octubre 15, 2021

Desplazamientos del Estado laico en la Constitución vigente

Si se presta atención a la noción de Estado laico y a lo dispuesto por la Constitución Política del Estado vigente, es posible encontrar en parte los contenidos básicos de un Estado laico: El Estado respeta y garantiza la libertad de religión […] El Estado es independiente de la religión.

La relación entre Estado y religión, ha sido una de las más complejas en la historia moderno-europea del Estado. Una buena parte de la teoría política ha tratado esta relación. Así Jean Bodin (1530-1596) propone un monarca neutral que garantice la paz sin tomar partido por ningún credo religioso. Thomas Hobbes (1588-1679) propone que la máxima autoridad del Estado (el Rey) se extienda incluso a los asuntos de índole religiosa, el soberano es a la vez el único intérprete autorizado de la Biblia 1. John Locke (1632-1704) sugiere que ningún individuo sea obligado a pertenecer a una Iglesia concreta, sino que la escoja libremente. Francois-Marie Arouet más conocido como Voltaire (1694-1778) condenó la intromisión de la religión en los asuntos públicos.

A momento de la revolución norteamericana y francesa la separación del Estado y la religión fue retratada bajo el denominativo de Estado laico y/o laicismo.

El jurista argentino Germán Bidart Campos establece una sinonimia entre laicidad y Estado laico.

“Bajo esta modalidad, la política predica un descarte con respecto a la religión: ni al estado le interesa la suerte de los diversos cultos que actúan en el seno de la espontaneidad social, ni las iglesias se introducen en temas específicamente políticos. Podría decirse que en estos regímenes existe —o se intenta que exista— una separación tajante entre el orden temporal y el espiritual”.

Por laicismo se entiende a la “neutralidad religiosa en la vida pública, pretendida prácticamente con la supresión de la enseñanza religiosa en los establecimientos oficiales”, asimismo Dieter Nohlen señala que el laicismo es la “doctrina defensora de la estricta separación entre Estado e Iglesia, así como también entre el individuo o la sociedad en el ámbito educacional frente a toda influencia obligatoria eclesiástica o religiosa”.

Se ha tomado la idea de un Estado laico pues esta categoría estuvo presente en el desarrollo del constitucionalismo boliviano (sobre todo en las discusiones de las reformas y procesos constituyentes bolivianos), así como en el desarrollo del proceso constituyente boliviano, por ejemplo en los Informes tanto de Mayoría como de Minoría de la Comisión 1 (Visión de País), sin embargo la connotación del Artículo 4 de la Constitución vigente es mucho mayor pues se desplaza a las temáticas de la religiosidad y cosmovisión indígena, como se analiza más adelante.

Antecedentes del Estado laico en la historia constitucional

La primera constitución escrita del mundo moderno es la norteamericana de 1787. La primera enmienda a la misma, también en 1787, señala que “El congreso no dictará ninguna ley conducente al establecimiento de religión alguna, ni para prohibir el libre ejercicio de ninguna de ellas”. Para Bidart Campos esta enmienda supone dos cosas: la primera se concentra en “la relación entre el estado y las iglesias: no se permite consagrar un credo oficial. La segunda parte hace alusión a un derecho subjetivo fundamental, que es la libertad de cultos”.

La primera constitución boliviana de 1826 tomó como base esencial el proyecto de constitución remitido por Simón Bolívar. En el discurso de Constitución del Congreso de Bolivia de 25 de mayo de 1826, Bolívar señala:

“¡Legisladores! Haré mención a un artículo que según mi consciencia, he debido omitir. En una Constitución política no debe prescribirse una profesión religiosa: porque, según las mejores doctrinas sobre las leyes fundamentales, ésta son las garantías de los derechos políticos y civiles y, como la religión no toca a ninguno de estos derechos, ella es de naturaleza indefinible en el orden social, y pertenece a la moral intelectual. La religión gobierna al hombre en la casa, en el gabinete, dentro de sí mismo: sólo ella tiene derecho de examinar la conciencia íntima. Las leyes, por el contrario, miran la superficie de las cosas: no gobiernan sino fuera de la casa del ciudadano. Aplicando estas consideraciones, ¿podrá un Estado regir la conciencia de los súbditos, velar por el cumplimiento de las leyes religiosas y dar el premio o castigo, cuando los tribunales están en el cielo y cuando Dios es el juez? La inquisición solamente sería capaz de reemplazarlas en este mundo. ¿Volverá la inquisición con sus teas incendiarias? La religión es la ley de la conciencia. Toda ley sobre ella la anula porque, imponiendo la necesidad al deber, quita el mérito a la fe que es la base de la religión. Los preceptos y los dogmas sagrados son útiles, luminosos y de evidencia metafísica; todos debemos profesarlos, mas este deber es moral, no político. Por otra parte, ¿cuáles son en este mundo los derechos del hombre hacia la religión? Ellos están en el cielo; allá el tribunal recompensa el mérito, y hace justicia según el código que ha dictado el legislador. Si todo esto de jurisdicción divina, me parece a primera vista sacrílego y profano mezclar nuestras ordenanzas con los mandamientos del señor. Prescribir, pues, la religión no toca al legislador; porque éste debe señalar penas a las infracciones de las leyes, para que no sean meros consejos. No habiendo castigos temporales, ni jueces que los apliquen, la ley deja de ser ley. El desarrollo moral del hombre es la primera intención del legislador; luego que este desarrollo llega a lograrse el hombre apoya su moral en las verdades reveladas, y profesa de hecho la religión, que es tanto más eficaz, cuanto que la ha adquirido por investigaciones propias. Además, los padres de familia no pueden descuidar el deber religioso hacia sus hijos. Los pastores espirituales están obligados a enseñar la ciencia del cielo: el ejemplo de los verdaderos discípulos de Jesús es el maestro más elocuente de su divina moral; pero la moral no se manda ni el que manda es maestro, ni la fuerza debe emplearse en dar consejos. Dios y sus ministros son las autoridades de la religión que obra por medios y órganos exclusivamente espirituales; pero de ningún modo el cuerpo nacional que dirige el poder público a objetos puramente temporales”.

Sin embargo, como señala Ciro Félix Trigo “los constituyentes de 1826 incorporaron al Código Fundamental el artículo 6, concebido en los siguientes términos: ‘La Religión Católica Apostólica Romana es la de la República, con exclusión de todo otro culto público. El gobierno la protegerá y hará respetar reconociendo el principio de que no hay poder humano sobre las conciencias’. Si se proclama el principio de libertad de creencias, ¿por qué se excluía a todo otro culto? En este punto incurriéndose en un manifiesto contrasentido, fácil de explicar debido al criterio de intolerancia religiosa que a la sazón primaba”.

Esta tensión entre el laicismo y el Estado confesional se mantendrá en gran parte de la historia constitucional boliviana.

En 1844 y mediante ley de 11 de noviembre 2 se declaran vigentes los concordatos celebrados entre el Rey de España con la Corte de Roma 3. Asimismo en el Artículo 2 de la reforma de 1871 se señala que: “El Estado reconoce y sostiene la religión Católica, Apostólica y Romana. Se prohíbe el ejercicio público de todo otro culto, excepto en las colonias que se formaren en lo sucesivo”. La aparición de esta tolerancia se relaciona con el fomento a la inmigración y el desarrollo de las zonas despobladas. Luego será suprimida en la reforma de 1878, pero será restaurada en el texto constitucional de 1880. Más de veinte años mas tarde, por Ley de 27 de agosto de 1906 se autorizó el ejercicio libre de cualquier otro culto.

Según José Luis Baptista, en 1920, José Carrasco propone el siguiente texto para su inclusión en la Constitución: “Ningún culto o Iglesia gozará de subvención oficial ni tendrá relaciones de dependencia y alianza con el Estado”. En 1947 Carlos Walter Urquidi propone otro texto para su inclusión en la Constitución: “No hay religión oficial en Bolivia. Todas pueden establecerse en ella, a sola condición de no contrariar la ley y las buenas costumbres”. Ninguna de las reformas constitucionales tomó estas propuestas. La Iglesia en Bolivia pidió la tolerancia a otras “creencias”, así se llevan a cabo las reformas constitucionales de 1967, 1994 y 2004, sin ninguna variante significativa en alguna de ellas.

El Estado laico en el proceso constituyente 2006 – 2009

La discusión sobre el Estado laico retorna en el desarrollo de la Asamblea Constituyente, como puede observarse en los Informes tanto de Mayoría como de Minoría de la Comisión 1 (Visión de País). Sin embargo éste se desplaza el debate a la religiosidad, creencias espirituales y cosmovisiones de los pueblos indígenas, por la presencia gravitante de la propuesta del Pacto de Unidad.

Si se presta atención a la noción de Estado laico y a lo dispuesto por la Constitución Política del Estado vigente, es posible encontrar en parte los contenidos básicos de un Estado laico: El Estado respeta y garantiza la libertad de religión […] El Estado es independiente de la religión. En el primer caso se garantiza el derecho subjetivo liberal de la libertad de cultos, y en el segundo se elimina la posibilidad de consagrar un credo oficial, así como se garantiza la independencia de ambas entidades.

Sin embargo el Artículo 4 introduce la garantía de libertad de creencias espirituales, de acuerdo a sus cosmovisiones. Este es un desplazamiento a la concepción clásica de Estado laico, y abre el horizonte a la comprensión de la religiosidad indígena, que supone una dimensión distinta a la clásica y moderna del Estado laico.

Asimismo la narrativa constitucional no llega a coincidir con el laicismo en tanto supresión de la enseñanza religiosa en los establecimientos oficiales 4. En todo caso de acuerdo al Artículo 86 en los centros educativos se reconocerá y garantizará la libertad de conciencia y de fe y de la enseñanza de religión, así como la espiritualidad de las naciones y pueblos indígenas originario campesino. Asimismo, conforme al Artículo 30 es derecho de las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos su creencia religiosa, espiritualidades, prácticas y costumbres, así como su cosmovisión. Este derecho no se restringe sólo a la esfera privada de los miembros de un pueblo indígena 5, sino se encuentra en el sustento de sus sistemas políticos, jurídicos y económicos (conforme a lo establecido en el numeral 14 del parágrafo II del Artículo 30), y a la vez éstos impregnan los principios ético-morales de la sociedad plural conforme al Artículo 8 de la Constitución.

Entonces, si se pondera la pluralidad sobre la cual se funda Bolivia (Artículo 1), la noción de laicidad no es suficiente para dar cuenta del debate y del resultado establecido en la Constitución Política del Estado. En todo caso, conforme a lo establecido en el Artículo 86 que explicita el fomento del Estado al respeto y convivencia mutua entre personas con diversas opciones religiosas se podría señalar que se está delante de un pluralismo religioso complejo, en el cual el dilema moderno de separar o no la religión del Estado, es prorrogado por la tensión de reconocer la pluralidad espiritual indígena. Pues la narrativa religiosa se dinamiza de distintas maneras, a partir del reconocimiento de distintas cosmovisiones y de considerar a las mismas como fortaleza del Estado (Artículo 98, parágrafo III) y a la vez patrimonio cultural (Artículo 100, parágrafo I).

1          En un tenor similar, el Acta de establecimiento de Gran Bretaña de 1701 prescribe que “quien quiera entre en posesión de la Corona habrá de conformarse con la comunión de la Iglesia de Inglaterra”.

2          Mediante esta ley de 11 de noviembre de 1844 también se declararon vigentes las leyes de recopilación de las Indias y de Castilla.

3          Estos son los concordatos celebrados el 11 de enero de 1753 entre el papa Benedicto XIV y el Rey de España Fernando VI.

4          El laicismo demanda, según Dieter Nohlen, “mantener las instituciones escolares estrictamente apartadas de toda confesionalidad, lo que implica que las iglesias tienen vedado el acceso a la enseñanza obligatoria. Asimismo, el laicismo veta el empleo de las instituciones escolares por parte de las confesiones religiosas para su reproducción. En el debate sobre el laicismo y su contrario, el confesionalismo, es imperioso distinguir entre una posición laicista fundamentalista (o francesa), que define la escuela como un espacio republicano en que los alumnos y los profesores deben renunciar a exponer toda clase de símbolos religiosos, y una postura de laicidad más abierta que se encuentra en las instituciones escolares y en primer lugar en la neutralidad activa de los educadores, de modo que no se excluye que los alumnos manifiesten sus convicciones religiosas”

5          La noción de lo público y lo privado es distinta en el imaginario de los pueblos indígenas, en todo caso existe una dimensión distinta a partir de lo comunitario, de lo común.

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