octubre 15, 2021

En torno a un 6 de agosto

La celebración del pasado es y debe ser objeto de controversia, entre los que dicen que no hay nada que celebrar y quienes afirman que es lo único que debemos alabar son gestas gloriosas, porque allí están “nuestras raíces”. ¿Estamos obligados a escribir otra historia, diferente a la imaginería historiográfica decimonónica y sus narradores que escribían como dueños del pasado? ¿Cómo? ¿Cuál? ¿Otra nación en ciernes; necesita otra historia y otro pasado? Las razones saltan a la vista. Los acontecimientos de pie a la irrupción del pensamiento liberal, de la democracia, del constitucionalismo, del sujeto individual; en suma la modernidad política hoy cuestionada. El pasado no puede cambiarse, pero es posible dar un uso político al recuerdo y la memoria. ¿Es sólo viable una conmemoración heroica y unilineal en un país que camina hacia otras experiencias y lenguajes políticos? Hasta 1781, año de la Gran Rebelión indígena, el miedo social de sus habitantes provenía de las sequías y las oleadas de pestes. Pero a partir de ese momento y hasta el 6 de agosto de 1825, con intermitencias, se apoderó de ellos y ellas, aquel que provenía de aquella confrontación y la guerra interna. Suprimidos de la historia, anulados de la vida, de la cultura y de las instituciones, los indígenas y plebeyos no fueron convidados a las fiestas celebratorias e y a la construcción de una nación aristocrática prescrita a costa de la identidad indígena

Centurias más tarde ya no es posible mirar los mismos acontecimientos de la misma manera. No es posible ignorar que la crisis y colapso del sistema español fue precedida y acompaña de dos propuestas independentistas divergentes, una la indígena que se frustró en 1781 y la otra la criolla que se alzó victoriosa en 1825 tanto en el proyecto político como en la memoria histórica; tampoco que estas visiones polares del y en el pasado, se convirtieron en posturas irreconciliables hacia el futuro, que sirvieron de base y pretexto para negar el dialogo y la construcción de un espacio común. Una condición, claro, es una relectura de los sucesos entre 1809 y 1825, en la búsqueda de la presencia contradictoria de indígenas y plebeyos/as y mestizos/as silenciada por la historiografía y la épica oficial, permitiéndonos reconciliarnos con un pasado que luce más diverso que en los textos tradicionales de historia escolar, y que permite tender puentes hacia un dialogo historiográfico. Vuelco que nos ayudará a matizar el significado de las luchas “independentistas”, de las oposiciones y los proyectos de sus protagonistas.

*          El autor es historiador, sin casilla en la boleta censal.

Be the first to comment

Deja un comentario