noviembre 25, 2020

5 cuestiones sobre el futuro de la seguridad y la soberanía alimentaria. Empecemos de nuevo… (Parte II)

por: John D. Vargas Vega 

Tercera cuestión

Desde que en el mundo se inició la producción de alimentos, cuando las poblaciones nómades se asentaron de manera permanente a orillas de fuentes de agua, emergió la primitiva producción agrícola, superando la recolección de frutos y la caza de animales silvestres pasando al cultivo de especies vegetales y la cría de animales mediante un largo proceso de domesticación. Con el avance de la humanidad se produjeron cambios importantes en las sociedades primitivas, en especial en la producción de alimentos, así emergió la “agricultura familiar” como modalidad generalizada para la obtención de alimentos que satisfagan el hambre de los miembros de la familia y de la comunidad.

Esta práctica se tornó habitual en la vida de las comunidades que se asentaron en diversas zonas del mundo donde constituyeron sus hábitats, modalidad productiva que se mantuvo y mejoró durante milenios. En el nuevo milenio ésta modalidad productiva continúa operando en diversas comunidades desperdigadas por el mundo, actualmente esta forma de producir alimentos continúa desarrollándose con tecnologías mejoradas y con nuevas tecnologías. En consecuencia la ‘agricultura familiar’ aún es la base de la producción de alimentos para una porción significativa de la población en los países no industrializados del mundo. La particularidad es que ésta modalidad productiva se realiza en pequeñas parcelas de tierra, que tienden a desaparecer por la concentración de tierras y los latifundios empresariales.

Con la mecanización de la producción agrícola la agricultura familiar incorporó poco a poco nuevas técnicas de producción aumentando el volumen producido, los rendimientos por superficie y la variedad de cultivos, también los excedentes del consumo familiar que van al mercado de alimentos, con lo cual la calidad de los alimentos y la alimentación de gran parte de la población rural y urbana mejoró notoriamente. Sin embargo, con el crecimiento de los centros urbanos la demanda de alimentos se acrecentó con mayor rapidez que la producción de alimentos, no obstante el avance tecnológico y las mejoras en las prácticas agrícolas productivas, incluida la biotecnología y el uso de organismos genéticamente modificados. La ampliación de la frontera agrícola fue imperativa, fueron incorporadas zonas con aptitud productiva desboscando amplias superficies en las que se instaló la empresa agropecuaria de producción mecanizada.

Desde hace siglos se impuso la importación de alimentos para equilibrar la brecha entre la demanda y el consumo de alimentos y materias primas de origen agropecuario, en la actualidad se mantiene esta estrategia de manera acrecentada y en diversos grados en todos los países del mundo. La diferencia sustantiva radica en el control del comercio mundial de los alimentos por el reducido número de corporaciones multinacionales y la especulación en las bolsas de valores. Es por esto que el consumo de la ingesta diaria de la población mundial pasó a depender de la importación de alimentos producidos en otras regiones del mundo, en función de las ventajas comparativas con términos de intercambios adversos para los consumidores y favorables para los comerciantes. Situación que es aguda en las transacciones de materias primas.

La evolución de la producción de alimentos agropecuarios muestra el tránsito desde la agricultura familiar a las grandes explotaciones agroindustriales contemporáneas. En este curso histórico no desaparece la agricultura familiar sino que coexiste con las nuevas modalidades de producción empresarial capitalista.

El cultivo de la tierra de pequeñas parcelas para obtener alimentos para el consumo familiar es la que se conoce desde siempre como “agricultura familiar” que intercambia el excedente de su consumo en las ferias locales. Esta producción de subsistencia de la familia campesina no desapareció con la política de concentración de tierras, sino que implicó la expulsión de campesinos, que dejaron de trabajar en el cultivo parcelario y pasaron a la condición de obreros asalariados.

El proceso de migración de la población rural a los centros urbanos siguió procesos diferentes, en los países del hemisferio norte los campesinos no eran propietarios de la tierra sino siervos de la gleba de los feudos y cuando más inquilinos. En el hemisferio sur los campesinos tampoco eran propietarios de la tierra que explotaban, eran labriegos que trabajaban la tierra del hacendado o del terrateniente; los peones de las haciendas eran expulsados en cualquier momento por los terratenientes. En algunos países las reformas agrarias les concedieron a los labriegos la propiedad de la tierra, en otros países la reforma agraria no modificó la situación, siguió dominando el latifundio y los terratenientes, con peones que tienen acceso a una parcela de tierra sin propiedad para obtener sus alimentos de subsistencia.

El acaparamiento de tierras en países latinoamericanos donde se efectuó la reforma agraria, con muy pocas excepciones, resultó parcial e incompleta, porque se mantuvieron los latifundios de terratenientes dando origen al alquiler de tierras de cultivo a inversionistas con capital o a la venta de tierras de cultivo en grandes extensiones a empresas agroindustriales, lo que provocó la expulsión masiva de campesinos que quedaron sin tierra de cultivo. En esta situación surgieron movimientos de labriegos sin tierra en algunos países de Latinoamérica.

En Bolivia el acaparamiento de tierras de las comunidades en las zonas altas y los valles interandinos, sometió a los indígenas al régimen de servidumbre en calidad de trabajadores sin pago de salario, sólo con derecho a cultivar una pequeña parcela de pan coger. Después de ejecutarse la reforma agraria en las haciendas del centro y del occidente del país, en el nororiente del territorio nacional se produjo el acaparamiento de las tierras bajas, al amparo del gobierno que aprobó la reforma agraria, surgiendo nuevos terratenientes.

Las tierras acaparadas por los nuevos terratenientes fueron cultivadas inicialmente por peones con tecnología tradicional, posteriormente fueron alquiladas a inversionistas foráneos que provenían de otras regiones del país por el pago de un canon temporal, quienes introdujeron nueva tecnología en el cultivo de las tierras alquiladas, consistente en maquinaria, semillas mejoradas y fertilizantes químicos, así surgió la nueva modalidad de concentración de la propiedad fundaría en grandes extensiones de tierras arrendadas con superficies que varían de acuerdo a las características agroecológicas de las zonas en extensiones de 100 á 500 hectáreas o más.

Los arrendatarios individuales posteriormente fueron sustituidos por inversionistas privados y después por inversionistas extranjeros que conformaron empresas agropecuarias, las mismas que mediante diversas formas de presión compraron tierras a bajo precio. Estas empresas procedieron a la producción mecanizada de cultivos en extensiones mayores a 500 hectáreas hasta llegar a superficies de 5 mil hectáreas; la tecnología introducida es intensiva en capital y baja en generación de empleo, con la contratación de pocos obreros agrícolas permanentes, para las labores de siembra y cosecha y de obreros agrícolas temporales en algunos monocultivos extensivos.

Los inversionistas extranjeros que alquilan o compran tierras en las zonas bajas están ligados a empresas trasnacionales asociadas con bancos internacionales que conformaron nuevas corporaciones multinacionales, las mismas que controlan el mercado internacional de alimentos y materias primas agropecuarias. Con la reciente crisis del capitalismo mundial las fluctuaciones de alzas y bajas abruptas del precio del petróleo determinaron la migración de los especuladores hacia otros commodities que resultaron más apetecibles en los mercados de futuro: los alimentos y las materias primas agropecuarias que se transan en las bolsas de valores. La especulación y la incertidumbre de la recuperación de la economía en los principales países capitalistas condujeron a las corporaciones multinacionales a incursionar en el mercado de tierras, con la compra de grandes extensiones de tierras de cultivo en América Latina con el propósito de controlar el mercado internacional de alimentos y biocombustibles.

Cuarta cuestión

Habita cuenta que el precio de los alimentos en el mundo ya no se define por las leyes del mercado sino por la especulación en los mercados a futuro, la actual disponibilidad mundial de alimentos es suficiente o mayor que el volumen requerido por el consumo de la población, mundial de acuerdo al Informe 2013 de seguridad alimentaria de la FAO. En estas condiciones la seguridad alimentaria en los países latinoamericanos está en riesgo porque las corporaciones multinacionales controlarán la disponibilidad y el acceso a los alimentos con los contratos a futuro y primará la especulación en los mercados de tierras, pues el alquiler de tierras ya es un componente importante de la estructura de costos, lo que resta competitividad a la producción de alimentos en la región.

En el momento que los bancos y las empresas multinacionales se apoderen de las tierras de cultivo se habrá perdido la opción de la soberanía alimentaria en esta parte del mundo, porque la extranjerización de la propiedad fundaría implica la pérdida de soberanía del Estado sobre las decisiones de la producción agrícola y el uso de los suelos de cultivo. los centros de poder de las corporaciones multinacionales tomaran estas decisiones de acuerdo a sus intereses de obtención de ganancias y no en función de las necesidades alimentarias de los países.

Así se afectará no sólo a las posibilidades de lograr soberanía alimentaria en el futuro sino perderá la certeza de tener seguridad alimentaria para población boliviana, porque las decisiones de la producción agrícola en estas tierras las tomarán las corporaciones multinacionales en el extranjero. Esta es la tendencia por la cual los pueblos de América latina perderán el derecho a producir sus alimentos y no podrán satisfacer las necesidades básicas de sus poblaciones, si los gobiernos actuales no toman las medidas políticas necesarias para recuperar la soberanía en la decisión de qué alimentos producir y a qué precios.

La reforma agraria fue la conquista más importante conseguida por los labriegos de la América Latina, particularmente en la segunda mitad del siglo XX, para frenar el avance del latifundio y la concentración de la propiedad fundaría en pocos terratenientes. El problema de la concentración de tierras de cultivo bajo el poder de empresas agroindustriales locales que arriendan a compran tierras de cultivo no sólo generan la nueva modalidad de latifundio en el país y el subcontinente sino que están asociadas con conglomerados de bancos y empresas químicas multinacionales globalizadas. La extranjerización de nuestras tierras de cultivo provoca la pérdida de soberanía del país sobre sus tierras de cultivo y la producción de alimentos básicos que requiere la población boliviana.

En estas condiciones la Reforma Agraria ya no es el instrumento que revierta la propiedad privada de la tierra latifundaria en poder de sociedades anónimas extranjeras, respaldadas por organismos financieros multilaterales, especialmente cuando organismos multilaterales como el Banco Mundial consideran a América Latina el granero del mundo. Este acaparamiento de las tierras de cultivo por monopolios internacionales está en abierto proceso en Latinoamérica, como lo está el acaparamiento de los recursos naturales y la apropiación de la naturaleza, al amparo de gobiernos y líderes neoliberales para quienes el Estado y el mercado están muertos, sólo existen y deciden las ganancias que se obtienen con la especulación.

Es necesario que el Estado proteja el patrimonio de este recurso natural en beneficio de la población boliviana, porque la sobrevivencia de la población que habita en el país y la que habitará el territorio en el futuro depende de estas tierras confiscadas por el nuevo latifundio instalado en el país. Este hecho de la extranjerización de la propiedad de las tierras de cultivo es de conocimiento de algunos estudiosos que expusieron sus observaciones en varios trabajos, referidos principalmente a las extensas tierras del nororiente del país. En los últimos 50 años los asentamientos de colonias de extranjeros se multiplicaron y en el último decenio el alquiler y la venta de tierras a extranjeros crecieron considerablemente.

Quinta cuestión

Ya que la tierra utilizada en alquiler por súbditos extranjeros es de propiedad privada, constitucionalmente la intervención del Estado está limitada a la reglamentación del uso del suelo como normativa específica que regule su conservación, por el mal uso que se hace en la introducción de cultivos extensivos sin reposición de la fertilidad y la pérdida de micronutrientes, lo que provoca la pérdida de suelos por degradación y desertificación sin ningún control ni sanción. En las tierras agrícolas del centro, sur y occidente del país la intensiva utilización de suelos sin reposición de nutrientes y la excesiva parcelación de la propiedad familiar campesina e indígena, también provoca degradación y desertificación de grandes superficies de suelos de cultivo.

Lo inmediato es contener la extranjerización de las tierras de cultivo del país y lo importante es eliminar la especulación de la tierra y de los alimentos en el país, a fin de garantizar la seguridad alimentaria en el mediano plazo y, lo substancial es asegurar la soberanía alimentaria en el largo plazo.

Es importante una nueva normativa para evitar particularmente la extranjerización de la propiedad de este recurso natural y fiscalizar con mayor decisión el acceso a las tierras de cultivo y el uso de los suelos, sujetándolos a la producción de alimentos que cubran las necesidades de la población boliviana presente y futura, apelando al principio constitucional de la propiedad estatal de los recursos naturales, es decir, declarando propiedad estatal todas las tierras de cultivo, antes que el Banco Mundial se apropie del granero del mundo.

Habida cuenta que el alquiler de tierras es una modalidad predominante en el país, parece razonable que el Estado sea quien alquile las tierras de cultivo por el pago de un canon de arrendamiento anual, así quedará asegurada la producción de alimentos y el uso del suelo para la producción de alimentos en beneficio de toda la población boliviana, con el beneficio adicional de la conservación de los suelos. Los recursos generados por el arrendamiento de las tierras serían empleados exclusivamente en la conservación de los suelos que producen alimentos, impidiendo la actual depredación y degradación de los suelos de producción agropecuaria. La pérdida de suelos, por mal manejo y no por causas naturales, será sancionada con la inhabilitación permanente de los arrendatarios al acceso de nuevas concesiones de tierras en el territorio boliviano.

El panorama internacional muestra que el hambre en el mundo aumentará en los próximos decenios, no porque haya escasez de alimentos, especialmente de los alimentos básicos, sino por la especulación de los precios de los alimentos, que anualmente se elevan sin control, afectando la seguridad alimentaria de miles de millones de personas que no pueden comprar sus alimentos todos los días en el mercado controlado por el reducido grupo de grandes corporaciones multinacionales que especulan en el mercado internacional, no sólo con los alimentos sino también con el precio de las semillas, fertilizantes, agroquímicos y tecnologías, para producir alimentos sino que ahora buscan acaparar las tierras de cultivo en Latinoamérica para su negocio especulativo.


* Docente Universitario investigador en economía, politología, planificación y desarrollo medio ambiental. / jovarveg@yahoo.com

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