diciembre 4, 2021

Monterroso y la reforma judicial

Augusto Monterroso, escritor guatemalteco, maestro de la denominada “mini ficción” y premio Príncipe de Asturias de las letras 2000, nos ofrece unos de los relatos más ricos en significados en “Mr. Taylor”.

Mr. Taylor “el gringo pobre”, vivía junto a los indígenas de la selva amazónica en un país latinoamericano. Un día en medio de la selva se le acercó un indígena y le ofreció una cabeza humana reducida a cambio de dinero, el indígena al no poder hablar bien inglés le regaló la cabeza. Mr. Taylor se la obsequió a su tío Mr. Rolston, quién tenía cierta afición por las culturas de los pueblos hispanoamericanos.

Al poco tiempo Mr. Rolston le pidió a Mr. Taylor que le envíe más y más cabecitas reducidas porque las estaba vendiendo muy bien en Estados Unidos a un buen precio. En poco tiempo las cabezas se convirtieron en la obsesión, el mercado demandaba más cabezas, entonces se empezó una reforma en la legislación de este país latinoamericano. A los enfermos graves se les concedía 24 horas para poner los papeles en orden y morirse, los médicos no curaban a nadie, las funerarias se convirtieron en el negocio más rentable, los ataúdes se vendían por millones y se buscaba cualquier pretexto para que las personas sean castigadas con la pena de muerte, correspondiendo la cabeza a la compañía de exportación de cabezas reducidas y las extremidades y el tronco a los familiares.

Cuando las cabezas empezaron a escasear se endureció más aun la legislación penal, y cuando esto no bastó se empezó a alentar la guerra entre tribus para conseguir más y más cadáveres para tomar las cabezas y reducirlas.

Sin embargo pese a todas las reformas y acciones tomadas, poco a poco las cabezas escasearon. Nada era lo mismo. El corto tiempo de riqueza de este país empezó a cambiar. Un día Mr. Rolston cuando estaba a punto de suicidarse, encontró un paquete con la cabecita de Mr. Taylor, la última cabeza que se exportó a Estados Unidos, una cabeza que parecía sonreír y decir: “Perdón, perdón, no lo vuelvo a hacer”.

Monterroso no precisa en qué país latinoamericano vivía Mr. Taylor, sin embargo si enfatiza en un gobierno indígena, cuando señala que existe un ejecutivo guerrero y unos brujos legislativos. También hace referencia que a cambio de colaborar con la exportación de pequeñas cabecitas Mr. Taylor, el gringo pobre les traería un refresco bien frío de fórmula mágica, refresco que no es otro que la Coca Cola.

Sin embargo uno de los puntos más altos del cuento se encuentra en la reforma judicial. Con una impecable justificación a la vulneración al principio de buena fe, Monterroso nos explica una de las tipificaciones de delitos destinada a buscar más cabezas:

“Ejemplo: si en una conversación banal, alguien, por puro descuido, decía ‘hace mucho calor’, y posteriormente podía comprobársele, termómetro en mano, que en realidad el calor no era para tanto, se le cobraba un pequeño impuesto y era pasado ahí mismo por las armas, correspondiendo la cabeza a la Compañía y, justo es decirlo, el tronco y las extremidades a los dolientes”.

La descripción de Monterroso de la reforma judicial destinada a llevar a más y más personas a la pena de muerte, todo para conseguir más cabezas para reducirlas y exportarlas, como manifestación cultural y folclórica, más que ser un “derecho penal del enemigo” podría denominarse un “derecho penal del capitalismo”, y lo es de tal manera que como todo capitalismo extremo, el sujeto se va convirtiendo cada vez en mercancía hasta que el mismo sujeto del cuento, Mr. Taylor, termina como una mercancía más, es decir termina como una cabeza más de las que se exporta.

El mini relato de ciencia ficción de Monterroso es una parodia a las reformas judiciales que dirigidas por el capitalismo contemporáneo pueden hacer de cada uno de nosotros una excusa para ganar dinero.

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