octubre 23, 2020

En torno al pensamiento decolonial. Reflexiones en torno a: “Discurso sobre el colonialismo” y “Racismo y cultura”

por: Mirian Huarachi

La principal mentira, según el autor, es que el principio de colonización no es civilización, y que ésta, no es un proceso de evangelización, ni empresa filantrópica…sino apetito de fuerza y búsqueda comercial (Aimé Césaire)

Para Aimé Césaire en “Discurso sobre el colonialismo” (2006), la civilización impuesta por Europa es una civilización decadente, ciega y por lo tanto, enferma, decadente, porque es incapaz de solucionar los problemas que suscita su funcionamiento, ciega porque cierra los ojos a los problemas cruciales. Tan enferma, entonces, que resultaría moribunda. Los dos mayores problemas que esta civilización no podría resolver serían: el problema del proletariado y el problema colonial. Esta incapacidad de solución se agudiza, según, el autor, en una incapacidad por ser defendida ante los tribunales de la razón y la conciencia: Europa se revela impotente para justificarse, Europa es indefendible moral y espiritualmente. Precisamente, es en esta enfermedad que para Césaire, radica la debilidad de estos amos, pues su impotencia para justificarse apunta a una impotencia para decir la verdad, mienten.

La principal mentira, según el autor, es que el principio de colonización no es civilización, y que ésta, no es un proceso de evangelización, ni empresa filantrópica…sino apetito de fuerza y búsqueda comercial. Césaire añade que si bien una colonización podría implicar un contacto o intercambio entre pueblos, esta colonización no puso en contacto nada, pues ningún valor humano habría salido airoso.

Además, considera que ese proceso de civilización fue un proceso de descivilización, puesto que el colonizador se embruteció, se degradó, se violentó. Se pasó entonces, de la supuesta civilización a la salvajización. Un ejemplo claro de personaje salvaje, para Césaire es Hitler quien aspiraba a la dominación y no a la igualdad.

Por su parte, Fanon, en Racismo y cultura (1965), considera que el racismo inicialmente fue vulgar, pues pretendía hallar en lo biológico los argumentos que sustenten esta doctrina, tales como la forma comparada del cráneo, dimensiones de las vértebras, aspecto microscópico de la epidermis, etc. No obstante, este racismo se tornaría más elegante al fijarse en un primitivismo intelectual y emocional, reflejado en una supuesta “labilidad emocional del negro, la integración subcortical del árabe o la culpabilidad casi genérica del judío”, según ciertos escritores contemporáneos. Fanon, entiende que este racismo individual, racional, genotípico y fenotípico se transforma en racismo cultural. Así, el hombre dejaría de ser el objeto del racismo, y una cierta manera de existir sustituiría ese objeto.

Para Fanon, el racismo es un elemento cultural: “el de la opresión sistematizada de un pueblo”. El comportamiento de un pueblo opresor funcionaría a través de la destrucción de los valores culturales y de las modalidades de existencia (la lengua, el vestido, las técnicas…). Sin embargo, Fanon entiende que la guerra colonial no se preocupa por confrontar culturas, sino por sus fines comerciales: “La guerra es un negocio comercial gigantesco y toda perspectiva debe ser relacionada a este criterio. La servidumbre, en el sentido más riguroso, de la población autóctona es su principal necesidad”.

El entronizamiento del régimen colonial, no entraña la muerte de la cultura autóctona, dice Fanon; la dejaría agónica, mas no muerta. La cultura abierta y viva, se cerraría y congelaría, a esto el autor le denomina: momificación cultural, que entrañaría una momificación individual. Aparecen, entonces, organismos que funcionarían bajo la vigilancia del opresor que se encargarían de, por un lado, reconocer el dinamismo y profundidad de las culturas y, por otro, de afirmarlas exóticas y curiosas. Así, el autóctono resulta deshumanizado y cosificado: “Este hombre objeto, sin medios de existencia, sin razón de ser, es quebrantado en lo más íntimo de su sustancia. El deseo de vivir, de continuar, se hace más y más indeciso, más y más fantasmal”. Como consecuencia de esta deshumanización surge, según Fanon, la culpabilidad e inferioridad.

Ahora bien, ambos autores podrían confluir, entre otras cosas, en lo que ambos llaman conciencia. En el caso de Césaire, el colonialismo europeo resultaría indefendible ante la razón y la conciencia. Es decir, este colonialismo no tendría argumentos con los que justificar toda esa opresión con que procedió el coloniaje. Para Fanon, el proyecto del racista es “un proyecto frecuentado por la mala conciencia”. Y esta mala conciencia, se enlaza con las reacciones pasionales de las que habla Fanon: esta fase pasional que invadió buena parte de la literatura norteamericana. Claro está que este autor, vislumbra la “mala conciencia” desde otra perspectiva, lo cierto es que, es importante señalarla para compararla con la propuesta de Césaire (la enfermedad y debilidad del colonialismo europeo) y tratar de concluir que el proceso colonial, según ambos autores, resultaría injustificable. Ambos parecen entender el proceso colonial como una enfermedad, quizá pasional, y por eso imposible de justificación.

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