diciembre 4, 2020

El legado colonial de nuestras fronteras

Existe una corriente de pensamiento muy popular en América Latina y Bolivia, desde la mitad del siglo XX, que sostiene que gran parte de los males que aquejan a los países de la región tienen su origen en la época colonial de nuestra historia. La división internacional del trabajo que condena al sur mundial a ser un mero productor de materias primas, el carácter represivo de las élites políticas nacionales de los diferentes Estados del continente, así como el entrelazamiento entre clase y raza que domina la estratificación social de estos países, se explicaría porque fuimos colonizados por imperios que nunca tuvieron ningún real interés en nuestro bienestar.

Este pasado colonial también afectaría la estabilidad territorial de estos Estados. Un ensayo de los politólogos Paul Hensen y Michael Allison titulado: The Colonial Legacy and Border Stability: Uti Posidettis and Territorial Claims in the Americas, acierta que el pasado colonial de la región, en una perspectiva comparada con otros países del mundo, sí tiene consecuencias para la estabilidad de las fronteras de los Estados latinoamericanos. Entre las posibles causas, se arguye que el imperio español, a diferencia del británico, no era efectivo delimitando administrativamente sus dependencias, posiblemente debido a que su único interés en el nuevo mundo era la extracción de materias primas.

Otra conclusión de la lectura, de mucha relevancia para nosotros, es que el principio de uti posidettis (lo que tenías antes es lo que tendrás ahora) no es tan efectivo como se esperaría para prevenir disputas territoriales entre los países de la región. Aunque el pasado de cuenta con más guerras civiles que guerras internacionales, Latinoamérica sí ha tenido desencuentros interestatales cuyos desenlaces han sido tristemente militares.

Bolivia, particularmente, es uno de los países latinoamericanos que más ha sufrido por este legado colonial en sus fronteras. En poco más de un siglo tres guerras redujeron en casi un 50% su territorio. El papel de los recursos naturales en cada una de estas guerras ha sido, cuando menos, relevante. El guano y salitre con Chile, la goma con Brasil y el petróleo con Paraguay, todas guerras motivadas por la apropiación de bienes y recursos que el mercado internacional (en los tres casos) puso en alta demanda.

La estupidez de la clase política boliviana de aquellos tiempos también cumplió su rol, particularmente en la Guerra del Chaco. Como apuntó alguna vez el geopolítico conservador estadounidense, Lewis Tambs: “La concepción geopolítica de la naturaleza orgánica del Estado sugiere que su decadencia radica en la declinación de su concepción del espacio; y concepción del espacio era, justamente, lo que los directores del destino del Alto Perú carecían”.

Por todo esto, podemos afirmar que sí, que el pasado colonial ha tenido efectos negativos para nuestra región. No obstante, la Teoría de la Dependencia ha demostrado tener límites y el éxito de Brasil y China, de Corea del Sur e India, demuestran que el pasado no siempre es un condicionante para el desarrollo de las naciones. No hay un código genético que condene a los Estados a la pobreza y el subdesarrollo sólo por su legado colonial. La lucidez de la clase política definitivamente tiene un rol.

Al parecer Bolivia está viviendo un momento de lucidez. La figura del Presidente ha logrado cohesionar a todo el país en torno a esta demanda que ha arrancado gritos de júbilo este último jueves 24 de septiembre. Políticos y académicos de diferentes corrientes, incluso de las más opositoras a Morales, apoyan la demanda marítima del Estado Plurinacional en la Corte Internacional de Justicia. Algo definitivamente destacable.

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