diciembre 5, 2020

De la crisis a la Revolución Universitaria

por: Edmundo Juan Nogales Arancibia

La universidad pública, máxima casa de estudios del pueblo, sustentada con recursos del pueblo no ha llegado responder a las necesidades de nuestro tiempo. Sus mejores años se vieron a fines de los 60 cuando surgió un movimiento por la revolución universitaria, cuyos dirigentes luego se incorporaron en la guerrilla de Teoponte en 1970, y que por las difíciles circunstancias terminaron muriendo allí. Luego en la lucha contra la dictadura, cuando los dirigentes universitarios llamados por la vocación de servicio al pueblo no dejaron atrás la resistencia contra la opresión del sistema y de los dictadores. Con aquellos antecedentes del movimiento universitario, pretender ver a URUS como imagen de aquellos tiempos es insultar nuestra historia.

La situación en la UMSS expone lo que no se quiere ver de la Universidad, por un lado un estamento docente con mentalidad oportunista y colonial que ha logrado adueñarse de nuestras casas de estudios convirtiéndolas en pequeños feudos contra un proceso de cambio que rechazan (en realidad, la mayor parte de los docentes que hoy tienen nuestras casas de estudio superior son fruto del periodo neoliberal, y esa vergonzosa casta ha expresado el más reprochable y vil acto ante el pueblo, intentando titularizarse en la cátedra de manera directa sin dar exámenes de competencia mediante una resolución emitida el pasado 7 de abril, a la cual se aferran y no muestran interés en renunciar).

Por otro lado, encontramos a la decadente dirigencia de URUS con los mismos dirigentes que por más de dos décadas se mantienen como la supuesta representación de un estamento que por naturaleza es joven, pero que en los hechos se ve relegado por aquellos grupos “radicales” que viven de la crisis y que poco o nada han hecho para solucionarla (desde hace mucho tiempo también son parte del problema, no les interesa mejorar el nivel académico de la universidad sino convertir los problemas en conflictos que desgasten al gobierno nacional, tampoco reconocen el carácter ideológico que se ha incrustado en la Universidad y pretenden decir que aquellos docentes son títeres del gobierno nacional con la intención de crear una consigna de enfrentamiento para ganar más protagonismo en escenarios externos a la Universidad).

Esta crisis es reflejo de nuestro tiempo

A partir de la imposición del neoliberalismo la Universidad fue víctima de un

golpe que continuó los asestados por la dictadura, pero el garrotazo de los 90 fue diferente, golpeó el modelo nacionalista de Estado que todavía existía, destrozó y entregó la poca industria y los recursos naturales al extranjero, mostró todo su rostro antinacional y de desprecio al pueblo boliviano.

Al privatizar el aparato productivo y reducir el Estado a una institución sin capacidad para intervenir en los asuntos económicos (entregados a los poderes transnacionales), se pretendió reducir al mínimo cualquier carga fiscal de la universidad e intentaron adecuarla a los principios de la ola neoliberal que por aquel entonces estaban de moda. Varios estudiantes de izquierda de aquella época se “transformaron” a la moda y hoy muchos de ellos son docentes que continúan defendiendo ese modelo entreguista desde su cátedra.

Pero el fracaso fue tal que ni siquiera lograron que la Universidad respondiera al modelo neoliberal que intentaban implementar, no lograron brindar aquellos “recursos humanos” que las empresas privadas buscaban y mucho menos aportaron a la producción de ciencia o tecnología; solo se preocuparon en la comercialización de la educación superior a través de la venta de maestrías y doctorados donde el único requisito es el dinero y no la capacidad. Como consecuencia surgen las universidades privadas ya que constantemente se intentó reducir cualquier “gasto” en la educación convirtiéndola en mercancía librada a la oferta y demanda, lo que permitió que surgieran gran cantidad de universidades e institutos de carácter privado, que entraron a la competencia en aquel mercado laboral.

Ahora aquellos docentes intentan convertir la mediocridad en privilegio al pretender lograr una titularización directa, y los grupos radicales que no tienen reparo en pactar con la derecha –que es el verdadero enemigo de clase- pretenden frenar cualquier posibilidad de transformación real, no buscan resolver la crisis estructural, solamente buscan caldear el conflicto para lograr una reelección y de aquí a dos años provocar más problemas para mantener la supuesta representación del movimiento estudiantil, muestra de eso es que no frenaron la aprobación de la ilegal resolución de titularización directa, sino que la miran con oportunismo para empoderarse de los derechos de los estudiantes y generar más crisis.

Pero, no todo es apocalíptico, estamos frente a una gran oportunidad para que el movimiento estudiantil asuma una posición crítica a lo que está sucediendo, reconociendo su rol en esta etapa para transformar la Universidad. Esto va más allá de una universidad y tiene que ver con todo el sistema universitario estatal, debemos encaminar este proceso hacia un Congreso Nacional de las Universidades Públicas, con verdaderos representantes estudiantiles y docentes, que no sean parte de la decadencia y la corrupción de las camarillas.

Debemos transformar la participación democrática universitaria, no hay centro de estudiantes en el cogobierno universitario que goce de legitimidad, puesto que el estudiante de base no participa en los procesos ya que estos son amañados y no permiten la participación real, debemos retomar la participación de los delegados y representantes de cada curso, que lleven la voz de cada estudiante, necesitamos verdaderas asambleas que lleven tras suyo un proceso de debate previo en cada aula, no podemos seguir dependiendo de comités electorales armados desde las mismas roscas estudiantiles que reproducen el circulo vicioso de los fraudes.

Necesitamos recuperar la Autonomía Universitaria de las castas docentes (que no son todos los catedráticos) y de las roscas estudiantiles (que no representan al movimiento estudiantil) que llevan décadas en la universidad, que no piensan vivir de su trabajo sino de la prebenda y corrupción en las universidades. Necesitamos recuperar la verdadera esencia del Cogobierno y de la libre cátedra sustentada en principios ideológicos y no en el oportunismo o el facilismo para aprobar una materia. Necesitamos una revolución desde adentro que permita abrir la universidad al pueblo. Necesitamos dignificar a la Universidad Pública boliviana como verdadera casa de estudios y fuente de conocimiento, ciencia, tecnología y pensamiento crítico.


*          Integrante de la Escuela Nacional de Formación Política, Abogado, Estudiante de la Carrera de Ciencia Política de la Universidad Mayor de San Andrés

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