octubre 18, 2021

La televisión por cable, ¿un negocio sin límites?

No solo las principales ciudades del país, sino también una buena parte de ciudades intermedias, gracias al desarrollo y el abaratamiento de la tecnología, disfrutan de la televisión por cable, contando con información, entretenimiento y mucho más, al alcance de sus manos y a un costo relativamente accesible.

Como la generalidad de los medios de comunicación en nuestro país, las empresas de TV cable, parecen encontrarse por encima del bien y del mal, es decir, fuera del control del Estado a no ser en temas estrictamente técnicos, aunque ni siquiera en ellos con la rigurosidad que debiera exigirse.

Hay varios aspectos que se deben analizar en este campo y vamos a intentar apuntar algunos de ellos. Así por ejemplo, fuera de las leyes de mercado, cuáles son los criterios de selección de canales que se difunden a través de estas empresas? Siempre me he preguntado si la Autoridad de Transportes y Telecomunicaciones tiene algo que ver con esta selección de estaciones y si es así bajo qué criterios se hace esta selección?

Las emisiones de los canales que se difunden a través de empresas de cable están plagadas de violencia, sexo, drogas, manipulación informativa y una serie de banalidades que, sin respetar horarios de protección a los menores, ni otras previsiones, se ponen al aire sin que nadie diga esta boca es mía.

En alguna oportunidad, comentando este tema con ejecutivos de estas empresas, salió el pueril argumento de justificación de esta situación, señalando que al tratarse de un servicio de pago cada usuario asume consciente esta situación y que finalmente tiene a su lado el control remoto para decidir qué ver y qué no ver.

Pero no es solo eso. Dentro de las varias irregularidades que se presenta en este servicio están los cortes imprevistos de la señal de algunos canales, sin que nadie de una explicación luego y menos exista algún mecanismo de resarcimiento al usuario o los cambios repentinos de canales también sin previo aviso.

En los cables de ciudades intermedias o de capitales provinciales, la situación es mucho más dramática, ya que la desprotección es mayor, pésimas condiciones técnicas, donde la imagen y el audio hay que adivinarlos y una programación que es una caja de sorpresas. Y quién controla aquello?, aparentemente las empresas de cable en estas ciudades son tierra de nadie y las víctimas cotidianas son los usuarios, pero el negocio sigue viento en popa.

Veamos algo más. El concepto inicial de la televisión de pago es el de recibir señales de televisión sin cortes, sin publicidad, para disfrutar de series, películas y otros programas de manera continua. Eso no sucede en la realidad, la televisión de pago tiene horas y horas de publicidad, programas íntegros de televenta. Así es la televisión de cable en nuestro país.

Seguramente quienes de una u otra forma vivimos esclavizados por los medios de comunicación, por razones laborales o de estudio, hayamos encontrado otras y más variadas formas más de abuso de parte de quienes lucran con nuestro derecho a recibir información.

Sin entrar en mayores detalles acerca de los mensajes que emiten, del racismo, discriminación, sexismo, colonialismo y otras agresiones que encontramos en estos medios, es necesario, desde todo punto de vista, que alguien regule el funcionamiento de estos; no es posible admitir que existan espacios de extraterritorialidad, por encima de la soberanía de nuestro Estado, porque indudablemente generan bolsones de riesgo para la niñez, particularmente, y para nuestra sociedad, en general, situación que simplemente se presenta porque no hay un marco normativo que se aplique a estas empresas.

Justamente estos elementos deben ser incorporados en el debate y el análisis de esa ley de medios o ley de servicios audiovisuales que ya se ha convertido en una demanda ciudadana, y que algún momento el Estado debe tomar la iniciativa para frenar de alguna manera la tiranía de medios audiovisuales abiertos y de suscripción. Alguien debe protegernos. Quién si no el Estado?

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