noviembre 25, 2020

Noticias de un “paticojo”

Belaunde, cuyo rostro es tan o más conocido que el del astro argentino Lionel Messi, alcanzó a comunicarse con la prensa de su país poco después que el presidente de Perú, Ollanta Humala, pusiera, como en el viejo oeste (¡wanted¡), precio a su cabeza.

El empresario peruano Martín Belaunde, jugaba el jueves al ratón y al gato, en ese orden, con las policías de Perú y Bolivia, países en los que, además de Brasil, se presume se halla desde que se evadió el domingo último de una casa en La Paz donde cumplía arresto domiciliario.

Después de decirle el martes a medios de su país que no se había fugado de Bolivia y que, por el contrario, le habían secuestrado, Belaunde, de quien no se sabe si permanece en territorio boliviano, como desde enero último, o si cruzó la frontera rumbo a su país, podría haber ingresado ya a territorio de Brasil.

Enclavada en corazón geográfico de Sudamérica, Bolivia comparte 7.000 km lineales de frontera con Brasil, Argentina, Perú, Chile y Paraguay, la mayor parte de ellos porosos.

Valiéndose de los medios de comunicación bolivianos y peruanos, el empresario, que es perseguido en Perú por peculado, pese a no haber sido jamás funcionario público, ha conseguido marear la perdiz hasta al sabueso más listo de ambos países.

Bolivia vigila toda, o lo que más puede de ella, de su frontera andina con Perú, pero la posibilidad alertada por el exministro de Gobierno, Hugo Moldiz, que se le haya visto por última vez por una población que conecta los contrafuertes de los Andes con la cuenca amazónica, en el noroeste del país, avisa que pudo haber puesto rumbo al selvático departamento Beni y, desde allí, cruzado ya al Brasil.

En momentos en que todos, medios incluidos, principalmente peruanos, desarrollan dotes de Sherlock Holmes criollos, el abogado brasileño, Fernando Tiburcio, amigo filial de los bolivianos que se dicen perseguidos políticos y sobre quienes pesan cargos por fuertes contravenciones a la ley, ha dicho que Belaunde tomó contacto con él.

El solo anuncio plantó la hipótesis y los medios peruanos supusieron que Belaunde está ya en Brasil desde donde hará un palmo de narices a policías, investigadores y jueces bolivianos y peruanos antes de mimetizarse entre 160 millones de brasileños.

“Él estaba bastante preocupado con todo, con su seguridad. El tema central fue ese (la familia). No creo que Belaunde venga a Brasil”, dijo empero en entrevista telefónica con la televisora boliviana Cadena A y recogida por el matutino El Deber de Santa Cruz.

Todos barruntan sobre dónde se ha metido este grandulón regordete de 50 años que había llevado su caso hasta orillarla de la ficción, al narrar la noche del martes al miércoles a los medios de su país, más de 72 horas después de escurrirse de La Paz, que se lanzó de un vehículo en marcha donde, secuestrado, lo llevaban con rumbo desconocido.

“Desperté en el auto y me salí del auto, corrí hacia el otro lado, estaban planificando llevarme y no recuerdo bien (…) Estaba con buzo de pijama. Me tiro del auto porque me doy cuenta que me estaban secuestrando”, dijo en declaraciones desde la clandestinidad a medios de Perú.

Paticojo, por el tremendo porrazo que supone tal ejercicio, declaró a periodistas peruanos que la noche del sábado al domingo último se fue a dormir, como todas las noches de su arresto domiciliario en La Paz, y le puso llave a la puerta.

“Y lo único que recuerdo es que sentí ruidos y cuando abrí los ojos vi personas que me tapaban la boca” y que, siempre según la hilación del relato, lo sedaron.

Así, yaciente, con al menos 90 kg de peso físico muerto en ese estado, se lo llevaron en andas, como echar un petate al hombro, lo más probable, por los senderos escarpados de una colina, en cuya cima se encuentra la casa donde cumplía su arresto domiciliario.

Belaunde se esfumó de Bolivia el domingo, a días de ser extraditado a su país.

Belaunde, cuyo rostro es tan o más conocido que el del astro argentino Lionel Messi, alcanzó a comunicarse con la prensa de su país poco después que el presidente de Perú, Ollanta Humala, pusiera, como en el viejo oeste (¡wanted¡), precio a su cabeza.

En Bolivia el avispero que agitó Belaunde no había terminado de apaciguarse. Tras el ministro de Gobierno, Hugo Moldiz y el comandante general de la Policía, Luis Cerruto, el jefe de la Policía de La Paz, Edgar Olguín también tuvo que dejar el puesto.

El flamante Ministro de Gobierno, Carlos Romero, lo despidió de una luego que su antecesor Moldiz revelara que antes del domingo había pedido redoblar la guardia entorno la casa donde Balaunde cumplía cómodo arresto domiciliario.

Y como hizo caso omiso, ¡fuera!

La mayor parte de los parientes políticos de Belaunde que viven en Bolivia se encuentran desde el lunes tras de rejas. Tanto así que su abogado Jorge Valda y Freddy Vidovichs, abogado de su primo político, Yulliano Aristía, el chaman que los corazones rotos y los amantes de jaboncillo chiquito conocen como el Curaca Blanco, han sido ya encarcelados.

Huelga decir que el mismo problema afrontan el Curaca Blanco y la esposa de éste, familiar cognado de Belaunde, y ni hablar de los guardias, policías uniformados, que el empresario sobornó muchos días durante su estada en La Paz, que han sido ingresados incluso en penitenciarías de máxima seguridad en Bolivia.

Mientras el sentido común parece indicar que Belaunde no se ha ido de Bolivia, la Policía de este país lo busca febrilmente en los departamentos de Santa Cruz y Beni.

También en las fronteras del sur del país con la Argentina y Paraguay.

El Ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, dijo el miércoles que se tiene entendido que el prófugo Belaunde se encuentra armado, hecho que lo convierte en una persona “potencialmente peligrosa” para la población y las fuerzas del orden.

En su contacto de martes con la prensa peruana, Belaunde se mandó una de campeonato. Dijo, como si Bolivia no dispondría de servicios de inteligencia, que las autoridades del país donde buscó refugiarse habían contratado “sicarios”, no para matarle, sino para arrestarle.

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