diciembre 1, 2020

Democracia liberal

Aunque muchos la cuestionan desde diferentes escuelas políticas y con diferentes intereses, lo cierto es que la “democracia liberal” se ha impuesto como el régimen político más extendidamente usado en el planeta.

Si bien, a principios del siglo XX, solamente 15 Estados en el mundo regulaban el acceso al poder mediante elecciones; este mecanismo, junto con la ampliación de derechos políticos y libertades civiles, es hoy practicado por más de 120 países.

En Bolivia, aún en los momentos más agudos de crisis política a principios de este siglo, tanto las elecciones como mecanismo de acceso al poder, como el Parlamento como máxima instancia de representación política en el Estado, continuaron funcionando. ¿Qué nos dice esto? La gente cree en la democracia, cree en el pluralismo y cree en que ciertos derechos y libertades políticas son inviolables.

No obstante, debemos relativizar un poco esta última afirmación. Sí, la gente cree en la democracia, pero tiene en mucha mayor estima la estabilidad económica y política del país. Aunque no se puede negar que existe en el actual gobierno una tendencia hacia la concentración del poder hacia el centro gravitatorio del presidente Morales, lo cierto es que su popularidad y aceptación no ha dejado de crecer en los últimos años.

Es más, se puede afirmar que el único retroceso que hubo en cuanto a la aprobación de su gestión se dio entre noviembre y diciembre de 2011, donde las coyunturas gasolinazo y TIPNIS ciertamente jugaron un rol. Pero desde 2012 su popularidad no ha parado de acrecentarse y la última encuesta acerca de su gestión, a finales del año pasado, arrojó un apoyo de 74%, de acuerdo a un sondeo de ATB.

A pesar de ello, también se debe aclarar que aunque Bolivia no puede ser considerada plenamente como una democracia de tipo liberal, tampoco constituye un ejemplo de autoritarismo a nivel latinoamericano. No tenemos un periodista muerto por razones políticas en los últimos 10 años. En México los casos se multiplican de forma alarmante. La participación política está garantizada para todos los habitantes mayores de 18 años. Fuera de coyunturas excepcionales como la de septiembre de 2008, no se puede hablar de un Estado de excepción.

Por supuesto, la democracia boliviana debe ser mejorada y perfeccionada, aunque no parece haber una crisis de Estado en el horizonte que pruebe que ésta ha perdido legitimidad. Pero, se debe aceptar algo, la “democracia liberal” constituye una fase en la evolución de la sociedad hacia un futuro mejor; sus logros deben ser rescatados por la izquierda mundial, en vez de ser cuestionados como una herencia reaccionaria del pasado.

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