diciembre 5, 2020

364 días de guerra

por: Carla María Ariñez Sanjinés

En medio de invasiones pasadas y presentes, de abusos de superioridad bélica y económica, de injusticias e inequidades, ¿se puede hablar de paz?

En esta semana se celebró en Europa el 70 aniversario de lo que se vino a llamar el Día de la Victoria o fin de la Segunda Guerra Mundial. El gobierno ruso hizo un despliegue impresionante de sus tropas en un desfile y a paso de parada recordaron la victoria contra los alemanes en 1945. Fue mucho más que una simple conmemoración ya que Putin se encargó de que 16 mil enlistados, 200 vehículos blindados, 150 aviones más portaviones y barcos marcaran su presencia aquí y ahora. ¡Ojo estamos hablando de la paz!

Los ingleses encabezados por su Reina, Isabel II, también organizaron desfiles, actos especiales, se iluminaron los edificios londinenses y por la tarde Flechas Rojas y aeroplanos de la Segunda Guerra Mundial volaban sobre el centro de Londres.

Tanta celebración por la paz en Europa me recuerda a Mafalda que se preguntaba si es que el mundo había decidido celebrar un día internacional de la Paz entonces los 364 días restantes eran días de guerra. Muy buena pregunta y es que en medio de invasiones pasadas y presentes, de abusos de superioridad bélica y económica, de injusticias e inequidades es que ¿realmente uno puede hablar de paz?

La Cruz Roja – que nos recuerda con su trabajo incansable y loable la insensatez de la guerra, define la paz no como la ausencia de guerra, sino más bien como un ‘proceso dinámico de cooperación entre los Estados y todos los pueblos, cooperación que debe fundarse en la libertad, la independencia, la soberanía nacional, la igualdad, el respeto de los derechos humanos y en la distribución equitativa de los recursos para atender a las necesidades de los pueblos’.

Es esa paz de la justicia social y del desarrollo humano la que es capaz de cambiar el futuro donde las inequidades y desigualdades dejen de ser el eje del crecimiento de los pueblos y los desfiles las manifestaciones del fin de la guerra.

En ese momento el Palacio de La Paz de la Haya podrá cambiar de sentido y albergar los memoriales de la paz mundial y los conflictos ya resueltos.

Curiosamente Bolivia estuvo también en estos días en el Palacio de la Paz tratando de encarar lo que, el escritor Gabriel García Márquez llamaba embrollos de la paz. Bolivia intenta resolver ‘por las buenas’ un problema creado en el pasado por la fuerza y ‘por las malas’. Pero bueno, ese es otro tema. Volvamos al Palacio de la Paz de la Haya. Fue construido en 1913 y en 1999 se instaló frente a las puertas del Palacio una llama de la paz eterna. Me imagino que el momento que esa llama deje de arder, la paz en el mundo acabará. Más vale que en el Palacio de la paz estén pagando la factura del gas, sino ya saben lo que toca.

Lo curioso sobre esta lumbre es que a partir de 2004 está rodeado por el Sendero de la llama Mundial de la Paz, creado por 197 piedras de los estados y territorios que en aquel año eran reconocidos por la ONU. Recientemente visitando el Palacio de la Paz noté que la piedra de la Argentina ya no está ahí. Ha durado algo más de 10 años. ¿Será que los argentinos nos han afanado la paz? ¿O es que realmente nunca la tuvimos? Pensemos mejor en las 196 piedras restantes y en que la llama siga ardiendo… total 364 días de guerra no son tantos.

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