noviembre 29, 2020

La economia plural en el proceso de cambio

En los procesos de transición, de cambio, como los que vivimos en Bolivia y en varios países de la región, aunque tengan mayor o menor énfasis, pero si, una orientación estratégica en pos de forjar una sociedad cualitativa, esencial e históricamente distinta a la actual, lo nuevo, lo que revoluciona y tiende potencialmente a materializar esta sociedad, coexiste con lo viejo y lo tradicional, degradado y altamente corroído, pero que no podría negarse a sí mismo, se resiste a morir e interpela a lo verdaderamente transformador.

Hoy más, en el fragor de la agudización de la lucha de clases, “con la globalización neoliberal…[cuando] la presencia del imperialismo se extendió a lo largo y ancho de todo el planeta, y su accionar se tornó más opresivo y predatorio que nunca antes”. [1] Por ello no es posible que esos procesos avancen franca y linealmente, aunque esto no significa que deba atenuarse la voluntad política ni la movilización popular en pos de la genuina transformación social.

Históricamente la lucha anticolonial, antiimperialista y anticapitalista de los pueblos indígena-originarios fue larga y prolongada, aunada en el siglo XX cuando en nuestra formación social se desarrolla plenamente el capitalismo atrasado y dependiente, a la lucha de los trabajadores y la vanguardia revolucionaria minera.

En tanto lo tradicional corrupto, hoy asume una falaz careta reformista, aggiorgonada, y acorde a los vientos, aunque puede asumir también en función al grado de desarrollo del sujeto revolucionario y/o de la coyuntura en el avance social, su verdadero rostro fascista, reaccionando y buscando enlodar, distorsionar y liquidar a los procesos. Esto lo experimentamos a diario, a veces como una tragedia y otras como una comedia.

En ese contexto se inscribe también nuestra actual Constitución Política del Estado, redactada en Sucre y gestada por los movimientos sociales ya en los albores del siglo XXI, pero que debió aprobarse en medio de la encarnizada resistencia de las fuerzas reaccionarias, que incluso oficiaban también como “redactoras”. La CPE finalmente fue aprobada como resultado de una nueva y heroica movilización popular desde fines de 2008 y principios de 2009.

Fue en esa coyuntura cuando se articuló también el golpe cívico-prefectural dirigido incluso por “autoridades” político-regionales que siguen cobrando vigencia, cuando los grupos de vándalos arremetían y atacaban a los asambleístas y buscaban humillar y desmoralizar a la militancia del bloque social revolucionario. En estas circunstancias y con una huelga de hambre que debió entablar el Presidente ante la consabida presión de los “dos tercios” que esgrimía la derecha, logró imponerse la Constitución Política del Estado Plurinacional.

La CPE vigente es sin duda un hito trascendental para el avance del bloque social revolucionario, la profundización del proceso de cambio y que se pueda vencer no sólo a la vieja oligarquía republicana que desde la fundación de Bolivia atentó contra el ejército libertador y expulsó al mariscal Sucre del gobierno, traicionando también a la guerrilla independista de las republiquetas, a los Lanza y Padilla, entre muchos más.

La misma oligarquía colonial y “justiciera” con la cruz y la espada de Túpac Katari y Bartolina Sisa, la que cobraba con sangre la secular resistencia indígena enfrentada a la invasión de su tierra y territorio, y al saqueo de sus recursos naturales, ya imbricada en el s. XX con la burguesía funcional y subsidiaria en lo económico al imperialismo, detentora además del poder político, salvo en periodos y eventos muy puntuales.

No olvidemos que una parte del texto constitucional debió concertarse con la derecha, representativa de las clases dominantes, que al menos en su expresión e interés más retrógrado y conservador confunde a ciertos grupos poblacionales urbanos y trata de cobijarse en ellos, a medida que se espanta y reacciona al ir perdiendo su supremacía política y poder económico construido principalmente con el permanente saqueo y la exportación de materias primas y recursos naturales, explotando a los trabajadores y subsumiendo a los pequeños productores y las comunidades, rurales y urbanas.

Por ello mal podría concebirse e instrumentarse el texto constitucional como una ley divina escrita en piedra, ni desde el derecho positivo y burgués como lo hacen los juristas interesados y representantes de los grupos de poder económico que plantean “paradojas” y alegatos “inconstitucionales, defendiendo por ejemplo el derecho sacro y santo a la propiedad privada si el Estado revierte las tierras y minas improductivas, en base al principio de que estas deben cumplir una función social.

Lo mismo sucede con el modelo de economía plural, hoy tan mentado por las propias cámaras empresariales, la tecnocracia, e incluso la oligarquía y por los reformistas como un “caballo de Troya” del proceso de cambio, no sólo como una concepción conservadora de sus intereses en procura de reproducir y ampliar su poder económico interno, sino como forma y medio para lucrar en la producción como socios menores tributarios del capital transnacional, subordinando el nivel de actividad y empleo de la economía nacional a los ciclos del mercado capitalista mundial, ora ascendentes y después en crisis, como a la financiarización especulativa y parasitaria.

En esas condiciones y de no mediar la acción estratégica del Estado Plurinacional, el modelo de economía plural no haría sino reproducir la formación social que en rigor fue entendida y planteada por R. Zabaleta M. en plena vigencia del modelo capitalista de estado y del desarrollismo a imagen y semejanza de los llamados y bendecidos países desarrollados, en desarrollo o emergentes: abigarrada y subsumida totalmente por el capital transnacional.

En los hechos y acentuado el abigarramiento con el modelo neoliberal, funcional a la división internacional del trabajo, centro-periférica, produciendo y exportando materias primas y bienes agroindustriales como la soya y sus derivados, el maíz transgénico para producir biocombustible, etc., sin poder lograr siquiera medianamente, soberanía alimentaria y productiva, ni industrializar y transformar agregando valor a la producción primario exportable, en armonía y con respeto a la naturaleza, dentro de la economía nacional y de forma acorde a nuestras verdaderas necesidades societales.

Fue por ello que los movimientos sociales y constituyentes patriotas, plantearon como alternativa al modelo de economía plural y en sus antípodas, el modelo de economía social comunitario que imprime y da un contenido y sentido revolucionarios al texto de la cuarta parte de la CPE vigente, [2] permitiendo liquidar contundente e históricamente, el papel estatal neoliberal en la economía nacional, al servicio del capital transnacional y de sus intereses geoeconómicos, imperialistas y coloniales.

Y no se diga aunque sería grato para los reformistas y oportunistas, que esa parte del texto constitucional significa un retorno al viejo modelo capitalista de estado, que se dio gracias al levantamiento popular de 1952, cuando mineros, indígena-originarios y trabajadores en general quiebran el poder de la “rosca minero feudal”, aunque fueron más temprano que tarde traicionados por el MNR quien en “alianza para el progreso” con EE.UU instrumentó éste modelo que perduraría hasta 1985, ya prebendalizado y degenerado.


1 En “América Latina en la geopolítica del imperialismo”. Atilio Borón. Ediciones Luxemburg; 3ª ed.; pp. 20.

2 Sobre la “Estructura y Organización Económica del Estado” Plurinacional.

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