diciembre 8, 2021

La histeria

por: Delia Soliz Checa

El vicepresidente Álvaro García Linera ha sostenido que los medios privados “histerizan” la realidad y la “manipulan groseramente” al momento de abordar el tema de la trata y tráfico de personas. La psicoanalista Delia Soliz Checa nos da otro concepto y señala que cuando se habla de histeria se hace referencia a una “categoría nosográfica” que (según Lacan) da cuenta de una “estructura (psíquica, de sujeto)”.

La categoría nosográfica de histeria tiene su origen en la antigua medicina griega que concebía a la misma como una enfermedad de la mujer, puesto que histeria venia de hysteron, útero. Por tanto, se decía que tenía que ver con desordenes uterinos

Durante mucho tiempo se entendió por histeria a las crisis histéricas que consistían en la manifestación de una serie de síntomas que estaban asociados con dichas crisis y que se asemejaban a las convulsiones de la epilepsia. Fue recién en el siglo XVII que Lepois la definió como una enfermedad del sistema nervioso (Mazzuca, R. La neurosis de Freud a Lacan. 2002. P.25).

Sin embargo, las concepciones de Lepois no tuvieron mayor repercusión en su época, hasta que 50 años después fue retomada por Willis que si bien la consideró una enfermedad nerviosa, dijo que se parecía con la hipocondría, es decir, que aparecía en las personas que padecían esta enfermedad, una preocupación muy marcada por su salud.

Posteriormente fue Jean-Martin Charcot, el médico parisino quien investigó la histeria y que siguió sosteniendo la idea de que existían lesiones funcionales en la misma y que por tanto los síntomas no se podían diferenciar de otros síntomas neurológicos. Sin embargo, fue también Charcot, quien demostró la objetividad del síntoma histérico contrariamente a la tradición psiquiátrica de la época que consideraba a los mismos como efecto de un engaño e imitación intencionada. Sin embargo, no sólo la tradición psiquiatra reducía a la histeria a algo simulado, exagerado e inventado, sino que también el vulgo común poseía esta concepción.

Fue la investigación de Sigmund Freud, producto de la práctica clínica con pacientes que atendía como neurólogo en el hospital de Viena, que le permitió separar a la histeria de cualquier otra enfermedad neurológica y concluir que se trataba de una enfermedad psíquica, es decir, que todas las manifestaciones somáticas que si bien simulan a veces una enfermedad orgánica, no obedecen a lesiones neurológicas.

El gran descubrimiento de Freud fue determinar que detrás de la histeria que se asemejaba a una enfermedad neurológica por sus síntomas, existían conflictos psíquicos que tenían que ver con situaciones de la historia infantil vinculadas con la sexualidad, que habían quedado olvidadas para la persona y que en última instancia era la causa que determinaba la aparición de dichos síntomas denominados por este autor “conversivos” porque generalmente toman una parte del cuerpo.

Los síntomas clásicos de la histeria se traducen en síntomas físicos como parálisis parciales, dolores y anestesias, dolores de cabeza, alergias nerviosas y otros, en los cuales no se encuentra base orgánica y que tampoco tiene relación con el sistema nervioso.

La histeria le permitió a Freud entrar en el campo del psicoanálisis y posteriormente formular su teoría sobre el inconsciente, ya que para éste, el síntoma histérico no era nada más que el retorno de lo reprimido, material que por sus características debería quedar fuera de la conciencia.

La histeria también le permitió a Freud formular su teoría sobre el trauma psíquico y su concepto de realidad psíquica, puesto que aparecían escenas de seducción en los relatos de los pacientes, a los que Freud les dio un valor de verdad, pues se trataba de la realidad del paciente.

Freud demostró también a partir de su experiencia clínica, que la histeria no era solo un asunto de mujeres, puesto que se encontró con hombres histéricos, que le llevo a afirmar que existe la histeria masculina, aunque exista un mayor número de histeria femenina.

Posteriormente Lacan, un psicoanalista francés (1901-1981) y que contribuyó enormemente al psicoanálisis, considero a la histeria al igual que Freud, como una de las dos principales formas de neurosis (la otra es la neurosis obsesiva). Fue también Lacan que levantó el rótulo de enfermedad que recaía sobre la neurosis, para plantear que se trata de una estructura clínica, dentro de la cual la histeria se constituye como uno de los grandes tipos de la neurosis.

Lacan señaló que cada sujeto tiene un modo de constituirse en función de determinados elementos que se ponen en juego en la dinámica familiar y que determinan una estructura clínica u otra, puesto que —según sus conclusiones— solo existen tres tipos de estructuras clínicas: neurosis, psicosis y perversión.

La histeria con Lacan dejo de ser un conjunto de síntomas para pasar a ser una estructura y esto significa que un sujeto no necesariamente puede presentar síntomas físicos y, no obstante, ser considerado como un histérico desde el psicoanálisis lacaniano.

Lacan planteo también que la neurosis tiene estructura de pregunta para el sujeto; pregunta que se formula de manera diferente en cada uno de los tipos, es decir, que en la neurosis obsesiva la pregunta tiene que ver con la existencia, en cambio en la histeria el sujeto se pregunta por su posición sexual ¿soy hombre o mujer?, o más particularmente ¿Qué es una mujer?, pregunta que es formulada por los histéricos tanto mujeres como hombres. Por tanto, Lacan determina que la histeria tiene una estrecha relación con la feminidad.

En una etapa avanzada de su enseñanza Lacan utilizó el concepto “histerizar”, para dar cuenta de la importancia que tiene en el tratamiento psicoanalítico el poder hacer surgir en el paciente una interrogación que le permita procurar las respuestas a su sufrimiento.

Si bien hoy en día, desde la psiquiatría y más concretamente desde los manuales estadísticos como el DSM IV, despareció la histeria como categoría nosográfica para ser sustituida por el concepto de “trastorno histriónico”, esta reducción de la histeria a la parte más teatralizada de la misma, no permite explicar en su real magnitud cómo se presenta en la experiencia clínica el sujeto histérico.

*          Delia Soliz es psicóloga clínica, psicoanalista y docente titular en la Universidad Católica Boliviana y en la UNIVALLE.

Be the first to comment

Deja un comentario