octubre 24, 2020

Golpear a Cuba (el parto de la abuela)

“¡Como éramos pocos, parió la abuela!” reza el conocido dicho, y como para certificarlo, en dos días encontramos sendas notas en periódicos bolivianos, una a cargo de una bloguera al servicio de Washington (personaje digno de figurar en el libro de récords Guinness no sólo por la cantidad sospechosa de premios y reconocimientos recibidos, sino por ser una desconocida en la propia sociedad de la cual pretende ser vocera y lider). La otra desde la pluma de un escribidor convencido de haber descubierto el agua tibia.

Probablemente a falta de ideas más originales, éste refrita la especie del talante crítico de un conocido autor cubano -Leonardo Padura-, cuya última novela ha sido publicada y será presentada por estos días en la Feria del Libro de La Habana. Echando mano a un gastadísimo cliché, indica que hubo “augurios” (¡¡música de terror!!) en el sentido de que la novela en cuestión jamás vería la luz en una edición nacional (¡¡de nuevo música de terror para su explicación “editoriales locales en manos del Estado”!!). El informador ignora u oculta dos cuestiones elementales: el novelista Padura es seguido y leído con avidez en la isla desde hace mucho tiempo. Su saga conocida como las cuatro estaciones se vendió como pan caliente en diferentes años, y tanto su protagonista (el detective Mario Conde) como la ambientación social constituyen un reflejo de la realidad-real cubana, con sus luces y sus sombras, sus contradicciones y utopías.

Pero pesan (y venden) más los estereotipos: el pueblo silenciado, los arriesgados “autores críticos”, el Estado controlador, etc. aunque la sociedad cubana sea de hecho una de las más dispuestas al debate, el diálogo y la discusión permanente.

Bloguera y periodista se unen, éste leyendo a aquella y cazando al vuelo una idea que no por peregrina deja de ser atractiva y mercantilizable: ¿por qué el pueblo cubano no se levanta en protesta como el pueblo egipcio? Por mansedumbre, facilismo y apatía, afirma la cibermercenaria. Porque el gobierno cubano esconde lo que ocurre en El Cairo y su prensa enmascara los sucesos, indica el escribidor, ¡aunque a renglón seguido reconozca que el mismísimo Fidel sí se refirió ampliamente al tema! (y es sabido que sus reflexiones son reproducidas in extenso por medios escritos, radiales y televisivos…).

De nuevo la construcción mental se pretende imponer a la realidad, negándose a reconocer que el pueblo cubano posee un envidiable nivel de formación política y está mucho mejor informado que el promedio de los ciudadanos latinoamericanos. Pero la consigna es golpear a Cuba. La disidente sencillamente por dinero; el periodista porque resulta de buen tono en ciertos ambientes intelectuales, en los que tomar distancia de la Revolución cubana rinde todo tipo de dividendos.

Como ironía de ironías, es muy probable que la semana entrante sí se produzcan tumultos en La Habana: el libro de Padura se venderá a un precio accesible a cualquier trabajador, la demanda será fuerte y provocará aglomeraciones, como suele suceder con diferentes hechos culturales. Por mi parte, intenté encargarlo a librerías de la ciudad de La Paz, donde me indicaron que su precio equivale a cuarenta dólares en la edición española de Tusquets. Me resignaré a seguir leyendo notas cínicas en periódicos plomizos.

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