diciembre 8, 2021

Sheyla, ¡la niña que encanta!

Tiene magia y gracia en sus movimientos. Va de un lado a otro de la cancha como halada por el viento. No corre detrás del balón. ¡No!, ella va detrás de un sueño, aunque todavía es muy pequeña para percibirlo.

Mientras tanto, se divierte y encanta. Verla jugar produce una mezcla de asombro y alegría. Es tan pequeña y bella que el fútbol se rinde a sus pies, que la sorpresa rebaza la realidad, como la lluvia al hastío.

Con apenas siete años de edad, entra y sale del área grande a la usanza de los futbolistas consagrados. Sube a recuperar balones.  Se pega a la marca del último defensa. Chutea a puerta y anota goles. Tiene concepto.

Estudia en la Unidad Educativa Ovando; juega para Diablos de Oro y dice que aprendió sola, que es su padre –Enrique Vela- quien la lleva a entrenar y que Cristiano Ronaldo es su jugador favorito.

“Sí, me gusta como juega”, y en su voz advertimos que añora ser una gran futbolista, como el portugués.

En su adorable inocencia, quizás no sepa que el destino se fragua con estas “pequeñas cosas” –amar el fútbol desde la cuna- y que los grandes deportistas se siembran en el corazón de sus seguidores desde aquí: desde la intrascendencia de un partido, desde una cancha sin nombre.

Hoy Sheyla toca el balón y vuela… vuela sin percatarse que muchos ojos la miran (admiran). Vuela hacia el mañana.

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