noviembre 24, 2020

El retorno de la ortodoxia

por: H. Ernesto Sheriff B.

¿Por qué regresar a prácticas ortodoxas? Prebisch en 1982, con resignación escribía un artículo con el mismo título [1], explicando el retorno por múltiples factores (la influencia del poderoso gobierno de Reagan) pero especialmente por el fracaso de las políticas heterodoxas tanto en el centro como en la periferia.

En el centro, todos sabemos, la crisis del petróleo de 1974 implicó el destierro del paradigma keynesiano por casi dos décadas, el inicio de una seguidilla de gobiernos republicanos en Estados Unidos (donde se dice que siempre el último republicano es el peor) y sus correlatos ortodoxos en Gran Bretaña (Tatcher) y otros países centrales. El fracaso derivó en un cambio radical en la orientación de la política económica.

En la periferia el fracaso también llegó. Argentina, Brasil, Bolivia, Nicaragua y Perú ingresaron en hiperinflaciones en la década de 1980, en tanto que México, Colombia, Venezuela y Chile tenían sus propias dosis de fracaso. Cuando Prebisch se resignaba con el retorno a la ortodoxia, sólo Bolivia atravesaba una hiperinflación, el resto aún no había entrado aún a esa fase. Pero ya para inicios de los años 80 era inevitable un colapso y Prebisch lo sabía muy bien [2]. Así, Argentina entregó su destino al nefasto Carlos Menem, Nicaragua renunció a su revolución con Chamorro en el poder, Brasil daba la bienvenida al tristemente célebre Collor de Melho, Bolivia se entregaba a Paz Estenssoro y Banzer; Perú abrazaba a Fujimori y, México a los hermanos Salinas de Gortari (el uno presidente el otro “hombre de negocios”). El retorno a la ortodoxia (a la peor posible) fue producto del fracaso y se hizo con el beneplácito de las masas que votaron mayoritariamente por estos personajes.

Hoy, en Bolivia se detecta una tendencia ya notoria de un retorno a la ortodoxia. Se han anunciado una serie concesiones a favor de los latifundistas del oriente boliviano en la cumbre celebrada en el mes de abril, se han emitido medidas para poder explorar hidrocarburos en territorios protegidos, se ha mantenido a una gran cantidad de grupos empresariales lejos de la órbita tributaria (cooperativas, gremiales, constructores), se han revisado o reducido una serie de subsidios (el pan por ejemplo), se han multiplicado los encuentros con grandes inversionistas extranjeros, en fin, hay una serie de anuncios, medidas, intenciones, que muestran que dicho retorno ha dado inicio. La pregunta es por qué? Hay algún fracaso evidente que lo justifique? O es una salida ante algo que todavía no ha pasado?

Evidentemente en muchos campos de la economía los resultados acumulados de 9 años de gestión no han sido satisfactorios. La industrialización no ha llegado y tampoco se la puede acelerar como paliativo a la crisis, es decir, no llegó ni tampoco lo podrá hacer en los dos años difíciles que estamos viviendo. El desarrollo hidrocarburífero tampoco ha sido óptimo, si bien podemos abastecer nuestros contratos de exportación, no podremos hacerlo en una siguiente etapa si no se hacen descubrimientos de inmediato, es más, los intentos de llegar con gas a las poblaciones pequeñas están detenidos y el entusiasmo ha desaparecido, lo que se viene venir es exportar todo, y dejar el resto para el mercado interno, quedaron atrás los días en que se pensaba al revés. En la agroindustria los sectores más dinámicos fueron los orientados a la exportación (soya y quinua) en línea con los argumentos neoliberales. La soya casi no se consume en Bolivia y el precio de la quinua es ahora prohibitivo para las clases menos pudientes haciendo que el esfuerzo de la quinua sea solamente un típico fenómeno extractivista sin ninguna proyección en la soberanía alimentaria ni mucho menos. Las cooperativas mineras han degenerado en empresas privadas simples que eluden legamente impuestos con el ropaje de cooperativas y de paso, el cumplimiento de normas ambientales y sociales es ignorado dado el enorme poder que tiene este sector dentro del gobierno. Es más, como emergencia de la crisis este sector ha solicitado mayores privilegios y prebendas incluyendo “perdonazo” de deudas. Si seguimos repasando, la justificación estaría escrita sola.

Sin embargo, además de que sectores puntuales no tengan resultados esperados, es cierto que la renuncia al mercado externo tendrá su costo en la coyuntura actual. Tal vez, por eso, la desesperación del gobierno de encontrar sustitutos inmediatos a la merma en la entrada de divisas de los hidrocarburos.

El primer consejo al gobierno, es no desesperarse en vano. No se puede crear en un año de crisis un sustituto que no fue creado en 9 años previos de bonanza. Es muy arriesgado ya que su periodo de maduración es mayor a 2 años (lo que agravaría la posición financiera del Estado incluso con presencia de financiamiento externo) y posiblemente en la desesperación de crear nuevos proyectos se priorice alguno o muchos que no sean rentables en realidad.

Segundo, los cambios de paradigma producto de una coyuntura, son manifestaciones de inseguridad. En estos momentos el gobierno debe mostrarse responsable y coherente con lo que hizo anteriormente. Si hoy entrega concesiones después será imposible removerlas. Si se va a retornar a la ortodoxia, todavía no es momento.

Tercero, toda la ciudadanía está expectante sobre lo que pasará con el shock externo que vamos viviendo. El gobierno es una fuente de información pero también es un gestor de la seguridad económica. Lo que haga o diga el gobierno es una señal para el consumidor y el inversionista promedio. La señal que dio hasta el momento el gobierno es pánico; todos están tranquilos (porque la situación no parece mala) excepto el gobierno que empieza a dar concesiones por aquí y por allá, dando la señal de que tal vez las cosas no estén tan bien. La administración psicológica de los shocks externos es un reciente desarrollo de la psico-neuroeconomía que nos muestra el rol central de los gobiernos en guiar las expectativas y percepciones de los agentes económicos.

Ojalá que el balance de la historia no califique este proceso como una oscilación fuerte pero convergente alrededor de la ortodoxia neoliberal.


1 Prebisch, Raúl. 1982. El retorno de la ortodoxia. Pensamiento Iberoamericano No. 1. Pp:73-78.

2 El caso chileno es digno de estudio ya que en 1973 había implementado un sistema ultra ortodoxo que hizo crisis en 1982 con un boom de construcción seguido por una caída en sus precios de exportación que lo mantuvo sumido en una recesión de casi 4 años. Ante el fracaso, sin ningún tipo de remordimiento, el gobierno de Pinochet retrocedió en sus postulados y abrazó un modelo de economía mixta vigente hasta hoy en día a pesar del retorno a la democracia en 1989.

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