diciembre 1, 2020

Las autonomías indígenas

por: Carlos Macusaya

Desde la década de los 70 del pasado siglo varios organismos “occidentales” promovieron eventos en función de “dar” un lugar a las poblaciones colonialmente consideradas indígenas. Los años 80 fueron tiempos en los que esas ideas empezaron a ser ingenuamente importadas a este país con entusiasmo y ante el abandono de las ideas marxistas. En los 90, cuando Bolivia tenía un vicepresidente aymara, se dio lugar a las TCO’s. El siglo XXI comenzó con la rebelión aymara contra del Estado blancoide, poniéndose en primer orden, después de mucho tiempo, el “problema del indio”. Poco después vimos la reacción de los sectores más conservadores: la “nación camba”.

En su primera gestión el gobierno de Evo Morales tuvo que enfrentar una oposición ocupada en desvestirse y exhibir sus más profundos prejuicios racistas. Se apaleaba a kollas, lo que podía ser visto casi en vivo y directo por tv. El MAS para contrarrestar no sólo el discurso autonomista de las elites blancoides del oriente de Bolivia, sino también el separatismo, enarboló las autonomías indígenas. Fue en tal situación que el tema tuvo relieve e importancia. Actualmente, en otra correlación de fuerzas, el tema de las autonomías indígenas ha perdido la fuerza que tuvo, por lo menos discursivamente, en la primera gestión del gobierno.

Es llamativo que el Ministerio de Autonomías ha mostrado poco o ningún entusiasmo respecto a las autonomías indígenas; en contraste, han sido ONG, sus técnicos y “sus” indígenas, beneficiados por la discriminación positiva, quienes más fervor han expresado a este respecto. Lo cual no es de extrañar, pues esto implica para ellos obtención de recursos económicos, una forma de vivir. Pero los que supuestamente son los interesados y beneficiados, los “indígenas”, no muestran el mismo interés, y de hecho pareciera que el tema no les importa en lo más mínimo.

Es clarificador que fueron pocos los “pueblos indígenas” que optaron por la autonomía pero, además, ya varios de ellos muestran un abandono de tal opción. Se puede decir que entre las personas colonialmente consideradas indígenas no hay aspiraciones de obtener autonomías para minorías étnicas. Esto debería obligar a replantear el asunto.

Incluso debería verse críticamente como se ha ido trabajando el asunto, pues en esto reside mucho de lo que ya parece ser un fracaso. Me animo a decir que la manera en que se ha planteado este tipo de autonomías, además de responder a criterios importados a ciegas, puede dar lugar a acentuar más aún las diferenciaciones racializadas en este país.

De seguro que se trata de buenas intenciones, pero no basta simplemente con buenas intenciones. La colonización tenía “buenas intenciones”: “salvar el alma de los indios”, pero los resultados prácticos son los que nos muestran lo que realmente fue ese proceso. Si las autonomías indígenas fracasan, de seguro muchos técnicos perderán su forma de vida y algunos indígenas ya no podrán hacer viajes o disfrutar de algunas pequeñas ventajas, ambos sufrirán el hecho. Pero eso es secundario, lo fundamental tiene que ver con encarar los problemas de las personas colonialmente consideradas indígenas, pero no para seguir racializándolos. A este respecto las autonomías indígenas no parasen ser ningún aporte y puede dar lugar a su ocaso.


* Miembro del Movimiento Indianista Katarista (MINKA).

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