efectos secundarios. Me parece interesante también ver un detalle más del cuento de Jacobs. A pesar de que el hijo muere, el padre no se deshace de la pata de mono. Ese amuleto que le ha traído una desgracia tan grande, sigue guardado en su casa, por si acaso. Quizás esperando el momento en el que esté tan desesperado que tenga que usar los dos deseos restantes. Creo que inconscientemente sabemos que patas de mono nos rodean, que hay deseos muy caros y que el precio nos puede llevar a la perdición pero preferimos esas consecuencias por el simple hecho de poder seguir deseando. Supongo que se trata de una libertad condicionada que en nuestro imaginario sigue siendo libertad.

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