noviembre 29, 2020

Repensar la izquierda

Hay que re situar el horizonte comunista, desde sus condiciones fácticas, como aquel movimiento para lograr una sociedad cada vez más igualitaria.

Para este artículo diferenciamos entre “la izquierda” entrecomillada entendida como la izquierda del consenso democrático, y la Izquierda con mayúscula del título como movimiento anti consenso, como se verá a continuación.

La llamada “izquierda” ocupa hoy un lugar en el sistema político dominante: el sistema político de consenso. Dicho de otra manera, la “izquierda” participa en el sistema democrático occidental como un dato constitutivo de aparente pluralidad, por ello se acepta que un sistema democrático occidental naturalice un balance entre “izquierda” y su opuesto llamado derecha. Cuando se está delante de una crisis de un gobierno de izquierda inmediatamente se piensa en su par constitutivo como su reemplazo: la derecha. Sucede lo mismo cuando la crisis le pertenece a un gobierno de derecha, se piensa en su par constitutivo como su reemplazo: la “izquierda”.

Este razonamiento simple y sencillo se puede ejemplificar en la imagen que nos hacemos del par “izquierda” y derecha:

    X ——————————— X

Izquierda ———————- Derecha

Política de consenso

La dificultad para repensar la Izquierda radica en abandonar el consenso. Insisto, por consenso entiendo al sistema dominante, en el caso del sistema político me refiero a la manera en la que se representa a las democracias occidentales como constituidas por una pluralidad de dos polos: “izquierda” y derecha, pero que en el fondo, estos dos polos son intercambiables cada determinado tiempo expresando de esta manera la mantención del orden establecido o lo que podemos llamar consenso (véase el juego de intercambios en los sistemas democráticos del mundo). Este orden establecido mantendría el capitalismo en lo económico y la democracia parlamentaria en lo político. La “izquierda” de consenso simplemente gestionaría de una manera distinta el capitalismo, denominándolo de otra manera (capitalismo de Estado, capitalismo popular, etc.) y haciendo un mayor énfasis en la redistribución de la ganancia generada en el capitalismo, por ejemplo, destinándolo a las capas sociales más empobrecidas a partir de bonos, inversión pública, etc. La derecha gestionaría de otra manera el capitalismo y la democracia parlamentaria, pero la base del consenso se mantendría sin posibilidades de una mayor transformación, por ello tanto “izquierda” como derecha serían intercambiables cada determinado tiempo como juego normal y plural de la democracia.

En este consenso una crisis de la “izquierda” sólo puede pensar en una solución convocando a su opuesto la derecha, como dato constitutivo del orden dominante. Por ello cada vez que se ataca a la “izquierda” se teme (o se festeja dependiendo de la posición del sujeto) un retorno de la derecha.

Abandono del consenso

Repensar la Izquierda supone abandonar el consenso, pero para ello se precisa desplazar la imagen que nos hacemos de izquierda de la siguiente manera:

      X ——————————— X

Izquierda ——— Consenso (de Izquierda – Derecha)

Bajo este esquema desplazamos como Izquierda a la alternativa misma del consenso y, en consecuencia, tomar a la Izquierda en un sentido que no es el dominante nos permite repensar la Izquierda como alternativa esta vez ya no de la derecha, sino del orden constitutivo dominante.

Esta manera de repensar la Izquierda permite darle a la misma una mayor movilidad, una dinámica distinta, que no tendría si se mantiene el consenso, es decir si se mantiene el orden constitutivo dominante. Recordemos que la Izquierda supone un movimiento.

La “izquierda” del orden constitutivo dominante no puede, por su misma condición de ser parte constitutiva del orden, actuar fuera de este orden. Sin embargo, sólo se puede lograr desplazar la imagen del orden dominante del consenso si se toma como antagónico a esta “izquierda” de consenso, en tanto en esta “izquierda” de consenso habita la derecha como condición misma del consenso. Dicho de otro modo, si el consenso supone que “izquierda” y derecha son intercambiables cada determinado tiempo, la “izquierda” del orden constitutivo no puede actuar ni pensarse como algo fuera de sí.

Repensar la Izquierda supondría radicalizar la Izquierda como opuesta al consenso. Esto supondría que la Izquierda debe buscar la emancipación de los sujetos del estado de cosas dominante y generando una crítica de la Izquierda a la “izquierda” del sistema dominante.

Si la “izquierda” del sistema dominante desplaza su posición habilita el espacio antagónico como uno real de contrarios, si no lo hace mantendría una negación de la Izquierda en busca de hacer prevalecer el consenso. Por ello frente a la crisis de la “izquierda” de consenso la alternativa no puede ser la derecha (pues en este caso se habilitaría el consenso) sino el desplazamiento del espacio de consenso y habilitar a la Izquierda.

Y no se trata de discutir datos electorales sino de replantear el debate de la Izquierda. Por ello repensar la Izquierda supondría volver a la sustancia misma de la Izquierda como condición de posibilidad de pensamiento y acción contra el orden político y económico dominante. 

En el caso boliviano asumir una crisis de la “izquierda” no debe venir de los datos del referéndum sino de lo que pueda suponer este resultado como parte del juego izquierda-derecha del consenso. La izquierda boliviana debe abrirse a un debate de su condición misma de Izquierda, dejando al juego del consenso la discusión por el dato del referéndum y sus demás componentes y eventualidades. La Izquierda debe replantearse la manera en la que piensa su relación con lo dominante y las alternativas de emancipación posible que vaya más allá del juego de lenguaje, dicho de otra manera, que estas alternativas y condiciones de emancipación modifiquen el orden dominante.

La discusión no puede estar en el uso de las redes sociales, ni en los procesos de debilidad del gobierno de Morales, sino en el lugar que ocupa la Izquierda y sus posibilidades de transformar o quebrar el consenso. Ya Zizek y Badiou llamaron la atención sobre la imposibilidad de las izquierdas parlamentarias de imaginar y presentar alternativas de emancipación posibles al capitalismo contemporáneo.

Repensar la izquierda también supone re situar el horizonte comunista como aquel movimiento de la sociedad, desde sus condiciones fácticas, para lograr una sociedad cada vez más igualitaria y con una organización política y económica que escape de todo lo negativo que trae consigo el capitalismo hasta proponer una alternativa al mismo.


* Abogado.

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