noviembre 24, 2020

Serena celebración ante una victoria estratégica

Casi coincidiendo con los 32 años de recuperación de la democracia y 512 de la invasión colonial española, el pueblo boliviano volvió a dar su respaldo mayoritario al binomio presidencial y vicepresidencial formado por Evo Morales y Álvaro García Linera.

Un nuevo triunfo electoral con algo más del 60% de respaldo, con el que ya suman 4 triunfos con porcentajes superiores a 60% y 3 triunfos con porcentajes superiores a 50%.

Ocho de nueve departamentos aportaron a la victoria de Evo y se ha logrado nuevamente 2/3 en la Asamblea Plurinacional, aunque de una manera muy frágil.

Departamentos como Santa Cruz y Tarija han sido plazas donde Evo ganó el 12-10, siendo que tradicionalmente, la derecha conservadora las dominaba. Esto, más allá de todo análisis, constituye un logro político sin precedentes.

Esta es la séptima contundente victoria electoral del Presidente Evo Morales en los marcos de la democracia primero formal y después participativa.

Esta votación es una re-confirmación de la adhesión popular, léase indígena campesino originario y obrera -popular, en el proyecto de construcción y consolidación del Estado Plurinacional, fundado por la nueva Constitución Política del Estado y forjado en las heroicas jornadas de la Asamblea Constituyente en Sucre y Oruro.

El triunfo del 12 de octubre, constituye la afirmación de la confianza política del pueblo en Evo, para la profundización o radicalización del proceso hacia el socialismo comunitario, destino final de la transición revolucionaria democrática y cultural.

El 12 de octubre es la revitalización del Estado Plurinacional que pretendió ser despedazado en el seno de la Asamblea Constituyente cuando los intentos del imperio y de sus administradores locales, pretendieron que fracasara, al mismo tiempo de pretender dividir el país con la aventura de mercenarios como Rosza, e impulsando una guerra civil que buscaba la intervención internacional y a partir de ello consolidar el proyecto de balcanización con el que Goldberg, actual jerarca de la CIA, llegó a la Embajada norteamericana en La Paz para aplicarlo.

Este triunfo es la re-confirmación del imaginario de la multitud: No más expolición imperialista, explotación capitalista ni dominación colonial.

Debemos entender que el Estado Plurinacional, no es el resultado de profundas reflexiones teóricas en un escritorio, sino es producto del instinto y la acción política del pueblo y sus auténticos actores: los movimientos sociales, creados en las movilizaciones y forjados en las acciones de resistencia antiimperialista, anticapitalista y anticolonial, pues una vez más, como diría Zavaleta “las impolutas hordas de los que no se lavan, entraron en la historia”, pero esta vez no cantando Siempre, la canción-himno del MNR, sino produciendo meta conceptos político e ideológicos ajenos a la “clarividencia” política de los dirigentes políticos de la vieja oligarquía señorial y porque no decirlo, también de una vieja izquierda ortodoxa.

Estado Unitario de Derecho Plurinacional Comunitario. Pueblos indígena originario campesino. Sumaj kamaña, ñandereko, teko kavi, qapaj ñan, ivi marei fueron conceptos intuitivos, aglutinantes, productores de una nueva materialidad, del sentir y vivir del pueblo y que balbuceaban el tipo de patria que quería construir.

Ese fue y sigue siendo un lenguaje incomprensible para la casta encomendera y sus intelectuales, que desde entonces hasta hoy, no termina de darse cuenta ni menos aceptar que la Bolivia de hoy, ya no es más el país-empresa que les toco por turno administrar desde su ejecutivo, haciendo leyes desde su legislativo, o manipulando su poder judicial, en beneficio de intereses extranjeros.

Esa Bolivia-hacienda, donde no existían ciudadanos sino “pongos y mitayos modernos”, no existe más. No es más. Ya no está más y no estará nunca más presente: la adhesión del voto al proyecto del MAS, en la elección del 12 de octubre, significa exactamente eso: la emancipación del Estado Republicano y sus leyes excluyentes y elitistas.

El proceso de cambio ha parido conceptos incomprensibles para la lógica de la modernidad capitalista y sus sacrosantas instituciones, incluida la democracia.

La democracia que vivimos hoy, en Bolivia, no es comparable con ningún otro concepto clásico de democracia. Y por eso el proceso de cambio no puede ser comparable con ningún otro proceso político, ni analizado desde categorías ya formalizadas.

Bolivia, empieza a diseñar su propio modelo democrático, que no encaja en el concepto moderno, capitalista y occidental, sino que es un concepto nuevo, fresco, creador y creativo, que articula la vía electoral para la otorgación del mandato, junto con la construcción de hegemonía de mayorías, en una suerte de “democracia hegemónica”, pero que al mismo tiempo es incompleta.

Este modelo implica paralelamente y al mismo tiempo, la vía electoral para la elección de los mandatarios y seguidamente la imposición hegemónica del Bloque Social Revolucionario (mandar obedeciendo), sustentado por el mandato que le otorgan las mayorías triunfadoras que se imponen sobre los perdedores, pero sin la obligación de entrar en la lógica de la eliminación de los enemigos de la clase trabajadora y las naciones originarias bolivianas.

La democracia hegemónica incompleta contempla la posibilidad de la subsunción de los vencidos en el proyecto triunfador, su adhesión al programa y concepto del nuevo Estado, pero carentes de poder político, y donde su única posibilidad de existencia, será su funcionalización a los intereses del Estado Plurinacional y la ruptura con los intereses transnacionales y el imperialismo.

También será tarea económica de la democracia hegemónica en su proceso de transición al socialismo comunitario, continuar con la política de nacionalizaciones de aquellas empresas que se consideren estratégicas para los intereses de la patria, el fortalecimiento de la economía social comunitaria en sus expresiones colectivas y familiares en el ámbito rural y urbano, la transformación en empresas sociales de aquellas que quiebren y sean abandonadas por sus patrones, la industrialización de recursos estratégicos para incorporarles valor agregado, pero sin perder la dimensión del Vivir Bien y la salud de la madre tierra.

Esta política económica habrá de seguir satisfaciendo nuestras demandas en el mercado interno, ligados a la creación de empleos dignos y estables, además de conjugar nuestra inserción en el mercado internacional, en aquellas ramas de la economía en las que seamos competitivos, como en el caso de la proyectada exportación de energía, al habernos planteado el desafío de ser el corazón de un anillo energético para la región.

Ese es el concepto de democracia hegemónica incompleta del proceso de cambio y de la Revolución Democrática y Cultural que se viene forjando, en tránsito al socialismo comunitario.

La vieja casta política expresada en las figuras de Tuto Quiroga, Samuel Doria Medina y Juan del Granado, no alcanzaron a comprender las transformaciones que se están produciendo en el marco de la revolución Democrática y Cultural.

A partir de ello, su oferta electoral repitió el viejo discurso de la articulación al imperio y sus empresas (propuestas de desnacionalización e incorporación a bloques regionales de la Alianza Pacífico – Nuevo ALCA-) como garantía de éxito.

Junto a esta oferta del neocolonialismo económico y político, se le sumaron discursos democráticos republicanos ya derrotados por la historia, pues ahora vivimos en un país de iguales, donde las 36 nacionalidades dejaron de ser inquilinas en su casa propia, en su Patria.

Es incompresible que en un contexto donde la política de nacionalización da frutos tan evidentes para el desarrollo de las fuerzas productivas, esas mismas fuerzas políticas propongan desnacionalización…

Esa son propuestas del pasado, del sectarismo de la tienda política aislada, de la apuesta individual, de las alianzas de cuoteo para los cargos y del vanguardismo movilizador.

Por eso no existieron programas alternativos ni propuestas alternativas. Apostaron a ir por separado y juntarse en la Asamblea Plurinacional, pero está claro que esa táctica fue errada.

Se dividieron en el proceso pre electoral, se debilitaron y ahí están sus resultados: el fracaso de la vieja santa alianza pro imperialista, pro capitalista y pro colonial, derrotada por las multitudes y la fuerza de la historia.

Hicieron una mala lectura del país, pues definitivamente no lo comprendieron. Ahí las razones de su fracaso e inviabilidad. Producto de estas elecciones probablemente dejaran también de existir las siglas del MNR y MSM siguiendo el rumbo del ADN, MIR, MBL, CONDEPA, UCS, NFR.

Eso no significa sin embargo, que el capitalismo y las propuestas pro imperialistas hayan sido definitivamente derrotadas. No, resulta al contrario. El certificado de defunción de la vieja derecha, está produciendo las condiciones para el surgimiento de una nueva derecha más joven, inteligente y atrevida, que sin duda alguna emergerá en un tiempo venidero, con la misión de recuperar por todos los medios,(y para el caso todos, significan exactamente todos), nuestro territorio y recursos para el imperialismo y para sí mismos. Seguramente esto ya ocurrirá en las próximas elecciones para gobernaciones y municipios.

Ese proyecto capitalista, renovado, con nuevos rostros, podría inclusive disputar al proceso de cambio, a sectores indígena originario campesinos y otros del Bloque Social Revolucionario, pues esa nueva derecha, habrá abandonado sus poses señoriales, patriarcales y racistas y pretenderá ofertar a esos sectores ser parte de la dirección de un proyecto capitalista “endógeno, nacionalista, democrático y anti autoritario”.

En este contexto, será preciso levantar el estado de ánimo en algunos sectores de las bases del MAS que constataron que la “inclusión” de viejos opositores en las listas de legisladores no aportaron nada electoralmente; será necesario reconocer que hay descontento por designaciones equivocadas que se expresaron en voto cruzado; será vital darse cuenta que existió ausencia de mística y energía en la campaña como resultado de no sentirse representados por algunos candidatos y reconocer que existe preocupación al ver la fragilidad de los 2/3 lograda. La disminución de la adhesión electoral en occidente tampoco puede ser considerada como un dato menor.

Las actuales circunstancias también dejan claro, que hay sumas que restan y peor, que afectan no sólo al cemento de la organicidad sino también al estado de ánimo de las masas, que las más de las veces, no profundizan sus reflexiones en situaciones de crisis y actúan básicamente por reacción primaria, abandonando súbitamente sus compromisos políticos al sentirse defraudados. Será necesario re-discutir, revelar, analizar con mayor intensidad el concepto de hegemonía con inclusión, recientemente actualizado, argumentado y objetivado.

Entonces, debemos celebrar esta victoria estratégica con alegría pero también con mesura y sacando lecciones para las próximas elecciones de Gobernadores y Alcaldes, en las que si no mantenemos la mayoría lograda, se podría producir regionalmente (al menos en Beni, Tarija y quien sabe en Santa Cruz) el inicio de la restauración del proyecto liberal y pro imperialista.

Por eso, será preciso impulsar la designación de candidatos de consenso, con liderazgo indiscutible y con propuestas programáticas claras acompañadas de capacidad de gestión. Articular lo político y lo programático con capacidad de propuesta técnica y experiencia en gestión parece ser la ecuación necesaria para un nuevo triunfo electoral.

Las próximas elecciones serán definitivas para la orientación de la Revolución Democrática y Cultural hacia el socialismo comunitario: deben marcar el momento de inicio de la estructuración del poder popular territorial, verdadera expresión del poder comunal, para así profundizar la democracia hegemónica que se ha empezado a construir.

En este contexto es posible que la lucha de clases se agudice al interior y al exterior del proceso de cambio en Bolivia y más aún cuando en el Brasil y la Argentina, los proyectos populares podrían ser torpedeados con la restauración de gobiernos de derecha, o como ocurre en el presente, con el ataque a la Revolución Bolivariana de Venezuela, que ya está sufriendo los embates del imperialismo que busca derrocarla por todos los medios.

Será preciso entonces, situarnos en las respectivas correlaciones de fuerza y estar atentos a las nuevas expresiones de lucha de clases en Bolivia y la región, para adoptar las tácticas y estrategias más adecuadas.

Más allá de estas reflexiones, el Presidente Evo, ha convocado desde los balcones del Palacio Quemado a los opositores a discutir los grandes proyectos nacionales. Esperemos que acudan, pero a condición de romper el pacto colonial y capitalista con que la historia los tiene atados: discutir nuevas nacionalizaciones, especialmente en el sector minero, reversiones de tierras especialmente aquellas entregadas tramposamente a manos extranjeras, industrialización con respeto a la madre tierra… Serán capaces de hacerlo?


* Sociólogo, miembro del Movimiento Guevarista y Ex Embajador de Bolivia en China.

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