octubre 30, 2020

A propósito del pensamiento de Aimé Césaire en su Discurso sobre el Colonialismo

por: Blanca Zulema Ballesteros Trujillo

…La colonización, repito, deshumaniza aún al más civilizado de los hombres; que la acción colonial, la empresa colonial, la conquista colonial, basada en el desprecio al hombre indígena y justificada por ese desprecio, tiende inevitablemente a modificar al que la emprende; el colonizador que, para irse haciendo a la idea, se habitúa a ver en el otro a la Bestia y a tratarlo como bestia, tiende objetivamente a transformarse él mismo en bestia. (Aimé Césaire)

El Discurso sobre el Colonialismo (1955) escrito por el poeta antillano, creador del movimiento de reivindicación de la raza negra denominado “negritud”, Aimé Césaire (1913), expone sus ideas contra el colonialismo. “Es la protesta del hombre negro contra la Cultura Occidental que le ha negado y niega su calidad humana.”

El autor desarrolla sus ideas sobre la civilización y la colonización comprendiéndolas como dos procesos diferentes. Considera que la colonización es el acto de negación del otro, un acto en el que destaca la forma violenta y salvaje que convierte en bárbara y decadente a la civilización que lo ejecuta. Sostiene que, de la colonización a la civilización la distancia es infinita; que, de todas las expediciones coloniales acumuladas, de todos los estatutos coloniales elaborados, de todas las circulares ministeriales expedidas no sale airoso ni un solo valor humano.

Su mirada identifica a la civilización occidental y europea como protagonista principal del delito de lesa humanidad al que se refiere, se trata de una cultura “moral y espiritualmente indefendible” afirma. Es el actor principal del hecho colonial, ante el cual se estrella definitivamente, por su carácter seudo humano y racista que ha negado todo derecho. En su discurso desviste el cuerpo y realiza una suerte de radiografía del alma del colonizador, sosteniendo que nadie coloniza inocentemente, que nadie coloniza tampoco impunemente; que una nación que coloniza, que una nación que justifica la colonización —y por tanto la fuerza— es ya una civilización enferma, una civilización moralmente minada que, de consecuencia en consecuencia, de negación en negación, clama por su Hitler, o sea, por su condena.

La posición del autor es crítica e intransigente frente al hecho colonial. La actitud colonial establece los términos de una relación asimétrica que define la condición del otro. Es una relación de poder en la que el colonizador calla la voz de cuya existencia niega, no hay posibilidad de “contacto humano” alguno. Se imponen relaciones de subordinación en las que el hombre sometido se convierte simplemente en un instrumento de producción. Ningún progreso material bajo el régimen colonial puede reivindicar a Europa, más bien la delata. Su barbarie, siguiendo esa línea de reflexión, es superada “ampliamente” por la norteamericana. En el contexto capitalista, la relación burguesía-proletariado muestra la pervivencia de la razón de ese espíritu devastador colonial.

Césaire expone ese mundo de amos y esclavos en el que se desenvuelven los pueblos colonizados. Su discurso traspasa fronteras. Compromete a los hombres de todos los pueblos que han sido sometidos por la actitud salvaje de la civilización colonizadora. Situación que se agrava por la práctica cotidiana de colonialismo interno en todos los ámbitos y esferas de la vida latinoamericana.

Lo que indigna definitivamente al autor, es el avasallamiento de los derechos por parte de la empresa colonial. La destrucción impune de tantos pueblos. Césaire recoge muchos hechos históricos para ilustrar el resultado de la mentalidad destructora de la colonización, que no encuentra barrera en su oficio. Identifica la funcionalidad de la evangelización en el proyecto colonizador. Césaire discute vehementemente la idea psicoanalítica del complejo de dependencia de Mannoni, la idea ontológica de R. P. Tempels y la idea de la tropicalidad de Gourou, las considera razones de justificación impertinentes que pretenden justificar la empresa colonial por la tangente.

Una esperanza llena el espíritu del autor: “Mi único consuelo es que las colonizaciones pasan, que las naciones no permanecen mucho tiempo en letargo, y que los pueblos quedan”. Esperemos que ese deseo, expresado en medio del Discurso sobre el colonialismo penetre en los sentidos y la inteligencia de quienes pretenden contribuir en la elaboración de un pensamiento decolonial, que pueda contribuir a la construcción de un mundo en el que el “contacto” reclamado por Césaire, sea una realidad posible.


*    Socióloga, realiza cursos de posgrado en Literatura latinoamericana en la UMSA, La Paz.

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