diciembre 5, 2020

¡Libertad de expresión! de México a Bolivia

por: Rebeca Peralta Mariñelarena

Un nuevo crimen contra la libertad de expresión se consumó en México. El 31 de julio fue asesinado el fotoperiodista Rubén Espinoza, quién se especializaba en dar cobertura a las protestas sociales en el estado de Veracruz. Rubén fue asesinado junto con cuatro mujeres, las activistas Nadia Vera, Yesenia Quiroz, Mile Virginia Martín y Olivia Alejandra Negrete. Todas fueron encontradas con marcas de tortura y violencia sexual. Todos, además, con el tiro de gracia.

Organizaciones de Derechos Humanos y de periodistas apuntan como posible autor intelectual al Gobernador de Veracruz, Javier Duarte (PRI), pues el trabajo periodístico de Rubén lo incomodó en diversas ocasiones. Veracruz ostenta el penoso primer lugar nacional en asesinatos a periodistas, tan sólo en la gestión de Duarte -de 2010 a lo que va del año 2015- la cifra llegó a 12, Rubén fue el 13.

Tanto Rubén como Nadia Vera habían recibido constantes amenazas por su labor periodística y actividad política en Veracruz, razón por la que se trasladaron a la capital; existe un video donde Nadia responsabiliza directamente al gobierno de Duarte si algo le llegara a suceder.

Este multihomicidio no es sólo político, no es sólo contra un periodista incómodo o una valiente activista, quien fuera miembro del movimiento #Yosoy132 Veracruz, se trata también de un feminicidio múltiple que emite varios mensajes: si divulgas la verdad te matamos; si criticas al gobierno te matamos; si protestas contra el régimen te matamos; y si eres mujer te violamos y te matamos.

Según la organización internacional Reporteros Sin Fronteras (RSF) “En 2014 México se distinguió por ser el país más mortífero del continente americano. Asesinatos, secuestros, agresiones y amenazas se multiplicaron en un clima de impunidad casi total”. Desde el año 2000 han sido asesinados 88 periodistas en México, a esa cifra hay que sumar la de los periodistas encarcelados, amenazados, desplazados y desaparecidos. La impunidad ha sido el común denominador en todos estos casos.

Esto es consecuencia de la fallida estrategia de “combate al narcotráfico” iniciada en el Gobierno de Vicente Fox y heredada por Calderón y Peña Nieto, caracterizada por la sumisión total ante los designios de la Casa Blanca. El crimen organizado parece organizarse desde y con las altas esferas del Estado mexicano y cuando un periodista o activista social lo devela es asesinado.

Esta política de muerte ha dado como resultado que del periodo 2007 al 2014 fueran asesinadas 164 mil personas -en el mismo lapso de tiempo en Afganistán e Irak murieron 103 mil personas-, según investigaciones del canal de televisión estadounidense Frontline. Sí, leyó usted bien, dos naciones que están en guerra tienen menos muertos que México con su paz y su democracia. La misma democracia que censuró a las periodistas Carmen Aristegui y Lydia Cacho por denunciar delitos perpetrados por connotados presidentes y gobernadores, castigando a la primera con el despido del medio donde trabajaba y encarcelando y torturando a la segunda.

Llama la atención en medio del ambiente generado en Bolivia de “defensa de la libertad de expresión” promovido por algunos medios mirar los datos de RSF pues, de las más de 400 personas entre periodistas y sus colaboradores asesinadas entre 2009 y 2015 a nivel mundial ninguno es boliviano. Tampoco existe registro de periodistas o colaboradores encarcelados en Bolivia. Y del 2005 al 2008 sólo figura en los registros el caso de Carlos Quispe de Radio Municipal Pucarani, asesinado por una turba que atacó la Alcaldía aduciendo corrupción. ¡Qué raro! de 2005 a 2015 no existe un sólo caso de periodistas asesinados o encarcelados por el gobierno dictatorial de Evo Morales.

Hacer periodismo serio en México, esto es, investigar y mostrar la realidad de un sistema y una clase política putrefactos, homicidas de sus propios gobernados, implica salir a la calle todos los días a enfrentarse con la muerte, mirarla a los ojos a diario, a veces escaparse de ella, a veces no.

Eso es defender la libertad de expresión en el ejercicio periodístico real, lo demás, queridos demócratas bolivianos, es politiquería.


* Socióloga.

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