diciembre 6, 2021

El motín policial y Pier Paolo Pasolini

No está en duda la pertinencia de las demandas salariales de los policías ni tampoco, aunque estas sonaron menos, las exigencias de mayor atención a sus condiciones operativas. Una policía mal pagada, viviendo y funcionando en medio de la precariedad, no cumple con su cometido y es lógico (justo) que proteste. Pero esto es secundario, frente a las formas de la protesta, el lenguaje utilizado y desparramado por las calles además de amplificado por la televisión. Fuerza, bravuconadas, agresiones, racismo e intolerancia, caracterizaron la protesta callejera de miles de policías. No ganamos nada, y perdemos capacidad de explicación y de prevención para el futuro, adjudicando a “inflitrados” (unos “hippies de pelo largo”, dijo un Viceministro) o acudiendo a una conspiración de los partidos opositores (que seguramente la hubo). Lo que hay que ver, como en toda crisis —y está lo fue— es lo que salió desde dentro, aquel sentido que estaba contenido, y que halló modos y escenario propicio para expresarse: Quema y pisoteo de whipalas, ponchos incendiados, ataques y golpes a indígenas, epítetos descalificantes e insultos racistas contra el Presidente Morales. Si fueran expresiones aisladas de uno u otro despistado, pase; no falta uno en la masa desafiante. Pero cuando tiene la consistencia de un coro y proviene de una multitud que ruge y obtiene aplausos, la situación es otra.

Durante las protestas estudiantiles de 1968, el izquierdista y cineasta italiano Pier Paolo, Passolini, retó a los manifestantes: “Tenéis cara de hijos de papá. / […] Cuando ayer en Valle Giulia os habéis pegado/ con la policía, / yo simpatizaba con la policía. / Porque los policías son los hijos de los pobres. […] En Valle Giulia, ayer, se ha producido un episodio / de lucha de clases: y vosotros, amigos (que estabais del lado / de la razón) erais los ricos, / mientras que los policías (que estaban del lado / de la injusticia) eran los pobres”. Lo dramático de nuestra situación fue, que al revés de la Italia del 68, los pobres golpeaban a los pobres, para beneplácito de los encumbrados y sus redes televisivas, que transformaron el ataque, en un espectáculo.

Hay que preguntarse pues hasta qué punto, más allá de la formalidad de su juramento o de sus nuevas insignias multicolores, si los policías esta(ba)n comprometidos con el Estado Plurinacional. Si la policía, para decirlo con Louis Althusser, es un Aparato del Estado; aquella que estaba en las calles hace días: ¿de qué Estado lo era?, ¿contra quién ejercía su violencia?

*          El autor es historiador

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