diciembre 4, 2020

11 de septiembre

¿Qué curso hubiera tomado la historia si los eventos que tuvieron lugar el 11 de septiembre de los años 1973, 2001 o 2008 no hubieran ocurrido? Chile, EE.UU. y Bolivia tendrían menos muertes que lamentar. Banzer no hubiera tenido a quien abrazar en Charaña, niños y niñas en Irak y Afganistán seguirían vivos, EE.UU. hubiera tenido menos excusas para invadir países y tal vez hasta Pablo Neruda hubiera tenido más tiempo para escribir poemas.

Pero no podemos borrar este día de ningún calendario en el mundo. Para bien o para mal este día seguirá existiendo. Podemos, sin embargo, no traicionar a nuestra memoria. Tenemos la obligación de condenar las injusticias que nos trajo esta fecha en varias ocasiones. Tenemos la obligación de reclamar por cada muerto que la ocupación estadounidense dejó en el Medio Oriente, la dictadura de Pinochet en Chile y los cívicos autonomistas en Pando.

El juicio contra Leopoldo Fernández está próximo a terminar. Los habitantes del municipio de Porvenir merecen justicia. Las familias de los mártires que murieron en el río Tahuamanu merecen saber que sus pérdidas no quedarán impunes. El nuevo Estado en Bolivia, nuestro Estado Plurinacional, seguramente hubiera tenido un parto menos duro si la arrogancia y la estupidez de una reducida oligarquía hubiera tenido límites.

Las pruebas documentales de uno y otro lado en el juicio de Porvenir demuestran que los cívicos no estaban dispuestos a respetar el derecho a la protesta, la movilización y la libre circulación de los campesinos pandinos. Las fosas que excavaron para obstaculizar su avance fueron grabadas por las cámaras de varios medios de comunicación, aunque en aquellos días estos llamaran enfrentamiento a lo que fue, sin lugar a dudas, una masacre.

No obstante, llama la atención el recibimiento que tuvo Fernández cuando se le permitió pisar Cobija nuevamente, a mediados de este año. No hay dudas de que se trataba de un líder carismático en su región, aunque tampoco muchos dudan que el hombre manejaba el departamento como un patrón a su hacienda.

No olvidemos la beligerancia autonomistas de aquellos días. La humillación a campesinos en la Plaza 1 de Mayo de Sucre ese mismo año, en vísperas de la celebración de la primera batalla ganada por las fuerzas independentistas en contra del yugo español. No olvidemos las fotografías de jóvenes de la Unión Juvenil Cruceñista sobre un coche con la esvástica nazi pintada en su puerta.

Se trataba de una guerra en casi el más literal de los sentidos, salvo que… no lo era. Y nada puede justificar un levantamiento contra el Estado y su legítimo dominio sobre su territorio. Por esta razón es muy poco probable que los cívicos autonomistas puedan ser calificados como defensores de la democracia durante aquellos días.

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