noviembre 27, 2020

BurRocracia

por: Carla María Ariñez Sanjines

Quizás algún día podremos construir repúblicas aéreas y dejar de lado estos Estados de papel que no nos llevan a ningún lado.

Cuando pienso en burocracia, lo primero que se me viene a la mente es la tortuga de Mafalda. ¡Qué grande Quino! Cualquiera pensaría que la burocracia está ahí para ser tan lenta como la famosa tortuguita.

Si buscamos en la Real Academia de la Lengua española, la cuarta definición de burocracia es: “administración ineficiente a causa del papeleo, la rigidez y las formalidades superfluas”. Hasta los viejitos de la RAE han aceptado que la burocracia ralentiza o puede llegar a generar una ‘administración ineficiente’ (sus palabras, no las mías). Lógicamente no es la única definición ni mucho menos la primera, pero se entiende que puede convertirse en eso.

Cuando hablamos de burocracia, se puede pensar que todos y todas hemos tenido alguna mala experiencia y en algún momento nos hemos quejado sobre lo burocrático del sistema. Incluso aquellos trabajando en alguna administración burocrática alguna vez les ha tocado ir a otra por algún trámite y que también a ellos y ellas “les falte un papel”. Tampoco es culpa de la persona que atiende, que simplemente está haciendo su trabajo, pero inconscientemente le achacamos todos nuestros males y pensamos en todos sus antepasados, sin que tengan nada que ver.

Weber sostiene que en tanto la vida económica y política de las sociedades se complejiza, se hace cada vez más necesaria la administración burocrática, ya que la eficacia y la estabilidad que genera es imprescindible para la expansión del comercio y de la industria. Sobre la estabilidad comentaremos más adelante, pero creo que es difícil asegurar que toda burocracia sea eficaz y mucho menos eficiente. En un espacio teórico donde todo funciona bien, quizás se puede hablar de la eficiencia, pero en la práctica siempre hay cosas que fallan, cosas que impiden que se lleve a cabo aquello que necesitamos. Pequeñas frustraciones y decepciones.

Por otro lado Weber sostenía que la burocracia salvaría la usurpación del Estado por los funcionarios políticos en caso de ausencia de controles, ya que el o la burócrata promedio no tiene la formación para tomar una postura firme y no se adentra en el ámbito político, es nada más y nada menos que un tecnócrata. Por lo tanto, en caso de una ausencia de control, sería la administración burocrática la que estaría a cargo y evitaría la toma de poder por funcionarios políticos. Quizás en ese sentido tuviera razón ya que normalmente la burocracia genera razonamientos repetitivos para evitar salir de lo que se establece, por lo tanto evita la innovación o dicho de otra manera evita que el ser humano practique el noble acto de pensar y dar soluciones al caso concreto. ¡Grave error! Ya que las personas trabajando en la administración burocrática se convierten en simples operadores poco o nada reflexivos que es lo mismo que ser motor sin gasolina. Se hacen las cosas así nomás porque siempre han sido así y así deben quedarse cuando quizás tod@s quisiéramos que cambien.

Ahora pensemos en los aspectos positivos, que quizás podría ser esa estabilidad que menciona Weber. La burocracia genera muchos trabajos. Todas aquellas personas que forman parte de un proceso trabajan gracias a que tenemos administraciones burocráticas. Detrás de cada ventanilla hay alguien. ¿Qué pasaría si de pronto logramos eliminar todo proceso, todo sello, toda traducción? ¿Cuánta gente acabaría sin trabajo?

La burocracia genera además pequeños espacios de poder que dan sentido a la vida de mucha gente. Son los escritorios y la pila de papeles los que permiten que las personas se conviertan en “autoridades” sin saber que al decir “soy la autoridad” están cometiendo un error de comprensión ya que la autoridad es un principio y no puede ser una persona, pero de todas maneras ese sentimiento de control y autoridad hace que esa persona se considere importante y parte de algo más grande. También puede pensarse que esa estabilidad viene más como un estado mental, la institución funciona gracias a cada una de estas pequeñas partecitas con ‘autoridad’, pero esa es otra historia.

Ahora bien está claro que nadie disfruta del lidiar con una administración ineficiente. Todos sabemos que se deben cumplir las normas, que se deben hacer trámites, que es parte de la cultura ciudadana hacer fila pero cuando se trata de irracionalidad, capricho y desidia estamos frente a lo malo de la burocracia e iremos avanzando muy lentamente como la tortuga de Mafalda.

Quizás algún día podremos construir repúblicas aéreas y dejar de lado estos Estados de papel que no nos llevan a ningún lado, mientras tanto no nos queda más que estar seguros de tener todos los sellos necesarios.


El burócrata*

Eduardo Galeano

“El burócrata es el hombre de madera, partido por equivocación de los dioses que lo hicieron sin sangre, sin aliento ni desaliento, y sin ninguna palabra que decir.

[…] Sabe transmitir ordenes, no ideas. Considera cualquier duda una herejía, cualquier contradicción una traición.

[…] Es bastante improbable que el burócrata se juegue la vida, es absolutamente imposible que se juegue el empleo.”


* Tomado del libro Memorias de Fuego III

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