octubre 15, 2021

La idealización del pasado ancestral

Desde hace varios años ya que asistimos a una suerte de idealización del pasado “ancestral”, como si antes de la colonización española nuestros pueblos habrían estado en el “Nirvana”, como si todo habría sido una suerte de “paraíso terrenal”, como afirman algunos investigadores al referirse a las civilizaciones indoamericanas.

Caral (en Perú) es una de las civilizaciones de las que algunos investigadores señalan que es las más antigua de las que se tenga referencia en Sudamérica, y sobre la cual se dice que no existen vestigios de violencia o guerras, que habría sido la más pacífica.

Desde 1990, según citan algunos investigadores, Caral se ha sumado a lista de civilizaciones denominadas “cuna de la civilización”, junto a Mesopotamia, Egipto, China e India. La zona de Caral (a unos 200 Kms. del norte de Lima, es un conjunto arquitectónico formado por pirámides, plazas y barrios) habría sido investigada por arqueólogos y antropólogos desde inicios del siglo XX, y no es sino hasta el año 1997 que se daría a conocer los resultados de los trabajos de Ruth Shady, investigadora peruana, quien data a esta ciudad con una antigüedad promedio de 5.000 años (3.000 a.n.e.).

Los datos y las pruebas presentadas por dicha estudiosa, son por cierto asombrosos, y despiertan la curiosidad, desde el punto de vista arqueológico. Eso no cabe duda. Lo que sorprende, o al menos inquieta es que se habla de esta civilización como exenta de guerras, como la única de las civilizaciones conocidas, hasta ahora, donde no se haya encontrado vestigios de violencia ni guerras, a la vez que también se afirma que existían estratos sociales o clases claramente diferenciadas.

Al haber existido diferencias sociales, es de lógica que habrían existido también relaciones de poder, y al estar presentes éstas lo más probable es que se habrían dado también resistencias al poder ejercido por las castas superiores. Lo que sucede es que se tiende a idealizar el pasado, de ahí el dicho popular que dice: “Todo pasado siempre fue mejor”, pero resulta en cierto grado peligroso caer en ese tipo de reduccionismos. Y es justamente en esa tendencia en la que, cada vez, con mayor frecuencia, caen algunos intelectuales indigenistas. Y eso no quiere decir que muchos valores de nuestros pueblos ancestrales requieren ser recuperados y recreados.

Volviendo a tema de Caral, es sabido también que aún falta mucha investigación sobre este sitio, que las evidencias encontradas son aún insuficientes. De ahí, que las interpretaciones prematuras suelen ser muy peligrosas, sobre todo cuando se cae en las idealizaciones culturales, pues de tiende a caer exactamente en aquello que se pretende erradicar y se produce una suerte de neo-etnocentrismo indígena y cultural que, por lo menos acá en Bolivia, ya es una retórica muy conocida, y que, aunque corresponde a un discurso políticamente correcto, en el ámbito del antimperialismo, anticolonialismo y anticapitalismo, dista mucho de ser, o haber sido real. Por eso, la investigación científica, no puede estar exenta de una vigilancia epistemológica, pues como cualquier proceso de construcción de conocimiento, ni la disciplina, ni la ciencia, ni el sujeto quien la construye, es neutral.

Entretanto, no cabe duda que valores como la reciprocidad, la solidaridad, el bien común, el respeto por la Madre Tierra, etc. han estado presentes en parte importante de las culturas prehispánicas de lo que actualmente llamamos “América”, así como también éstas deben ser parte de una nueva visión de mundo que debemos construir como proyecto civilizatorio.

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