diciembre 4, 2020

Las cosas que nos unen a los bolivianos

Si bien es cierto que Bolivia es un nombre impuesto, proveniente de una figura romántica que la historia rescata como el Libertador, pudimos llamarnos otra cosa: Charcas, Collasuyo, Paitití, la República de Juana Azurduy ¿por qué no? En fin… nos llamamos Bolivia y eso es algo que en estos 189 años se ha vuelto un sentimiento nacional, inexplicable como todo sentimiento. Y estos sentimientos se han ido expresando en las culturas nacionales, creando palabras, apropiándose de ellas, creando música, literatura, artesanías, generando nuestra identidad. Creando vida más allá de las diferencias, que las hay las hay, porque si no las hubiera el mundo sería aburrido ¿imagínense que todos seamos iguales? ¿Imagínense que nuestra pareja piense igual? No tendríamos con quién dialogar.

En El Alto, la única ciudad boliviana con una marcada adscripción étnica aymara, los jóvenes escuchan rock metálico, bailan cumbia villera y quieren hablar inglés a diferencia de sus pares del campo. Los alteños como paceños defienden sus intereses regionales como los cruceños defienden los suyos. Sin embargo, hay algo que une a los jóvenes de toda Bolivia, es intangible, es el sentido de pertenencia a algo, a una comunidad, a una región, a una nación, la nuestra, la nación boliviana. Solamente para que lo recordemos voy a detallar algunas de las cosas que nos hacen un país.

• En la música

Nadie puede negar que la voz más hermosa que se haya escuchado en nuestro país haya sido la de la cruceña Gladis Moreno, a quién la Universidad de San Simón y el Concejo Municipal de Cochabamba le brindaron un merecido homenaje que ni siquiera en su tierra cruceña se lo ofrecieron. Tampoco nadie puede olvidar que el segundo himno cruceño fue escrito por el orureño Gilberto Rojas y que “Niña Camba”, uno de los taquiraris más divinos que se han podido crear también sea de otro compositor de la ciudad de la espectacular Diablada: César Espada. O que la “En las playas desiertas del Beni”, fue escrito por el cochabambino José Aguirre Achá. Una de las canciones más cantadas por los collas es “Sombrero e’ sao” del beniano Pedro Shimose. Así como que Collita, segundo himno de La Paz y Oh Cochabamba querida sean taquiraris, ritmo de tierras bajas.

Cuando salimos al exterior ya seamos cambas, collas, chapacos, chaqueños, nos emocionamos al escuchar las canciones de los cochabambinos Kjarkas o las interpretaciones de la orureña Zulma Yugar o de la tarijeña Enriqueta Ulloa que fue concejal en La Paz

• En la literatura

Jorge Suárez, poeta y narrador yungueño, escribió “El otro gallo”, uno de los más extraordinarios cuentos de la idiosincrasia cruceña y el beniano Ruber Carvalho “La mitad de la Sangre”, una novela que bien puede ser la historia de Santa Cruz y El Beni los últimos cien años. Dos paceños Raúl Botelho Gosalvez y Augusto Céspedes escribieron las novelas “Borrachera verde” y “Trópico enamorado” respectivamente, ambas situadas geográficamente en El Beni

El escritor cruceño Enrique Finot escribió “El cholo Portales” donde el protagonista es un personaje mestizo del occidente boliviano. No creo que exista algún boliviano que no se conmueva leyendo los versos de los paceños Jaime Sáenz y Oscar Cerruto, del cruceño Raúl Otero Reiche, del tarijeño Octavio Campero o del cochabambino Edmundo Camargo. Así como los musicales versos de Matilde Casazola, especialmente la cueca El regreso.

• En la religión

Sabemos que Bolivia es un país de mayoría católica que venera a Vírgenes, la mayor cantidad de fieles y devotos a la Virgen quechua de Urkupiña son cruceños y no es extraño ver al Ekeko, el idolillo enano barrigón de la abundancia, en hogares de tierras bajas.

• En el lenguaje

Puede ser que tengamos una lengua indígena materna pero la mayoría hablamos castellano. Más allá de los acentos propios de cada región, fenómeno que se repite en todos los países del mundo con sus propias características, en Bolivia debemos reconocer que muchas de las palabras que creemos propias de un lenguaje regional provienen de otros ámbitos lingüísticos del mismo territorio nacional. Así es como tenemos palabras del habla oriental o “camba” que tiene origen quechua o aymara. Tal es el caso de “pascana”, “patasca” o “liquichiri” y no es raro escuchar a un joven colla (paceño) decir que ya tiene “corteja” refiriéndose a su enamorada.

• Soberanía

En las fronteras los restaurantes con nombres guaraníes, aymaras o quechuas y los platos que ofrecen sientan la verdadera soberanía nacional. Así en San Matías, Cobija o Guayaramerin, por ejemplo, hay muchos restaurantes locales que sirven feijoada, pero cuando se lee Restaurante Tiwanaku y en la oxidada pizarrita colgada en la puerta vemos que se sirve “Fricasé”, no cabe la menor duda que estamos en territorio boliviano.

• De la comida su llajwa

Si de comidas se trata los bolivianos nos sacamos el premio gordo cuando hablamos de la gran diversidad de sabores, colores y olores que enriquecen nuestra cocina criolla o popular. Desde la pobre lawa de jankaquipa, el locrito de gallina, del saice, el karapecho, la sajra hora, los cangrejitos, los ispis, hasta llegar a los sofisticados picantes chuquisaqueños, ningún país del mundo se precia de tanta variedad.

• En las artes plásticas

¿Acaso cuando miramos los arcángeles arcabuceros no nos sentimos orgullosos de que hayan sido imaginados y pintados en territorio de lo que ahora es Bolivia? Y ¿Los murales del sucrense Walter Solón, del paceño Miguel Alandia, de los orureños Gustavo y Raúl Lara y del cruceño Lorgio Vaca? Y ¿de tanto otros artistas de diferentes lugares del país?

Esta diversidad cultural no debería ser un problema, sino la solución misma aprovechando la experiencia histórica y los conocimientos y quehaceres ancestrales acumulados por nuestros pueblos. Nuestra diversidad cultural debería ser nuestro mayor capital como nación en la que se apoye todo el entramado conceptual y principista del nuevo pacto social que estamos viviendo. Pero no todo es bueno ni tiene porque serlo, ya dije que los bolivianos tenemos muchos defectos y entre ellos hay algunos que nos identifican como la impuntualidad, los bolivianos somos puntualmente retrasados siempre llegamos media retrasados a nuestras citas y todavía pedimos que “por respeto” a los retrasados sigamos a esperando cuando la consideración debería ser a los que llegaron puntuales.

Solamente para cerrar: Cuando juega la Selección nacional de fútbol no hay nadie que no mantenga la esperanza de que ganemos el partido, aunque sepamos que no tenemos ningún chance de hacerlo. Perdemos y en el siguiente partido renovamos la esperanza.

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