noviembre 30, 2020

Guerra de baja y larga intensidad

por: César Navarro Miranda

Las acciones derechistas promueven el desgaste de la imagen del Presidente y Vicepresidente, mostrando como enemigo del pueblo al MAS y a las organizaciones campesinas.

La Guerra de baja y larga intensidad y el conflicto, es una estrategia planificada por la derecha desde la crisis política estatal de inicios del 2000, que involucró como actor directo del sistema político de partidos neoliberales que alternaron en la dirección estatal desde el 85 hasta el 2005.

Los antecedentes

El único partido que logró sustituir liderazgo en la conducción partidaria con cohesión interna ha sido el MNR con Gonzalo Sánchez de Lozada. Una inteligente forma de consolidar la cohesión interna, ha sido precisamente ligar lo tradicional con la sustitución.

Paz Estenssoro dejó el gobierno y la conducción partidaria en su última gestión (1985-1989), pero la sustitución se desarrolló en este periodo de inicio del neoliberalismo y transición a nuevo liderazgo partidario. Sánchez Lozada, abanderado político del neoliberalismo dentro el MNR, y en el sistema multipartidario, postulado como candidato a Presidente en 1989, tenía como acompañante a Julio Garret Ayllón, figura política arraigada en la tradición movimientista del nacionalismo revolucionario.

Aquella decisión fue sustancial para consolidarse internamente como titular político del MNR y en su segunda postulación ya no recurre al MNR para su acompañante de formula (1993), sino a uno externo que sintetice el momento histórico de los 500 años de invasión española, un dirigente con trayectoria e imagen política y campesina aymara: Víctor Hugo Cárdenas, pero gobernó otorgando la titularía de las cámaras parlamentarias a dos figuras influyentes dentro el movimientismo: Guillermo Bedregal (Presidente de la Cámara de Diputados) y Juan Carlos Durán (Presidente de la Cámara de Senadores).

El MIR no pudo generar su propia renovación sin prescindir de su líder histórico Jaime Paz Zamora; se terminó de diluir como partido y liderazgo en la crisis de octubre del 2003.

ADN, con Banzer, utilizó una fórmula combinada de sustitución de liderazgo. Con la renuncia a la presidencia de Banzer, por enfermedad, asumió un tecnócrata joven formado en los EE.UU., Jorge “Tuto” Quiroga Ramírez, quién planteo una dupla de tradición interna como candidatos a la presidencia y vicepresidencia (2003), Ronald MacLean y Tito Hoz de Vila. Ésta formula también precipito la extinción política del ADNismo.

La derecha tradicional se quedó sin liderazgo nacional y optó por tener una retirada táctica del Estado y atrincherarse en los departamentos. Por ello es que los candidatos de derecha a senadores y prefectos se reciclaron en PODEMOS y en agrupaciones ciudadanas en las elecciones del 2005, cuestión que les dio un resultado electoral y político exitoso.

Controlaban 6 de las 9 prefecturas del país y la mayoría absoluta en la Cámara de Senadores. Su primer objetivo se logró con éxito, tener una representación nacional y control territorial mayoritario para generar desestabilización al nuevo gobierno desde el mismo Estado, no fuera de ella. Este es el inicio de este proyecto de Guerra de baja y larga intensidad que persiste hasta el día de hoy y se prolongará indefinidamente en el tiempo en busca de sus objetivos estratégicos de la derecha nacional e internacional.

Los conflictos:

Los dos primeros se dieron dentro el marco de la Asamblea Constituyente:

Autonomía y Capitalía plena para Sucre

Autonomía. Se planteó como antítesis a la Asamblea Constituyente. Después de la huida de Sánchez de Lozada, Carlos Mesa, que no tenía la condición de líder político gubernamental, representó la salida constitucional a la crisis de octubre, no la posibilidad de solución a la crisis.

Por ello, la derecha concibió este periodo para incorporarse a la demanda autonomía departamental como núcleo de reorganización estatal, previa a la Asamblea Constituyente, por lo tanto, el futuro foro constituyente debía estar delineado por esta reforma del Estado.

El primer paso fue imponer la elección de Prefectos en los nueve departamentos a través del voto; el segundo, un referéndum nacional sobre la autonomía, para ello recabaron y presentaron la firmas al Congreso Nacional. Este camino corto y efectivo cumplía con lo planificado, pero la renuncia de Carlos Mesa a la Presidencia de la República postergó esta acción.

La designación presidencial de Eduardo Rodríguez Veltzé, por sustitución constitucional, adelantó las elecciones y postergó el referéndum, pero lograron la elección de prefectos a través del voto. Parcialmente consiguieron lo planificado. Se trasladó la disputa de la autonomía a la Asamblea Constituyente.

El foro constituyente no era el escenario para la reforma impulsada por la derecha, pero era el escenario demandado nacionalmente, por lo tanto legitimado por el pueblo y el triunfo del MAS.

En su concepción, la autonomía no debería ser un tema más debate interno, pese a que el fue la mandato del referéndum nacional conjuntamente la elección de constituyentes, debería ser el eje de la derecha para bloquear la Asamblea Constituyente.

Inicialmente, entre los cuatro prefectos de Pando, Beni, Santa Cruz y Tarija, que venían de la derecha (ADN, MNR y del Comité Cívico pro Santa Cruz), organizaron la Junta Autonómica que involucró a Prefectos y Comités Cívicos, detrás de ellos sumaron a los constituyentes de toda la derecha prescindiendo de sus organizaciones políticas y agrupaciones que los llevaron al foro constituyente. Su debilidad fue que no lograron sumar a Cochabamba y La Paz. Dieron otro salto más agresivo y conformaron el Consejo Nacional de la Democracia CONALDE.

La cabeza formal del CONALDE estaba en la prefectura de Santa Cruz, el poder real descansaba en el presidente Branko Marincovik del Comité Cívico pro Santa Cruz. Su eje discursivo: autonomía antítesis del centralismo republicano y aymara, su objetivo estratégico, impedir que el foro constituyente termine sus deliberaciones aprobando el nuevo proyecto de Constitución. Desarrollaron acciones de bloqueo en el foro, pero también impedían que la comisión de autonomía deliberara en los departamentos para escuchar propuestas a través de acciones de violencia política y racial.

La excusa de luchar contra el centralismo aymara, como sinónimo de postergación de la región oriental, buscaba criminalizar al indígena y al MAS, acusándoles de responsables de este aislamiento histórico, por ello que las acciones de violencia tuvo esta múltiple connotación: racial, social y política.

Capitalía plena para Sucre

Simultáneamente al desarrollo del foro surgió a la palestra pública el Comité Interinstitucional integrada por las instituciones urbanas sucrenses: Universidad, Comité Cívico, gobierno municipal, empresarios, etc., que impusieron, con el apoyo de la bancada constituyente de derecha PODEMOS, la incorporación en la agenda de debate la Capitalía. En el ideal popular urbano sucrense se fomentó un sentimiento regionalista, histórico, de recuperar la sede física de la capital política para Sucre arrebata a finales del siglo XIX por La Paz.

El eje discursivo fue que los indígenas aymaras despojaron de su derecho a los sucrenses por el uso de la violencia a la cabeza del líder indígena Zárate Willka. Nuevamente aparece no como casualidad, sino causalidad histórica un responsable: el indígena aymara, ahora expresado políticamente en la representación constituyente de indígenas del MAS.

El objetivo del conflicto no residía en el debate sobre la Capitalía, sino en enfrentar a dos departamentos: Chuquisaca y La Paz.

Las acciones desarrolladas, en la auto-denominada “media luna”, de represión racial, social y política fueron similar a las realizadas en la ciudad de Sucre: toma y saqueo de instituciones públicas, atentados dinamiteros a domicilios particulares de dirigentes políticos y sociales del MAS y de las organizaciones sociales.

Tensiones en el Estado Plurinacional

TIPNIS y la movilización indígena

La VIII Marcha Indígena, discursivamente estaba planteada para defender la consulta previa e impedir la construcción del camino carretero que vinculaba Beni con Cochabamba, la base de la movilización fueron los pueblos indígenas organizados y afiliados a la CIDOB. El fondo de la movilización fue buscar una escisión de los pueblos de tierras bajas del proceso revolucionario y presentar a Evo y al gobierno como enemigos.

A la movilización se incorporaron ONG, resentidos del gobierno, y apoyaron militantemente toda la oposición política de centro y de derecha de las gobernaciones de Santa Cruz y Beni, el gobierno municipal de La Paz, Unidad Nacional y personalidades políticas de la derecha boliviana como Víctor Hugo Cárdenas. En síntesis, toda la oposición de convirtió en defensora de los indígenas y portavoces de su demanda.

Desde el gobierno denunciamos que la movilización tenía un objetivo político por el vínculo orgánico que se articuló con la derecha nacional y regional, antes y durante la movilización, hasta llegar a la ciudad de La Paz.

El tiempo fue testigo de ese hecho. A los pocos meses de concluida la marcha, Adolfo Chávez, principal dirigente de la CIDOB, firmó una alianza con la derecha cruceña, acordando que un dirigente indígena fuese parte de la estructura de gobierno de la gobernación de Santa Cruz; Pedro Nuni, ex diputado del MAS, fue candidato a gobernador por el MSM y luego secretario de la gobernación de Beni; Justa Cabrera, presidenta de la organización de mujeres indígenas, sub alcaldesa del gobierno municipal de Santa Cruz y, luego, Rafael Quispe, dirigente del CONAMAQ, que participó activamente en toda la marcha, terminó siendo diputado por Unidad Demócrata.

Los orígenes de la movilización pasaron a un segundo plano porque los líderes planificaron con precisión el impacto de la característica indígena de la marcha. Se atribuyeron la representación de lo indígena y presentaron a la opinión pública nacional e internacional, que un presidente indígena aymara era enemigo de los pueblos indígenas del oriente, la amazonia y el chaco.

En las elecciones para la gobernación de Beni, por la renuncia del gobernador Ernesto Suárez, Pedro Nuni, candidato por la socialdemocracia MSM, fue tercero en la votación (primero fue el MAS).

En esta movilización se propuso la ruptura de la principal organización nacional que lidera el proceso de cambio el Pacto de Unidad. Durante y después de la movilización, los líderes de la marcha plantearon y lograron alejar temporalmente a la CIDOB del Pacto de Unidad.

Dañar la imagen del Presidente Evo, acusándolo de enemigo de los indígenas del oriente, la amazonia y el chaco y quebrar el núcleo orgánico del proceso revolucionario, se constituye como parte de la estrategia política planificada por los ideólogos de la derecha nacional e internacional.

Potosí, federalismo y aislamiento local

El Comité Cívico Potosinista, institución que representa a instituciones y organizaciones sociales de la ciudad de Potosí, se constituyo históricamente por el núcleo sindical minero como oponente político a la dictadura y al neoliberalismo. Su característica organizativa giró siempre en torno a lo sindical y no así lo empresarial o académico.

En la memoria colectiva de generaciones de Potosí existe una interpelación política al poder y al Estado colonial republicano, porque concebimos que nuestro subdesarrollo está inscrito en el desarrollo de las ciudades y departamentos del eje central.

Ese sentimiento de frustración es la base la construcción y utilización del discurso que moviliza y justifica la demanda y, simultáneamente, interpela al poder.

No está en el ideal de la dirigencia cívica la valoración política del escenario nacional y el nuevo rol que juega y jugará Potosí, sino volver a utilizar el sentido de frustración histórica.

En el conflicto y la movilización de julio-agosto del 2010 y el paro de 19 días se demandó la frustración que originó la República: aeropuerto, complejo metalúrgico de Karachipampa, preservación del Cerro Rico, incorporando un punto central: respeto a los límites territoriales de Coroma (espacio físico de producción de quinua y disputa entre potosinos y orureños). La resolución dio origen a la construcción de un discurso y propuesta: federalismo.

COMCIPO se expresó sobre la eventual reelección del Presidente y afirmó que su objetivo era el revocatorio del Vicepresidente García Linera.

Dos elementos que no están ausentes del discurso y norte político de la derecha boliviana. Ante el fracaso de la autonomía planteada por la derecha de la media luna, Branko Marincovik propuso el 2008 ir hacia el federalismo, y los prefectos de la derecha impulsaron el revocatorio del Presidente y Vicepresidente.

La nueva dirigencia cívica se postuló con la fórmula “Potosí Federal Siglo XXI”; recurrió nuevamente al discurso de frustración colectiva para la movilización pero, previo a la movilización, el federalismo se constituye en el eje público de su discurso aunque sin un contenido solido y estructural.

La declaración sobre la autonomía se hizo aprobar en un cabildo en Santa Cruz, Beni, Tarija y Pando, similar situación se propuso durante el conflicto en Potosí. Se conformó un equipo de asesoramiento de profesionales de la universidad pública para presentar una propuesta de federalismo y los pasos a seguir.

En la “media luna” se exacerbó el sentimiento regionalista por la autonomía, en Sucre por la Capitalía, en Potosí la frustración y la postergación. En los tres escenarios se visualizó como enemigo: el Presidente y Vicepresidente, los parlamentarios, los dirigentes y militantes del MAS-IPSP y a las organizaciones indígena originario campesinas. En los tres momentos se utilizaron grupos de choque para obligar a la población a cumplir con las decisiones a través de coerción y simultáneamente se reivindicó la separación. En Santa Cruz se presentó un billete de 100 Bs. que no llevaba el nombre de Bolivia sino la nueva República de Santa Cruz.

En las plazas principales de Santa Cruz, Beni y Sucre se prohibió la circulación de campesinos, incluso en Sucre al Presidente de la Brigada Parlamentaria de Chuquisaca, un ex ejecutivo de la Federación de Campesinos, un grupo criminal lo golpeó desde la oficina parlamentaria hasta el mercado central, dejándolo con mas 30 días de impedimento. En Santa Cruz el Comité Cívico femenino pedía documentación a las personas que tenían rasgos físicos andinos para permitirles circular.

En Sucre se elaboró una gigantografía con la foto de los parlamentarios y constituyentes campesinos y del MAS, declarándolos enemigos.

En Potosí, cerca de las 10 de la noche del viernes 24 de julio, un atentado dinamitero en un poste de energía eléctrica dejó casi al 70% de la ciudad en penumbras; inmediatamente se hicieron circular información a través de las redes sociales del ingreso de los “indios del MAS” a la ciudad y convocaron a la población a armarse y defenderse de la agresión india. Miles de hombres y mujeres con palos, armas blancas y cachorros de dinamita preparados para el enfrentamiento.

Conclusiones

Los métodos represivos utilizados en estos conflictos son similares: grupos fascistoides organizados para desarrollar la violencia social, racial y política, asumida como un acto patriótico.

En esta estrategia de Guerra de baja y larga intensidad no están presentes los objetivos explícitos presentados discursivamente sino que el norte está precisamente en el desgaste de la imagen del Presidente y Vicepresidente, crear la imagen como enemigo del pueblo al MAS y a las organizaciones campesinas, porque ninguna de las tres planteamientos surgen como posibilidades de modelos organizativos de desarrollo local o regional, sino como consigna política de movilización, organización, interpelación y justificación de un nuevo conflicto en el corto tiempo.

Son tiempos en que la derecha asiste e impulsa conscientemente su cinismo político: se autoproclaman demócratas, defensores de los indígenas, de la madre tierra y la Constitución Política del Estado y amparados en este paragua seguirán impulsando, organizando y financiando movilizaciones, porque es su única fórmula política de presentación pública y de conflicto.

Estos conflictos no están desnudando realidades sino mostrando la estrategia planificada que tiene la derecha local e internacional.


* Ministro de Minería.

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