octubre 19, 2020

Carácter de la revolución boliviana

En la caracterización de la Revolución Boliviana, cabrían todas las concepciones que sobre Revoluciones existen en el planeta. Veamos solamente algunas: en el Gobierno se ha generalizado aquello de la Revolución Democrática y Cultural; desde el punto de vista clásico en la Bolivia actual no hay revolución, sólo reformas; la derecha concibe que el proceso de Bolivia, peligrosamente se orienta hacia el comunismo; una corriente del indigenismo boliviano sostiene que la Revolución actual no es ni será socialista, será comunitaria, ni capitalista ni socialista; y las últimas expresiones, felizmente minoritarias aún, es que el Gobierno no tiene oposición formal porque ella está dentro del Gobierno y desde ahí está logrando romper la alianza con los movimientos sociales, para éstos, no hay nada de revolución en el Gobierno actual. Esto no es todo, pero sirve para continuar en la onda del Vicepresidente que el 22 de enero pasado, delineó lo que en su pensamiento es el carácter de la Revolución boliviana.

 

Desglosemos algunos conceptos desde el punto de vista de la dialéctica (contradicciones), conceptualización utilizada por el Vicepresidente.

 

La Revolución Democrática y la democracia como meta

 

Para esta corriente, si la democracia es la meta, la revolución democrática es el proceso para llegar a esa meta, que no sería otra que pasar de la democracia como sistema político a la democracia como modo de vida.

 

Para Fukuyama, el nipón americano, la democracia liberal, individual, capitalista, es la realización humana, es el sistema político superior que derrotó a todos los sistemas y se erigió como la meta de la humanidad, no habiendo nada más adelante que “el fin de la historia”, la historia de las ideologías como aclaró después de las muchas críticas que recibió. Para esta corriente democrática, liberal, capitalista, ya estaríamos viviendo esa democracia, en la meta, y quienes se le oponen no solamente serían “dinosaurios”, sino inhumanos porque esta democracia “es la plena realización humana”.

 

Para el socialismo real, en la línea de los clásicos, la perestroika (reforma), constituía el camino a la construcción de la democracia socialista, habiendo pasado de la dictadura del proletariado (del partido en la autocrítica de Gorbachov), a la democracia socialista como una expresión inicial del comunismo. En este caso la meta sigue siendo el comunismo, pero la democracia socialista es el tránsito a esa meta. O sea que para esta corriente no hay revolución democrática en sí sino como tránsito al comunismo, la “fase superior del socialismo”. Para los clásicos de la teoría marxista, no existen metas fijas porque “todo genera su propia contradicción” pero siempre para continuar el avance incontenible de la humanidad.

 

De las otras corrientes nos ocuparemos después, por ahora bástenos marcar las contradicciones entre las dos posiciones que se enfrentaron históricamente desde las postrimerías del siglo XIX hasta los albores de nuestro siglo XXI.

 

La revolución cultural, ¿cuál será su meta?

 

La cultura evoluciona conforme evoluciona la humanidad. La cultura como concepto es universal, pero las culturas específicas son heterogéneas, diversas. Por este carácter general y específico de la cultura, no podría existir una sola meta cultural, sino culturas heterogéneas y diversas que enriquecen culturalmente a la humanidad por su amplia diversidad. Por esta característica, la ONU ha declarado a la cultura como “patrimonio común e intangible de la humanidad”, agregando que es decisión personal, un derecho humano, identificarse o adherirse voluntariamente a una cultura. Por eso existen muchos culturalistas indigenistas en nuestro medio, sin ser indígenas.

 

Por todo esto colegimos que no existe una sola meta cultural como objetivo revolucionario. Y si la cultura específicamente es una meta también específica, ello determinará el tipo de revolución de la cultura hindú, árabe o pluricultural como en Bolivia. Y si admitimos que las culturas evolucionan acorde a la evolución social y humana, la revolución cultural debería definirse: o por recuperar las culturas ancestrales o hacerlas evolucionar más rápido acorde a la evolución desenfrenada de nuestros tiempos acicateados por la tecnología y la cultura implícita y explícita que ella conlleva.

 

CONCLUSIÓN INICIAL

 

El concepto de Revolución Democrática y Cultural, no es un concepto acabado sino en construcción. Este es un déficit de quienes intentan convencernos de la revolución democrática y cultural en Bolivia. Continuaremos apoyando la construcción conceptual, teórico-práctica de lo que está sucediendo en Bolivia, para que no sean solamente los intereses particulares, grupales o conveniencias políticas coyunturales, las que guíen las conductas específicas de quienes estamos con el proceso de cambio.   

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