noviembre 26, 2020

Comunicación y política en Bolivia y América Latina

por: Eduardo Paz Rada

Los procesos políticos nacionalistas y antiimperialistas impulsados desde los sectores nacionales y populares y algunos gobiernos en América Latina y el Caribe, en los últimos quince años, han tropezado contra uno de los escollos más poderosos y de mayor influencia como son las corporaciones nacionales y transnacionales de medios de comunicación que, durante el periodo neoliberal, marcaron la agenda gubernamental y mantienen aún hoy una fuerte influencia en las determinaciones de los poderes de los Estados de la región.

Varias de ellas son parte de las grandes cadenas de radio, televisión y prensa escrita asentados en Estados Unidos y, desde allí, dirigen sus cañones mediáticos para influir sobre masivos sectores de la población y, en muchos casos, estabilizar o desestabilizar gobiernos de acuerdo a la conveniencia dictada por las estrategias del imperialismo norteamericano para mantener las relaciones de dominación en la región. Basta analizar los discursos y contenidos de los mensajes de la cadena de televisión CNN y de la Voz de América.

En ese contexto, la lucha ideológica y comunicacional desatada entre las naciones oprimidas y las metrópolis se ha convertido en parte constitutiva del enfrentamiento por conquistar importantes niveles de autonomía y soberanía, a pesar de la fuerza que tienen los medios tecnológicos más avanzados y las redes virtuales monopolizados por la potencias del norte. Samir Amin identificaba como uno de los círculos de poder mundial precisamente a los grandes aparatos que manejan la información, subordinados a las transnacionales financieras e industriales, a los gobiernos de las potencias capitalistas, a la estructura de producción militar y de guerra y a los organismos internacionales como el FMI y el BM.

Los intentos de democratizar la comunicación social, a través de leyes y reglamentos, en varios países –Argentina, Ecuador, Nicaragua, Bolivia o Venezuela– fueron rechazados por el poder mediático privado y por los sectores conservadores provocando, incluso, amago de golpes de Estado y crisis políticas internas. Los casos emblemáticos de este poderío se expresan actualmente en la desestabilización del gobierno de Dilma Rousseff en Brasil y con el respaldo que brindan al gobierno de Enrique Peña Nieto en México.

La experiencia de Telesur y otros medios estatales, de organizaciones populares y de comunidades, en Bolivia, Ecuador o Argentina, han permitido dar importantes pasos de comunicación alternativa. La aprobación de leyes que establecen la distribución de los medios en segmentos: un tercio de control público-estatal, otro tercio de control privado-comercial y un tercero de control comunitario-sin fines de lucro abre importantes posibilidades para romper los monopolios y el poder mediático y desarrollar prácticas democráticas y participativas que impulsen la soberanía y autodeterminación de los pueblos, la unidad y solidaridad de América Latina y el Caribe y la formación y fortalecimiento de la conciencia nacional y regional.

Los medios estatales, comunitarios y de organizaciones populares deberán convertirse en los forjadores de la identidad latinoamericanista, de la lucha contra el colonialismo cultural e ideológico y defensores de los procesos de cambio en nuestros países.


* Sociólogo boliviano y docente de la UMSA. Escribe en publicaciones de Bolivia y América Latina.

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