noviembre 29, 2020

¿Hay oposición en Bolivia?

¿Hay, por tanto, alguna posibilidad de reconstruir una oposición sólida? No hay duda que es difícil. Sin embargo, las elecciones de marzo de 2015 tenderán a crear nuevos espacios políticos para el inicio de la reconstrucción opositora.

¿Existe oposición política en Bolivia? Para responder a esta interrogante se debe visualizar el poder de la oposición. Pretendo hacerlo tomando en cuenta tres aspectos: la cantidad de actores (opositores) con capacidad de incidir en el diseño e implementación de las políticas públicas; su posición política diferenciada (sean ecologistas, sean del MAS, sean anarquistas, etc.) y su capacidad organizativa. Según la conjugación de estas variables, existirá una mayor o menor oposición. La ecuación para estos tres “requisitos” es la siguiente, correlativamente.

1. Mientras mayor el número de actores de veto (actores de oposición), mayor es la posibilidad que tienen de influir en la gestión pública (y el destino del país)

2. Mientras más grande la distancia ideológica y/o programática de los actores de veto (actores de oposición) en relación al gobierno, mayor es la posibilidad que tienen de influir en la gestión pública (y el destino del país)

3. Mientras mayor la cohesión de los actores de veto (actores de oposición), mayor es la posibilidad que tienen de influir en la gestión pública (y el destino del país)

En síntesis, podemos entender que cuando los actores de oposición son muchos, ideológicamente distantes en relación al gobierno y, además, sólidamente organizados, tienen una mayor capacidad de influir en la gestión pública (y el destino del país).

La oposición en 2006 y ésta en 2014

En aquella coyuntura los actores de oposición eran muchos, ideológicamente distantes, aunque con variaciones, sólidamente organizados. Por ende, la oposición era dura. La fortaleza del MAS distaba ser de la que anunciaba con bombos y platillos el 54% del apoyo electoral.

¿Qué deja como saldo este 2014? Pues todo lo contrario: los actores institucionales-estatales de esta coyuntura están completamente controlados por el gobierno. La presencia de autoridades provisionales –no elegidas por el congreso como manda la Constitución- en la Contraloría, Banco Central o YPFB demuestra tanto la fragilidad institucional como el exacerbado presidencialismo vigente. Por otro lado, en cuanto al poder judicial, las autoridades del viejo sistema fueron descabezadas, las nuevas autoridades elegidas nacieron con una impronta político-partidaria evidente (aunque más evidente aun fue su escasa legitimidad, al ser elegidos en una votación que sumó más blancos y nulos que votos a favor de los jueces elegidos) y/o las que se parapetan contra el gobierno son removidas con triquiñuelas legales (lo que sucede con los magistrados del Tribunal Constitucional es una prueba irrefutable). A su vez, las fuerzas armadas han conservado sus fueros corporativos (la justicia militar, por ejemplo) y hoy son el actor más “protegido” del gobierno. Su sumisión, por ende, es absoluta. Finalmente, el Tribunal Electoral nunca ha estado tan deslegitimado. De acuerdo al informe sobre Cultura Política dirigido por Daniel Moreno, su prestigio iguala al de la policía y/o el poder judicial. Ello, gracias a la injerencia gubernamental, que lo sitúa como un ente subordinado al propósito gubernamental: la continuidad en el poder, a cualquier costo.

Los actores institucionales-sociales perdieron, asimismo, toda capacidad de veto. Los medios de comunicación han sido controlados por el gobierno y/o los que se mantienen como medios privados ejercen una notoria “autocensura”. El mismo presidente Morales admitió que hoy el 90% de los medios están controlados. Por otra parte, los empresarios están contentos. Nunca en la historia han ganado como en esta coyuntura. No tienen por qué ejercer veto alguno. La Iglesia, a su vez, ha sido acallada –o lo es al menos cada vez que alguno de sus representantes critica al gobierno- y privada de sus exfueros constitucionales.

Los actores internacionales ya no tienen el mismo protagonismo. Hoy no más de 1 a 2 puntos del PIB provienen de la Cooperación Internacional, que ha optado por cumplir fielmente lo que el gobierno les señala (so pena de ser expulsados como sucedió con IDIS, ONG danesa). Los organismos multilaterales se han subido al carro triunfalista y proclaman el “éxito” gubernamental en cuanto foro les toque participar. Y Estados Unidos ya ha sido expulsado. No hay pues actores de veto.

Los actores territoriales están en manos del gobierno en 8 de 9 gobernaciones y en más de dos tercios de gobiernos municipales.

Los movimientos sociales han sido cooptados de diversas maneras. Su férrea resistencia contrahegemónica es hoy sólo un recuerdo. Ya se sabe que quien se opone queda marginado de la nueva estructura de poder. Ello sucedió precisamente con la CIDOB y CONAMAQ. Hoy el gobierno ha creado las entidades oficiales de ambas instituciones indígenas, lo que hace que su capacidad de resistencia es cada vez menor. No hay pues tampoco actores de veto en este ámbito.

Por tanto, el principal saldo que deja este 2014, casi como último eslabón de un conjunto de sucesos políticos de empoderamiento del partido del gobierno, es precisamente su casi total empoderamiento. Los actores de oposición han desaparecido. No son necesariamente menos, pero si están fusionados ideológicamente al MAS. Asimismo tampoco denotan una capacidad organizativa sólida, ni siquiera (o sobre todo) en los partidos políticos de oposición, que pueda parapetarse contrahegemónicamente al MAS. En suma, si en 2006 los actores de oposición eran muchos ideológicamente adversos y sólidamente organizados hoy son su reverso. El poder de Evo Morales es pues inmenso.

¿Hay, por tanto, alguna posibilidad de reconstruir una oposición sólida? No hay duda que es difícil. Sin embargo, las elecciones de marzo de 2015 tenderán a crear nuevos espacios políticos para el inicio de la reconstrucción opositora. No es espacio éste para analizar cuáles pueden llegar a ser estos espacios, pero si es seguro que se generarán: en las capitales de Santa Cruz, Cochabamba y La Paz, por poner algunos ejemplos, el MAS corre el riesgo de perder. Ya se verá. De todos modos, hoy por hoy, la oposición no sólo es torpe y cortoplacista (aquella oposición partidaria) sino que sus brazos conexos, desde cooperantes hasta movimientos sociales pasando por actores territoriales y/o empresariales, no le pertenecen. La labor del MAS, por tanto, ha sido efectiva en su estrategia de eliminación paulatina de toda oposición. Efectiva, claro está, en una lógica estalinista que niega al “otro” toda capacidad de proponer, debatir y ser parte del modelo político en curso.

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