septiembre 16, 2021

La oposición trata de fabricar sentimiento de segunda vuelta


Por José Galindo * -.


Un ecologista de izquierda, o un verdadero ecologista, no piensa solamente en salvar los bosques. Sabe que conservar el medio ambiente necesariamente pasa por mejorar las condiciones de vida de las personas, sobre todo de los más pobres, y eso es justamente lo que trata de hacer Morales, mediante políticas redistributivas de una riqueza limitada y efímera. Su preocupación por los más desposeídos lo coloca más cerca del ambientalismo verdadero que a Carlos Mesa.

Una encuesta publicada por Página Siete, con clara orientación opositora, señala que “56% de los bolivianos encuestados considera que el presidente Morales tiene responsabilidad por los incendios que asolaron la Chiquitanía por emitir decretos que permitían el chaqueo”. “Si las elecciones fueran mañana, 34% de los bolivianos votarían por Evo Morales, mientras que 27% lo harían por Carlos Mesa”. “El 25% de los bolivianos cree que el principal problema a resolver por el próximo gobierno es la corrupción”.

La encuesta que le da a Evo Morales apenas una diferencia de no más de 7 puntos sobre Carlos Mesa, lo que forzaría una segunda vuelta, coincide con la realizada por la UMSA y otras instituciones, en la línea de instalar en el imaginario colectivo la idea de que habrá segunda vuelta, en clara discrepancia con otros estudios que le dan a Morales una ventaja mayor y una victoria en primera vuelta.

Éstas afirmaciones basadas en la observación de los resultados de diferentes encuestas publicadas en los últimos tres meses tratan de reflejar el sentir y el parecer de los bolivianos respecto a determinados temas, tratan de medir la opinión pública. Pero la opinión pública, ¿es reflejada por los medios de comunicación o es producida? ¿Tienen los medios de comunicación la capacidad para manufacturar la opinión pública en vez de sólo reflejarla? ¿Pueden los medios crear realidades?

Nada de lo que se haga o se diga ahora es inocente

A sólo unos días de las elecciones generales los medios de comunicación han desatado una avalancha de encuestas, mediciones y datos que más que informarnos, amenazan con enterrarnos bajo una gruesa capa de números, porcentajes y estimaciones cuyo propósito era al principio solamente darnos cierto nivel de certidumbre sobre lo que va a pasar en el corto plazo. No se puede negar que las encuestas son un procedimiento técnico por el cual se trata de medir o cuantificar la opinión de una parte de la sociedad respecto a tal o cual tema, pero ese mismo procedimiento técnico tiene al mismo tiempo la capacidad de influir sobre ese mismo parecer de las personas: tratan de reflejar una realidad sobre la cual luego ejercer influencia. La opinión pública, en otras palabras, cambia por el sólo hecho de observarla. Ésta es la premisa del trabajo Hacer la opinión: el nuevo juego político, de Patrick Champagne, publicado en 2002.

Al mismo tiempo, decíamos anteriormente que las campañas electorales tienen como fin último influir sobre la decisión de los votantes hacia uno u otro candidato. Al mismo tiempo, las campañas se sirven de diferentes métodos para lograr esto, siendo los principales la movilización de recursos materiales y humanos, primero, y la capacidad de aprovechar “eventos” para inclinar el aprecio o desprecio de la gente hacia uno u otro postulante, después. Según Henry E. Brady y compañía, en El Estudio de las campañas políticas, cuatro estrategias son fundamentales para un partido que quiere influir sobre el voto de la gente: persuadir; priorizar y polarizar; informar y movilizar; y hacer alianzas y coaliciones. Par las dos primeras, persuadir y polarizar, se necesita de eventos o ejemplos cotidianos que permitan a los contrincantes posicionar al electorado ante un dilema o elección propuesta. Algo que les permita colocar al electorado en una disyuntiva que diga algo así como: “Éste es un problema, ¿de qué lado estás?”

El “evento”

Los incendios que asolaron la Chiquitanía fueron hábilmente usados para influir sobre las percepciones de las personas que votarán en las siguientes elecciones. En una encuesta publicada el último sábado por la mañana, Página Siete reveló que 56% de los bolivianos encontraban a Evo Morales como responsable por los incendios sobre la Chiquitanía, tanto por haber creado las condiciones para que dichos incendios tuvieran lugar, como por no haber actuado rápidamente sobre ellos. Un dato que en cualquier otro momento hubiera sido simplemente eso, un dato, en las actuales circunstancias puede ser usado para inclinar la corriente de la tendencia del voto en contra del candidato presidencial.

No queremos decir con esto que se incurre en ningún tipo acto ilegítimo, pero ciertamente es una noticia que parte de una intencionalidad: hacer que más gente opte por no votar por él. Se apela al sentido de preocupación por el medio ambiente de las personas que leerán ésta noticia, para que no voten por Morales.

Ésta encuesta no es pues un hecho aislado y por ello mencionamos las dos premisas precedentes: que la opinión pública no es sólo reflejada por los medios sino que también es manufacturada por los mismos, y que en una campaña electoral, los partidos tratarán de polarizar el voto partiendo de un dilema que ellos mismos plantearán a la población. Cuando se le pregunta a las personas si piensan que un candidato es responsable por una calamidad que acaba de azotar al país al mismo tiempo que se publican opiniones que apuntan a ello ciertamente se está presente ante la primera situación: hacer la opinión. Cuando los competidores utilizan esta misma opinión para tratar de atraer votos o impedir que éstos lleguen a su contrincante estamos ante la segunda situación: polarizar.

Puntualidad o mala suerte

Nada de lo que se diga o haga en los próximos días es inocente. Cada palabra, gesto y acto estarán orientados a influir sobre el electorado. Y por ello se debe tomar con un tazón de sal toda afirmación que se haga. No obstante, se está ante una actuación plenamente legítima en tiempos de campaña, una jugada muy hábil por parte de los detractores de Morales, y posiblemente muy efectiva.

Y esto por dos factores:

Primero, por el momento en que sucede esto, que es el tiempo en que la conservación del medio ambiente es un eje de discusión política muy decisivo. Ahora éste tema es un clivaje, separa a unos de otros de acuerdo a la postura que uno u otro tenga por el clima.

Y segundo, por las características demográficas del electorado boliviano. Según una publicación de El Deber de enero pasado, los votantes jóvenes en Bolivia serán 2.570.701 de personas, casi el 40%. Una generación, al mismo tiempo, llamada a responder al desafío del cambio climático. Su percepción sobre si Evo es o no un destructor de la naturaleza es importante en términos estratégicos para la campaña contra éste candidato.

Los incendios no podrían haber sido más puntuales, no pudo haber peor momento para que se dieran, una u otra opción dependiendo de qué lado se está en relación a Evo Morales. Presentarlo como el peor depredador de la naturaleza en el escenario político era la estrategia desde un principio. No mostrarlo como responsable del incendio, ni tampoco como un inepto para resolverlo; no, el objetivo último era posicionarlo del lado del problema y no como la solución al dilema conservar/ destruir el medio ambiente. Una excelente jugada. La oposición tiene mucha suerte o es más lista de lo que se piensa.

Una verdad mal apreciada no es una mentira, pero si una verdad a medias
El movimiento verde cobra cada día mayor fuerza a nivel mundial, y no se puede condenar que ello sea así. De hecho, debería ser festejado, pues es una respuesta más que pertinente frente a lo que sucede en el planeta. Pero cabe preguntarse si Morales es necesariamente un factor elementalmente malo para el medio ambiente.

Casi cualquier presidente en su lugar, tomando en cuenta la naturaleza rentista y extractivista de nuestro Estado, hubiera firmado contratos de exploración y explotación de recursos no renovables. Casi cualquier presidente hubiera sellado pactos con el poderoso lobby agrícola y ganadero de nuestro país, so pena de iniciar un conflicto que logró evitar en 2008. No hay un solo político a nivel Bolivia que se haya planteado el problema del medio ambiente antes de éste año. De hecho, ¡fue el propio Morales quien lo puso sobre la palestra! La ironía, siempre la ironía.

El oficialismo puede reaccionar ante esto de dos formas:

Puede lamentarlo y denostarse a sí mismo o demonizar a los opositores a Morales, tal como éstos últimos se lamentaron, denostaron y demonizaron al oficialismo cuando Carlos Mesa, su candidato estrella, se vio estancado en las encuestas a finales de julio pasado, frente a un Morales que se mantenía como primera opción de los bolivianos a pesar de la intensa campaña contra su postulación que se hizo desde las plataformas del 21F. Ser un mal perdedor.

O puede felicitar a la oposición por su de ven en cuando buen olfato político, o incluso por su suerte, y aprender a identificar mejor las circunstancias. Aprender que hay nuevos ejes de pensamiento, nuevos sentidos comunes que están emergiendo, y que ir contra ellos es simplemente un suicidio. Hoy en día la cuestión del medio ambiente ya no es sólo la preocupación de algunos bien pensantes, es una cuestión central neurálgica, prioritaria, de la cultura política universal contemporánea.

Y la segunda reacción tiene una ventaja más. Apreciar que aunque la oposición tuvo una buena jugada con los incendios de la Chiquitanía, eso tampoco los convierte en campeones del medio ambiente, ni mucho menos. Muchos asambleístas nacionales que se oponen a Morales están íntimamente relacionados con los lobbies empresariales del oriente, y muchos de ellos tienen posiciones incluso más retrógradas que el más conservador de los masistas.

Y aún más, pues si bien Morales no es exactamente el candidato ecologista por excelencia, tampoco es un vector de incendios, plagas y desmontes, tal como lo es Bolsonaro en Brasil. Hoy en día todos son ecologistas, pero lo que separa a los ecologistas de izquierda de los ecologistas de derecha, o falsos ecologistas, es que los primeros no sólo aceptan que el hombre es responsable por la destrucción del medio ambiente, sino que lo es por el modo de producción que ha construido sin saberlo, un capitalismo cuya existencia misma amenaza la supervivencia de nuestra especie.

Un ecologista de izquierda, o un verdadero ecologista, no piensa solamente en salvar los bosques. Sabe que conservar el medio ambiente necesariamente pasa por mejorar las condiciones de vida de las personas, sobre todo de los más pobres, y eso es justamente lo que trata de hacer Morales, mediante políticas redistributivas de una riqueza limitada y efímera. Su preocupación por los más desposeídos lo coloca más cerca del ambientalismo verdadero que a Carlos Mesa. Puede que Morales no sea un ecologista en sí mismo, pero su camino apunta a ello, y a todos que lo siguen honestamente.

Los medios son sólo uno de muchos escenarios de lucha

Hoy contamos con más información que en cualquier otro momento en la historia de nuestra especie. En los últimos 50 años hemos producido más conocimiento y datos que en la suma de los siglos anteriores. La información es también más rápida, se transmite en cuestión de segundos a través del espacio, y disponemos de ella virtualmente en casi cualquier rincón del planeta. Estas dos cualidades con las que cuenta la información hoy en día, abundancia y rapidez, deberían hacernos capaces de tomar mejores decisiones, de hacernos más sabios, en resumen. No obstante está súper disponibilidad de datos nos ha hecho más lentos, más manipulables, más ingenuos. La realidad, al parecer, nunca pierde su sentido de ironía.
Todo retazo de información que sea publicado en los siguientes días estará orientado a sumar o restar votos.

Pero no es el único escenario, no es la única batalla. Las encuestas sólo pueden medir en éste escenario, no en los demás, y los demás son tal vez más importantes, justamente porque no los vemos.


* Es politólogo.

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