noviembre 30, 2020

Irresistible: la fiesta del Gran Poder

por: Jazmín Baldivieso Sotomayor

“Cinco pesos me has prestado para una cerveza y en la calle me has cobrado una vergüenza…”, se escucha un coro de voces, mientras un Moreno (bailarín de la danza de la morenada) se seca el rostro y muestra su cansancio ante el pesado traje que lleva y la gran cantidad de pasos que ya dejó en la ciudad; en su descanso una persona del público le pide tomarse una foto, luego, los platillos vuelven a incitar a sus pies al movimiento y continúa.

Una fiesta convierte a la ciudad de La Paz en su escenario. Las puntadas de cada traje, permiten personificar caracteres enigmáticos, representativos y legendarios de las danzas tradicionales que al son de cada tambor, zampoña, y/o cascabel completan la ciudad a un solo ritmo: El Gran Poder.

Y ¿qué hace que esta fiesta sea tan representativa, si en La Paz tenemos registradas 363 festividades, 86 fiestas religiosas y 280 folclóricas cada año? Sí, más de una por día para poder bailar; sin embargo, hay algo que es un hecho: el Gran Poder es el “Big Power”, como ya se ha hecho conocer en varias revistas y artículos internacionales.

En un estudio realizado del 2011 al 2012, se determinó que el movimiento económico que genera ésta festividad es de 53 millones de dólares. Además de toda la organización por parte de la Asociación de Conjuntos Folclóricos del Gran Poder, la Alcaldía Municipal de La Paz y los acuerdos o desacuerdos que se generan con las vendedoras ambulantes, las empresas que publicitan el evento y los espacios de acumulación de personas en el centro de una ciudad en la que finalmente se debe pagar por un puesto, para ver el evento, con precios escalonados de acuerdo a la preferencia del lugar.

Entonces, cualquier persona que decida “cruzar” la ciudad, tiene mínimamente que escuchar unos 5 ritmos musicales, el tiempo aproximado en el que se hace fila para poder pasar, y en caso de que uno llame la atención, claro que queda la posibilidad de que se decida formar parte de esta fiesta como observador, siempre y cuando se pague el derecho de asiento que oscila entre 20 a 100 bs.

¿Este año vas a bailar?

Aproximadamente 65 agrupaciones participaron con un estimado de 300 personas por cada una. Los ritmos van dibujando el mapa de las diferentes regiones del país, entre Tobas, Tinkus, Saya, Caporales, Tundiqui, Llamerada, Cullawada, Pujllay, Suri Sicuri, etc. Pero definitivamente la preferencia se queda en la Morenada. Para la que haciendo un cálculo leve de la vestimenta de la Chola (personaje femenino de la danza) se gasta un aproximado de 23.910 Bs., considerando una pollera de 1000 Bs., una manta de 800 Bs., sombrero borsalino (nombre de herencia italiana) de 1200 Bs., zapatos de cuero/cuerina de 400 Bs., enaguas de 420 Bs., blusa de 90 Bs. y claro, las joyas bañadas en oro (elemento fundamental, para la demostración de poder económico) cuyo juego completo tiene un costo aproximado de 20.000 Bs., entre aretes, topos (prendedores de la manta) y la joya que adorna el sombrero.

Entonces para responder a la primera pregunta, primero hay que ver lo que se ha podido ahorrar en el chanchito lo suficiente, pues aparte de los gastos de la vestimenta está el pago de otros placeres, como la alimentación, la bebida y la música.

Escenario de más de un arte

En el Gran Poder, la compra y venta se convierten en el arte del movimiento económico. No podría ser de otra manera, puesto que para cada necesidad existe una oferta. Respecto a la bebida, la cerveza es la que predomina y por si alguien lo duda, muchas empresas dedicadas al rubro de su venta se encargan de ponerle stickers, pasacalles, volantes, etc., a cada rincón de la ciudad por el que pasarán los bailarines; Y si en algún momento el bailarín u observador duda respecto a la marca que va a comprar, la ciudad entera se lo recuerda con su empapelado y el slogan de “auspiciador oficial”.

En el caso de la alimentación, el olor envolvente del choripan, no deja un solo hambriento suelto, y para diferentes gustos, están los sándwiches de chola (carne de cerdo), sándwiches de pollo, e incluso platos más elaborados como ranga o sajta de pollo. La competencia es fuerte y las caseritas habilidosas para ganar clientela, normalmente se elige a la que te yapa (que te dan extra), pero por la aglomeración de gente, en este caso, se compra a la que uno encuentra o a la que encuentra a uno.

“Sin música no sirve…”, dicen algunos bailarines rezagados, cuyos ritmos musicales se perdieron por ir al final de sus comparsas, y el público también demuestra esa necesidad, pues deja de aplaudir, es complicado bailar con la acústica de un escenario abierto, más aún cuando las bandas preparan números musicales con acompañamiento de baile. Piruetas con sus instrumentos, vueltas y patadas al ritmo de la música son algunos de los movimientos. El acto se adorna con la uniformización de su vestimenta.

Entre los músicos se reconocen rostros jóvenes, normalmente colegiales que pertenecen a las bandas de sus escuelas, pues sus ofertas económicas suelen ser accesibles.

Al año volveremos a bailar

Belleza, color, movimientos, diversidad, son algunas de las característica de esta fiesta paceña en la que todos bailamos de una u otra forma. ¿Qué si es cultural? Claro que lo es, son pocos los escenarios en los que se pueden hallar tantos elementos juntos, con abordajes sociológicos, económicos, antropológicos, comunicacionales, etc.

El Gran Pode, genera un espacio de sincretismo, que por su movimiento económico y desplazamiento estratégico por la ciudad, llama a ser parte de esta fiesta paceña (con invitación o sin ella) a todos los integrantes de esta urbe.

A las 3:30 am. la fiesta está terminando, pues los recogedores de latas así lo han anunciado, el público está rezagado y ya no hay que pagar entrada para estar en ese lugar “preferencial” de la calle. Los bailarines dan sus últimos pasos mientras buscan las monedas que les quedan para poder embarcarse. Entonces se recuerda que esos “Cinco pesos que prestaron para una cerveza y en la calle cobraron una vergüenza”. Sí, valían la pena. De todas maneras la fiesta al año vuelve a empezar.


* Es periodista

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