diciembre 4, 2020

Las fuerzas productivas

Desde que el cine es cine, en 1895 los hermanos Lumiere registraron una de las piezas cinematográficas icónicas de esta tradición, la “Salida de los Obreros de la Fábrica”, elemento continuamente reproducido y adaptado por cineastas y agrupaciones de cineastas hasta nuestro días, sin embargo, en este único plano se ofrece el primer testimonio, realista, de los obreros de una fábrica, por primera vez asistimos a la puesta en evidencia, mediante imágenes en movimiento, del retrato de una clase, los trabajadores. Este gesto, como se advirtió, fue imagen común para los cinematógrafos durante los últimos 120 años; pero el periodo en que los medios de producción cinematográficos -las cámaras- estuvieron en manos de las élites (Bolivia en particular y Sudamérica en general) los obreros no ingresarían en pantallas, como los otros, desplegando su condición social o cultural (léase clasista y étnica) hasta recién iniciada la segunda mitad del siglo XX. Las fuerzas productivas, el partido y la encarnación de éstos dieron forma al icono del cine soviético: el obrero.

El programa cinematográfico soviético se sostenía en una máxima. “un cine revolucionario para la revolución”. Esto en contraste con el cine anterior –el cine zarista– y, por supuesto, el cine pro capitalista proveniente de Hollywood, que para 1917 ya contaba con los cinco grandes estudios y exportaba películas a todo el globo. El instituto de propaganda de la URSS reconoció en el cine al medio de difusión y penetración ideológico más eficiente por lo que llevó a la pantalla los principios bolcheviques, ya sean como contenidos, la masa obrera protagonista, la historia de la revolución, la lucha de clases, la dialéctica, haciéndolos forma, desde la oposición de elementos, la contradicción, la dialéctica y la confrontación de imágenes originando con esto las formas del montaje que sobreviven hasta hoy, ambos elementos, contenido y forma, se sitúan en las antípodas del cine industrial de EE.UU.

Este clima revolucionario permitió la experimentación en las formas cinematográficas, lo que afectó dramáticamente al cine inmediatamente posterior a la primera década revolucionaria. La vanguardia soviética afectará no sólo al cine, permitirá también el acercamiento de la plástica al cine para agudizar la experimentación visual. En este sentido las fuerzas productivas, creativas, se desarrollan y despliegan con total autonomía a favor del ideario de clase de la URSS.

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